Entrevista con Alejandro Katz


Alejandro Katz, ensayista, director de Katz Editores
"Me preocupa que el arresto de Milagro Sala sea una reivindicación del poder de las élites"

Fue uno de los doce intelectuales que en diciembre pasado se reunió con Mauricio Macri en Casa de Gobierno. En esta entrevista con el Buenos Aires Herald, pide darle un tiempo más de gracia al gobierno de Cambiemos ya que, sostiene, "acaba de asumir al frente de un Estado muy deteriorado".  Sin embargo, critica la designación de jueces de la Corte Suprema por decreto y la detención de la líder social Milagro Sala.

¿Cómo evaluás el primer mes y medio de gestión de cambiemos?
Para hacer una evaluación exhaustiva deberíamos poder contar con una sucesión de hechos y lo que tenemos hasta ahora son acontecimientos muy puntuales, con lo cual sacar una conclusión sería muy prematuro. Veo un intento intenso por asumir el poder. Veo una cierta vacilación en cuanto al modo en el que la presidencia debe interactuar con otros poderes del país, poderes públicos y fácticos. Tal vez sea parte del aprendizaje del ejercicio del poder, que se quiere hacer intensamente. Veo algunas señales muy claras hacia la sociedad y el exterior, hacia los mercados, hacia los inversores; veo menos señales a los actores sociales. Veo una estrategia de ortodoxia monetaria y heterodoxia fiscal. De hecho, un déficit fiscal de 5,8 puntos sobre el PBI es lo que los ortodoxos no están tolerando.

En tu libro El simulacro (2013) criticaste al kirchnerismo por haber concentrado la riqueza y acumulado el poder político. ¿No es algo parecido a lo que está haciendo el macrismo?
La pregunta clave es: ¿cuando vamos a considerar que termina la transición? La sociedad tiene que pedir una fecha de cierre para que el juicio que emita sobre el gobierno sea el juicio que emita sobre el gobierno, no sobre un gobierno que recién ingresa al poder. Creo que una fecha en la que podemos acordar es el 1° de marzo. Es cercana a los famosos 100 días, es el fin del verano y el inicio del período de sesiones ordinarias (en el Congreso). Me inquieta la incertidumbre de no saber de si el modo de hacer estas cosas es un modo transicional o es un estilo. Me inquieta no saber si el gobierno se enteró que el mejor modo de gobernar del país es el del kirchnerismo. Me inquieta no saber por qué el gobierno decide sostener el déficit en seis puntos del producto y cómo lo va a financiar, de dónde va a sacar obtener los recursos.

La pregunta es si avanzar con medidas por decreto como en el caso de la Corte o la Ley de Medios no es parte de una estrategia consciente del gobierno para pasar ciertas regulaciones importantes sin pasar por el Congreso.
Me es difícil hacer un comentario sobre las intenciones. Sé que el gobierno hizo cosas que no debería haber hecho, no sé si para tomar ventaja o por inexperiencia. Por ahora nada me parece demasiado grave, aunque creo que hubiera sido grave que no retrajera la decisión de nombrar los jueces por decreto.

La marcha atrás no fue completa, porque estos jueces pueden asumir en cualquier momento...
Es una especie de juego de poder: "si ustedes van a bloquear la designación de los jueces, nosotros vamos a nombrarlos por decreto". Es un intento de disciplinar a la oposición, pero no me parece que sea un disparate.

Te llevo a la detención de Milagro Sala.
Me parece un error grave, un error muy grave. Hay información que no tengo para decidir qué tipo de error se cometió – si es por ignorancia, por arrogancia, por necesidad –, pero un error se cometió. Creo que debe haber muy buenas razones para correr jurídicamente a Milagro Sala, pero lo que se hizo no obedeció a ninguna de las buenas razones. Creo que Sala había convertido una organización social en un dispositivo muy complejo de poder con límites seguramente habían traspasado toda frontera de lo legal. Pero justamente, eso exige una investigación en función de las fronteras de legalidad traspasadas y no en función en que el modo en que queremos sancionar a quien las haya traspasado. Me preocupa que esté operando una posición de clase, una reivindicación del poder de las élites sobre los sectores subordinados jujeños. Creo que si algo de esto estuviera presente, sería muy grave. Y creo que la sospecha es posible por el tipo de decisiones tomadas. Si se hubiera actuado con el mayor rigor jurídico, la sospecha hablaría de una suspicacia del enunciador y no sería una ventana de posibilidad. Pero al mismo tiempo, me preocupa un discurso que convierte a las cooperativas en unidades de emprendedorismo laboral, cuando las cooperativas históricamente han convertido la construcción de viviendas en un acto de resistencia vinculado al derecho a la vivienda. La cooperativa es política, y su dimensión política es importante y necesaria en un país terriblemente desigual. Hacer otra cosa es neutralizarlas.

Muchas organizaciones de derechos humanos están preocupadas por las primeras señales del gobierno de Macri en la materia: un encuentro del Secretario de Derechos Humanos con víctimas de la guerrilla, declaraciones de Jaime Durán Barba en contra de la presidente de Abuelas de Plaza de Mayo y una tensa reunión entre el jefe de Gabinete Marcos Peña y representantes de organismos. ¿Qué opinión le merece esto?
La política de derechos humanos del kirchnerismo fue una política muy desencaminada. Lo que se ha hecho bien es lo que dijeron (Graciela) Fernández Meijide o (Beatriz) Sarlo. No sé qué va a hacer el macrismo respecto a las violaciones de los derechos humanos en los ’70, que han sido manipulados en favor del poder, ni en cuanto a las violaciones en el presente -pueblos originarios, trata de personas- que han sido abandonados. Es cierto que Macri no recibió a los organismos de derechos humanos en la Rosada, pero creo que necesitaba mediatizar el contacto para evitar una confrontación. Él no sabía con qué se iba a encontrar en esa reunión, y encontrarse con una situación muy agresiva iba a provocar una ruptura muy difícil de reparar. La reunión con el jefe de gabinete de ministros abre la posibilidad de generar un vínculo. Ambas partes de están midiendo.

Algunos extremistas celebraron la llegada del macrismo al poder. Si el gobierno no avanza con medidas como una amnistía, como promete no hacerlo, ¿no va a hacia un conflicto con estos grupos?
La parte democrática de la sociedad civil ha repudiado la violaciones a los derechos humanos en los setenta que han sido tipificadas como delitos de lesa humanidad. Todo acto de lesa humanidad merece ser juzgado. No creo que haya dudas sobre ello en la sociedad ni en la mayoría de los actores sociales que comparten un piso de amistad cívica sobre el cual nos paramos para construir un país. Si vemos que existen decisiones que permiten que se de marcha atrás con esas decisiones, debemos actuar para evitarlo. Pero todavía no veo indicios en ese sentido.

En diciembre estuviste en Casa de Gobierno en una reunión entre el presidente y una decena de intelectuales. ¿Cómo se organizó el evento?
Recibí una llamada telefónica del Pablo Avelluto, ministro de cultura, diciéndome que quería organizar un encuentro de intelectuales con el presidente, si estaría dispuesto a ir el miércoles siguiente. No sabía ni pregunté quiénes más eran los invitados, pero me encontré con un grupo intachable, todos quienes estaban ahí eran personas de gran traycectoria y probada fe democrática.

¿Qué pasó en la reunión?
Se le pidió a cada uno una breve reflexión para compartir con el presidente, la vicepresidenta, Marcos Peña y Avelluto.

Mario Wainfeld dice que durante la reunión Luis Alberto Romero planteó la idea de una amnistía.
Es cierto que Luis Alberto Romero hizo un comentario sobre ese tema, pero no habló de amnistía. No quiero convertirme en portavoz de Romero, pero él dijo que había situaciones que habían sufriendo acusados por crímenes de lesa humanidad que no se correspondían con lo que el Estado debía hacer con los detenidos. Si mal no recuerdo, se refirió a los detenidos sin condena y mayores de 80 años sin detención domiciliaria. Eso sí. no sé si es una prioridad en este momento...

¿Te definís como alguien de izquierda democrática?
Sí, no lo digo yo, lo dice Horacio González: soy un liberal de izquierda.

Otra referente del área, Beatriz Sarlo, tiene una visión más crítica de estos primeros días de gobierno. ¿Por qué creés?
Bueno, ella es mucho más aguda, así que cualquier cosa que diga seguro será más informada y más inteligente (sonríe). Pero también creo que uno siempre puede construir miradas diferentes sobre un fenómeno y yo estoy tratando de ver las cosas bajo una buena luz. Trato de mantener una mirada crítica, como lo fui con la designación de jueces de la Corte por decreto, pero trato de interpretar que se están tratando de hacer buenas cosas de buen modo. Acaban de asumir al frente de un Estado muy complejo, muy deteriorado.

Una versión en inglés de esta entrevista se publicó en la edición del 7 de febrero de 2016 en el Buenos Aires Herald.

Entrevista a Edison Lanza

El relator de la OEA habla sobre la intervención de AFSCA
"Macri no usó el mecanismo establecido por ley"

por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 26-12-2015

El Relator Especial para la Libertad de Expresión de la OEA, Edison Lanza, dijo ayer que la decisión de Mauricio Macri de intervenir la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) para desplazar de su cargo a Martín Sabbatella es “un camino poco ortodoxo” que ignora el mecanismo adecuado establecido por la Ley de Medios.
En una charla vía Skype con el Herald, Lanza asegura que con la movida Macri busca un organismo “a imagen y semejanza” del partido ganador, lo que parecería indicar el principio del fin de la autonomía de AFSCA y un regreso “al momento en que los gobiernos manejaban la oficina.”

¿Cómo tomó la decisión del gobierno argentino de intervenir AFSCA?
Estamos siguiendo esta situación en la relatoria y en la Comisión Interamericana (de Derechos Humanos). Evidentemente, se hizo sin usar lo que indica la ley, que establecía claramente un mecanismo para la remoción del directorio. Es un camino poco ortodoxo y hoy está cuestionada la legalidad de la decisión. Los estándares internacionales dicen que lo adecuado es tener organismos con autonomía tanto del ejecutivo como de los poderes fácticos, que sean capaces de regular los sistemas de medios de acuerdo a principios de legalidad. Por otra parte, algo en lo que habíamos coincidido todos los relatores de libertad de expresión, de Naciones Unidas y de la OEA, es en que la estructura de AFSCA es uno de los aspectos positivos de la ley. Argentina había establecido por primera vez — fue pionera en la región — un organismo con participación de la oposición, de la sociedad civil, de las ciudades... Eso es un adelanto. Después, claro, siempre es perfectible. Pero los anuncios que van en el sentido de intervenir justamente cuando cambia el gobierno — es decir, cuando el organismo se pone a prueba, cuando cambian la mayorías (legislativas) — para hacerlo a imagen y semejanza de quien gana, bueno, quiere decir que se acabó la autonomia, que se vuelve al momento en que los gobiernos manejaban la oficina.

¿La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión o la CIDH piensa sacar un comunicado al respecto?
Bueno, es un muy mal momento en términos de fechas ya que la comisión está estudiando una cantidad de informes sobre la situacion de cada país — informes que van a salir en enero — y además están cambiando cuatro de nuestros siete comisionados, que el 31 de diciembre cesan en su cargo. Es decir que esto nos agarra en un momento complicado. Nosotros como relatoría tenemos la capacidad de monitorear la situación y pronunciarnos, esto incluye recordar nuestros estándares en la materia.

¿Cómo evalúa el desempeño de Sabbatella al frente de AFSCA durante estos años?
En general la relatoría no hace evaluaciones de desempeños de funcionarios, salvo que violen abiertamente las obligaciones públicas que los Estados tienen para con los instrumentos interamericanos. El Estado argentino, como casi todos los Estados de la región, ha ratificado el tratado interamericano de derechos humanos, que deriva en muchas obligaciones, y nosotros nos fijamos en lo relacionado a la libertad de expresión. Una de las obligaciones, lo ha dicho la Corte (Interamericana), ha sido evitar la concentración de medios a favor de la diversidad. Hemos seguido muy atentamente la aplicación de la ley. Aplicar una ley que pone límites a la concentración de medios tiene su delicadeza, y el Grupo Clarín impugnó algunas de estas decisiones (NB: se refiere a la decisión de avanzar con la adecuación de oficio de Clarín) que terminaron en medidas cautelares, y la justicia está estudiando el tema. No hubo un pronunciamiento definitivo (sobre el desempeño de Sabbatella) porque el tema estaba muy en proceso, sin perjuicio de lo cual en nuestro último informe anual, en 2014, describimos la situación de la implementación de la ley y pusimos nuestras dudas sobre de si Telefójnica de Argentina no tenía nada que ver con Telefónica de España, o de si la aplicación de la ley a Clarín con tanto rigor no tenía que ver con (una decisión de AFSCA de) ponerlo por encima de otras decisiones.

El mes pasado el ministro de Comunicaciones Oscar Aguad sugirió que no había concentración de medios en Argentina. ¿Coincide con esta apreciación?
No. A todas luces, hay un grupo que tiene niveles de concentración muy importantes. Esto es importante: estamos hablando de libertad de expresión, no de una empresa que vende galletitas. Los medios de comunicación son vehiculos para la ibertad de expresión: los monopolios, oligopolios y la concentracion indebida afectan la libertad de expresión. Hay empresas multinacionales que compraron casi todo nuestro mercado de cervezas; sin embargo, vos podés dominar el mercado de la cerveza sin que se vaya la vida institucional. En el caso de la concentración de medios lo que ocurre es una afectación de la democracia, porque ese grupo va a imponer su mirada, va a limitar otras, va a combatir a ciertos gobiernos o criticar a la oposición. Ignorar eso es ignorar toda la doctrina en la materia. Las democracias robustas, como Estados Unidos, ponen límites a la propiedad cruzada de medios. Esto no es ciencia ficción: en Guatemala hay un empresario que tiene cuatro de los seis canals abiertos de difusión. Para ser presidente en Guatemala hay que partir de sus medios y hacer acuerdo con este señor.

Entrevista a Natalia Zuazo

"No hay estadísticas que prueben que las cámaras sirven para bajar el delito"
por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 20-09-2015

Luego de cincuenta entrevistas o más de dos años de trabajo, Natalia Zuazo publicó su primer libro, Guerras de Internet, en las que analiza las luchas de poder detrás de las llamadas nuevas tecnologías.

¿Por qué es importante conocer las relaciones detrás de Internet?
Hay una frase de la investigadora Rebecca Mackinnon que me quedó grabada en la cabeza. Su hipótesis es que entendemos cómo funciona el mundo en la vida real, pero que no entendemos cómo funciona en la vida digital. Dejame darte un ejemplo: si vos conocés dónde trabaja un legislador podés pedirle una audiencia, mandarle una carta, es decir, pedirle una rendición de cuentas. Acá es lo mismo. Porque sino, cada vez que se desata un escándalo tecnológico lo único que aparece es la queja. “Se están quedando con nuestros datos,” dicen. ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Empresas, estados? No todos recoletan nuestros datos por las mismas razones.

¿Por qué te interesó contar la parte más “sucia” de la red, desde caños submarinos a granjas de servidores?
Me gusta derribar mitos. El buen periodista tiene ahí una misión muy importante: deconstruir y ponerse a investigar. Cuando empecé el libro se me ocurrió hacer una encuesta, sin ninguna pretensión de seriedad metodológica. Les pedí a cincuenta personas que me dibujaran internet. La mayor parte de los dibujos reflejaba la idea de que internet era una nube, que estaba en el cielo, igual que lo que dicen las publicidades. Pero si entendés cómo son las redes que te conectan, vas a entender, por ejemplo, quién es el responsable de que internet se te corte. En este caso, alguien que no está invirtiendo en infraestructura para que puedas leer tus mails.

¿Creés que Julian Assange es un hacker o un periodista?
Es un activista político. Ahora bien, Assange o (Edward) Snowden revelan secretos de los grandes poderes, con lo cual su tarea se acerca al de los periodistas. Hoy es el turno de (Barack) Obama, mañana será el de Angela Merkel, pasado mañana es Visa o Citibank. Y eso siempre está bien. Por otra parte, pienso que los periodistas harían un mejor trabajo si dominaran mejor las herramientas tecnológicas o aquellas vinculadas al hacktivismo.

Google se ha convertido en una enorme empresa de publicidad. La mayor parte de su negocio proviene del big data, es decir, de la concentración de grandes volúmenes de información sobre gustos y consumos. ¿Siempre fue así?
Google ingresó en Internet en un momento en el que había mucha información desperdigada, por lo que ingresa como el gran ordenador de la información del mundo. Crea un motor de búsqueda insuperable y se convierte en un insumo básico. Lo que sucedió más adelante es que con ese torrente de información pudieron armar perfiles de usuarios para después vendernos cosas. Pero el negocio de la publicidad tiene un límite.

¿Por qué?
Una gran parte de la población aún no está conectada a Internet. Por ende, el próximo paso de Google es meterse en el negocio de la infraestructura, un negocio que hasta ahora pertenece a las telcos. Toda empresa de publicidad necesita aumentar su base de datos y ellos tienen que conectar a más gente para que más gente use sus servicios.

Es parecido al caso de Facebook con Internet.org: llevar internet a países más desfavorecidos con la idea de que usen sus servicios.
La idea de Mark Zuckerberg es llevar un acceso a lugares donde la gente aún no está conectada, es decir, que aún no consume. Lo que les interesa es construir consumidores. Si para eso tienen que tirar un caño de fibra óptica no hay problema: es una inversión rentable que se amortiza en meses. El problema es que para estas personas, el acceso a Internet es acceso vía Facebook: una visión limitada del mundo.

Parte de la seducción es que los usuarios pueden pensar que el beneficio es inmediato pero el peligro es potencial (y en el largo plazo). Es difícil que una advertencia así encuentre eco.
Ése es el gran problema de la privacidad y de todas las aplicaciones que aceptamos sin siquiera mirar sus términos y condiciones. Son intercambios que hacemos. Estás en Google porque te busca rápido algo, entrás a Amazon porque tenés todos los productos del mundo en un solo lugar... La gente no es estúpida. El tema es dejar de pensar como usuario y empezar a pensar como ciudadano: ser, al menos, mínimamente consciente de esto que está sucediendo.

Es una propuesta compleja, ya que la mayor parte de los usuarios a duras penas saben cómo usar Twitter o Facebook.
Es un paso más allá, soy consciente de eso. A mí como usuaria, me cuesta. En algunos intercambios cedo por un tema de practicidad, y en otros no.

Una estrategia podría ser diversificar las plataformas: usar el buscador de Google, pero con Firefox, o un celular sin GPS activado todo el tiempo...
La sincronización permanente es un riesgo. Te doy un ejemplo: la semana pasada me robaron la computadora. Pero tenía (el sistema operativo) Ubuntu con clave y no tenía todo sincronizado. Por lo que perdí la computadora, pero no perdí todo.

En uno de los capítulos del libro analizás el problema de las cámaras de seguridad. ¿Cómo es esta relación simbiótica entre los gobiernos que instalan estas máquinas y los canales de noticias?
Un asesor de Sergio Massa me dijo: “Yo tengo que estar todos los días en los medios. Si para estar en los medios tengo que entregar una cámara de seguridad atrapando a un chorro, yo lo hago”. Y lo dijo on the record. El material de las cámaras de seguridad es producido con fondos públicos y luego los municipios se lo entregan gratuitamente a los canales de televisión, un negocio que no se discute. Pero hay otro problema mayor vinculado a las cámaras.

¿Cuál?
Que los municipios no tienen estadísticas de delito para antes ni después de las cámaras. Si existieran cifras que prueban que las cámaras sirven para combatir el delito, no me voy a oponer sólo por un tema de privacidad. El problema es que la estadística del delito no existe, por lo que esto se vuelve un problema de fe. Hablamos de un mercado concentrado en tres grandes empresas, la mayor de las cuales pertenece a (Mario) Montoto.

¿Cuál es la diferencia entre todo esto que hablamos y las teorías conspirativas?
Las teorías conspirativas son peligrosas porque son antipolítica. Los paranoicos no creen que la política tenga nada que ver, pero está claro la política es que la define que se adopte o no cierta tecnología, los que aprueban una ley para implementar un sistema biométrico en todos los ciudadanos. Los políticos tienen que tener asesores especializados, así como los tienen en temas complejos como reproducción asistida o hidrocarburos. No puede ser que haya solo tres personas hablando sobre esto. Hay que abrir el debate, por más que esto no le convenga a algunos activistas tecnológicos.

Entrevista publicada en inglés en la contratapa del Buenos Aires Herald del domingo 20 de septiembre de 2015. Enlace

Entrevista a Santiago O'Donnell

"El movimiento de derechos humanos no se va a venir abajo si algunas personas reconocen que no todo lo que se dijo es verdad"

por Federico Poore

Santiago O’Donnell viene de editar dos libros sobre las revelaciones de los cables filtrados por Wikileaks, desmenuzando información que ni Clarín ni Página/12 se animaron a publicar. Su nueva obra, no menos controversial, tal vez alimente su fama de outsider: contar la historia del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el organismo de derechos humanos fundado por Emilio Mignone en 1979 y que hoy preside el periodista Horacio Verbitsky.

Estudiaste durante casi cuatro décadas de historia del CELS. ¿Cuál creés que fue su principal aporte al movimiento de derechos humanos?
Hizo un aporte fundamental. Quizás existan otros grupos más icónicos o más conocidos, como Madres o Abuelas [de Plaza de Mayo], pero en este momento hay cientos de represores presos y en prácticamente todos estos juicios participó el CELS. También en la política de ascensos de militares, la depuración de las cúpulas, la reapertura de los juicios... Los abogados del CELS tuvieron la gran sabiduría de usar el derecho internacional para reabrir los juicios por la verdad en un momento en el que todas las puertas estaban cerradas por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Alfonsín y las leyes de amnistía de Menem. Esto lo terminó usando para otros temas de derechos humanos como el gatillo fácil y el maltrato en las cárceles. Empezando por su fundador, [Emilio] Mignone, destaco la importancia de tomar registro, juntar información y meterla en expedientes judiciales aún cuando parecía que no había manera de moverlos, porque daba la oportunidad de usarla a futuro. Esa estrategia funcionó.

El libro narra los intentos de armar una organización más profesional, con gente formada en los Estados Unidos y una agenda social más amplia. ¿Qué ganó y qué perdió el CELS en esta etapa de profesionalización?
Los noventa fueron el cruce del desierto: el CELS era muy pequeño, tenía muy poca gente y ya se había ido la primera camada de abogados famosos: Luis Zamora, Marcelo Parrilli, Pablo Llonto. Pero siempre fue el sueño de Mignone crear una cosa más profesional ligada a las grandes organizaciones de derechos humanos de los Estados Unidos. En el CELS se produjo una tensión porque había tres fuerzas con agendas distintas. Por un lado, los fundadores: prácticamente todos tenían hijos desaparecidos y su agenda era la de las violaciones a los derechos humanos en los setenta. Luego, los profesionales de los derechos humanos, que tenían militancia social y mayor interés por las muertes de diciembre de 2001 o los temas de torturas en cárceles. Finalmente la agenda internacional, que tiene que ver con que prácticamente todo el financiamiento del CELS viene de Estados Unidos y Europa, y que estos financistas tienen una agenda más vinculada a la abolición de la pena de muerte, el tráfico de personas, es decir, no necesariamente las prioridades que se dan en la Argentina. Estas agendas entran en tensión porque los fondos son limitados y porque los mandatos históricos son fuertes.

La llegada de Horacio Verbitsky le abre más puertas al CELS. Contrariamente a lo que uno puede suponer, este fenómeno comienza con De la Rúa, pero continúa durante la era Kirchner.
Se acrecienta notablemente en el kirchnerismo.

¿Cómo ves esta tensión entre el CELS y los gobiernos kirchneristas?
Una organización de derechos humanos se dedica a tutelar derechos violados por el Estado. Si uno tiene que controlar al Estado, es muy difícil hacerlo desde un lugar de alianza política o de espacio político compartido. La gente que defiende esta política dice “no es que el CELS tomó la agenda de Kirchner sino que Kirchner tomó la agenda del CELS”, lo que produce el inevitable acercamiento, y que cuando han tenido que marcar sus diferencias las han marcado. No estoy tan de acuerdo. Si un gobierno hace lo que yo quiero que haga no es razón para que me haga amigo del gobierno, sino que tengo que seguir exigiendo y estando en el lugar de contralor. Si no pareciera que el gobierno toma mi agenda para ganar mi simpatía o conseguir mi apoyo.

Santiago Cantón, ex secretario de la CIDH, dice que el caso de una organización de derechos humanos a favor del gobierno es “único en el mundo”. ¿Esto es así?
Si vos le preguntás a la gente del CELS, Human Rights Watch está entongada con el gobierno de Obama, pero obviamente las organizaciones de derechos en Gran Bretaña o Estados Unidos van a estar más cerca de gobiernos laboristas o democratas. Así y todo, no he conocido una organización de derechos humanos con el nivel de cercanía que le he visto al CELS con el gobierno argentino. Me parece que hay otra contradicción que va más allá: los derechos humanos son derechos liberales, pero acá en Argentina parecería que son patrimonio de la izquierda, cuando ni Fidel Castro, ni Stalin ni Mao se han destacado por la defensa de los derechos humanos. Habrán defendido derechos sociales y tendrán otros méritos, pero la de los derechos humanos no es precisamente la agenda de la izquierda a nivel mundial. Este tema de querer tener más contemplaciones con el “gobiernos populares” también genera complicaciones. No se puede estar medio embarazado: o violás los derechos humanos o no los violás. Por otra parte, se han creado muchos mitos sobre los derechos humanos en la Argentina que 39 años después del golpe uno puede empezar a revisar.

¿Cómo cuáles?
Hablar de una manera más humana sobre los actores de esa historia. Más allá de que nadie cuestiona la brutalidad y la barbaridad de la represión militar, y festeja y celebra los juicios a los violadores de derechos humanos, parece una legítima pregunta si los guerrilleros también violaron derechos humanos. Después mencionamos, por ejemplo, las historias sobre la supuesta inocencia o no-participación en la guerrilla de algunos desaparecidos emblemáticos.

En el libro explicás que en la década del ochenta se desarrolla una visión "angelical" de los desaparecidos porque era la mirada que la sociedad podía tolerar en aquel momento. El kirchnerismo repolitizó a estos personajes, diciendo que habían luchado por sus ideales. ¿Cuál vendría a ser la nueva vuelta de tuerca que proponés?
Que son humanos, que mataron gente. Que mataron civiles inocentes, que muchos de ellos fueron egoístas con sus famlias. Que aplaudieron muertes de civiles. Que tuvieron una responsabilidad histórica en la violencia de los 70. Es decir, nunca vamos a justificar lo que hizo la Triple A, que fue terrible, pero es una verdad histórica que Perón creó a la Triple A para combatir a una guerrilla que actuaba contra gobiernos democráticos. Cuando hay apoyo de un gobierno extranjero también puede haber crímenes de lesa humanidad y el apoyo de Cuba a Montoneros es público y conocido. Humaizar a estar personas, bajarlas un poco del lugar de héroes-absolutos-contra-terribles-villanos sin entrar en la teoría de los dos demonios, reconociendo que es infinitamente peor lo que hicieron los militares que secuestraron gente y se robaron nietos. Pero hay cosas que me parece importante aclarar. El ERP nunca tuvo como objetivos a civiles. Montoneros nunca torturó. El ERP sí torturó. Son matices. Me parece que 35 años después, tener una mirada más realista es un aporte al movimiento de derechos humanos.

Hay dos cuestiones parecen hacerte ruido sobre la figura de Verbitsky. La primera, que nunca que haya reconocido su rol en los setenta ni “pedido perdón” por ese papel. A partir de la investigación, ¿hay algún hecho puntual por el cuál entendés que tiene que pedir perdón?
Yo le pregunté directamente en qué hechos armados había participado y no me quiso contestar. Creo que ya estamos en un momento donde podemos revisar el mito de que Verbitsky en Montoneros lo único que hacía era revisar recortes de diarios, escribir comunicados o cuestionar a la conducción nacional. Esto no quita que tal vez haya sido el periodista que más hizo por terminar con la impunidad de los militares: hizo un enorme aporte al periodismo, al movimiento de derechos humanos y a la historia argentina. Pero a veces pareciera como si al mirar con realismo determinadas cosas se viniera abajo todo el mito de los derechos humanos. Algunas personas temen que si reconocen que no todo lo que se dijo es verdad se va a venir abajo todo el movimiento, pero me parece que es al revés.

Hay una crítica más “institucional” que le hacés a Verbitsky: que cuando uno lee sus columnas no se sabe si son columnas suyas o del CELS.
Esto creo que nos pasa a todos, incluida la gente del CELS. El único que dice que lo tiene claro es Horacio. Después, a nivel periodístico... Si yo tengo una participación en algo, por un conflicto de interés, es justamente el tema sobre el cual no escribo. Cuando él critica algún aspecto del gobierno desde Página/12 parece que no está criticando al gobierno sino jugando a la interna. Tiene algunas cuestiones con ciertos personajes — [Adolfo] Pérez Esquivel, [Hebe de] Bonafini, [Estela] Carlotto que no necesariamente se trasladan al CELS. Él es tan visible, tan notorio que a veces opaca al CELS. A veces el CELS no recibe todos los reconocimientos que merece porque todos los focos van a Horacio, y a veces es al revés: él CELS tiene demasiado reconocimiento gracias a Horacio.

En el libro sostenés que la relación del CELS con el kirchnerismo parece haber afectado su mirada en al menos dos temas: la situación de los qom y el nombramiento de Milani.
Hay muchos más (risas). En el caso de los qom, el gobierno quería que ellos levantaran el acampe [en la 9 de Julio]. La Cámpora, y en especial [Andrés “Cuervo”] Larroque, se encargaron de que los deseos del gobierno fueran cumplidos. El CELS tuvo un rol en el levantamiento del acampe — en convencer a los qom que se vayan. Es cierto que el CELS trabajó en Chaco con los qom y no los abandonó ni antes ni después del acampe, pero no menos cierto es que en ese momento ayudó al gobierno con un “asesoramiento” que, por lo menos al cacique Félix Díaz y a algunos críticos como Nora Cortiñas o Roberto Gargarella, no les pareció el que favorecía a los qom sino más bien al gobierno, que quería echarlos al menor costo posible. El tema Milani es interesante por muchas razones. Es difícil entender por qué Cristina [Kirchner] sostuvo durante tanto tiempo y le aumentó el presupuesto a un comandante en jefe que proviene del área de inteligencia. Por otro lado, Milani aparecía comprometido en por los menos dos casos de desapariciones. Al principio, el CELS dijo que no encontró nada en sus archivos — y no tengo motivos para dudar de esto — y, de algún modo, avalaron su ascenso. Después aparecieron denuncias periodísticas que le hicieron reveer la situación. Cuando encuentra documentos que comprometen a Milani, el CELS llama a una reunión con otros organismos donde deciden llevarle el tema a Cristina Kirchner. Piden una reunión, y la presidenta hace pasar a todos los organismos salvo a Verbitsky, mientras convence a las Abuelas y a las Madres de que Milani era un buen tipo y que merecía seguir en el gobierno. El CELS decide mandar una carta personal a Cristina y recién cuando ella no contesta hacen públicas sus objeciones en una nota de Página/12 que firma Verbitsky al lado de una entrevista de Página/12 [firmada por Raúl Kollman] donde Milani se defiende. Por esa fecha sale el comunicado del CELS. Lo interesante es que ellos nunca cuestionaron por qué Cristina lo sostuvo — al costo de alienar al CELS y a organismos de todo el país — o por qué le aumentó el presupuesto cuando cabría sospechar qué servicios le prestaba Milani a la presidenta. La línea de Verbitsky y [del secretario ejecutivo Gastón] Chiller es “si hubiera habido alguna prueba de que él hacía espionaje interno, por supuesto que presentaríamos una denuncia”. Mi punto es que a veces el CELS se dedica a investigar, a buscar información, y otras veces elige no ir a fondo. Todas estas decisiones son políticas.

¿Cómo está hoy la relación entre el CELS y Cristina?
La mayor parte de la gente que trabaja ahí es cercana a Cristina. La gente no tan cercana al gobierno ha tomado distancia de la conducción. Eso sí: el CELS no es como Madres o Abuelas que no se pierden la ocasión de estar en el palco para aprobar prácticamente todo lo que dice Cristina.

¿Cómo esperás que sea la relación del CELS con Scioli en caso de que se convierta en el próximo presidente?
Pareciera que Horacio, así como ha tenido una buena relación con Néstor y Cristina, ya acomodó los patos con Scioli. Lo ha criticado muchísimo a Scioli, pero hace poco sacó un recuadro diciendo que lo consultaba en temas de derechos humanos y que todos los que habían dicho que él y Scioli estaban peleados eran unos mentirosos. Seguramente no va a ser lo mismo que va a ser con Kirchner, pero evidentemente la influencia y el poder de Horacio siguen vigentes.

En toda esta charla sobrevoló la tensión entre la influencia y la independencia que puede, o debe, tener un organismo de derechos humanos. ¿Creés que el CELS que el ser puede ser más independiente y a la vez mantener su influencia?
Está claro que podés ser más independiente, pero vas a pagar un precio. ¿Qué significa influencia? ¿Acceso a la Casa Rosada? Si sos crítico te van a cortar el acceso, como ocurrió cuando criticaron a Milani. Pero me parece que si toman una posición crítica de este y cualquier otro gobierno, el prestigio y la influencia del organismo, lejos de disminuir, aumenta. Es muy tentadora la idea de tener la influencia que tuvo el CELS. Santiago Felgueras, un tipo que fue muy crítico del acercamiento del CELS al gobierno, decía: nosotros durante el menemismo estuvimos diez años para lograr modificar un artículo de una ley, y acá en el gobierno de Kirchner lograron, en seis meses, un montón de leyes. En el libro trato de mostrar y que cada uno saque sus conclusiones. Pero si me preguntás a mí, creo que no es sano para un organismo de derechos humanos tener el nivel de cercanía que el CELS tiene con este gobierno. Antes me preguntabas si era inédito: esto pasó en Perú durante el gobierno de [Valentín] Paniagua, que durante el post-fujimorismo convocó a muchos de los activistas de derechos humanosque habían peleado contra el gobierno de Fujimori, lo que generó un gran debate. Hicieron un aporte muy importante, avanzaron con una comisión de la verdad, metieron preso a Fujimori, pero en el largo plazo no benefició a los organismos en Perú, que hoy están siendo muy cuestionados por el gobierno de [Ollanta] Humala. Hay que mantenerse en el lugar de contralor, exigir lo que uno pide, y no “premiar” a los gobiernos que cumplen sino tratar de mantener una posición profesional.

El título del libro es Derechos Humanos (R), lo que da la impresión de sugerir que el CELS se “apropió” de esta agenda. ¿Es una crítica que hacés o fue más bien una decisión editorial?
El título no lo elegí yo, pero me gustó. No tiene que ver con apropiarse sino con inventar, con crear un lenguaje, una iconografía, una narrativa, una historia. En Argentina hay muchos discursos fascistas dando vueltas — los había, sobre todo, en la época de Alfonsín, cuando los militares eran muy fuertes — por lo que me parece importante que el CELS haya creado un discurso sobre los derechos humanos para competir con otros discursos reaccionarios. Pero cuando se exacerba al punto del desborde, cuando se pone más allá de la crítica, cuando una institución adquiere mucho poder, lógicamente es bueno que se la someta [a crítica], que sea interpelada y que conozca algunos límites. Si no, termina tapando un debate que todavía no está saldado en Argentina.

Crédito de la foto: Diego Kovacic
Una versión de esta entrevista se publicó en la contratapa del Buenos Aires Herald el 16 de agosto de 2015.

Entrevista a Martín Sivak

'Clarín sobrevivió, pero eso no es ganar la guerra'
por Federico Poore

Con Clarín: la era Magnetto, el segundo volumen de la exhaustiva historia del diario, el periodista Martín Sivak cierra un trabajo de siete años. El libro, riguroso y bien documentado, es más que bienvenido en un momento en el cual la relación entre los medios y la clase política es a menudo discutida de modo superficial.

El libro cubre la historia del diario, de la Guerra de Malvinas hasta la primera presidencia de Kirchner. Durante esta etapa, sostenés, el diario se moderniza y gana influencia. ¿Cómo se da este proceso?
La modernización periodística del diario no está tan ligada a la necesidad de aumentar ventas. Desde que se van los frigeristas en adelante tiene lugar una disputa en la redacción. A diferencia de Magnetto, [Marcos] Cytrynblum entendía que el éxito comercial implicaba que el diario no necesitaba grandes aggiornamientos. Durante toda la década del ochenta, Magnetto ve la necesidad de expandirse (y a partir de este conflicto sordo), se va dando la decisión de modernizar el diario, proceso que comienza con la legalización de Radio Mitre. La renovación del diario incluye la incorporación de temas como derechos humanos, que antes no estaban tan presentes. Eso hace que Clarín tenga, desde mediados de los noventa, un récord de ventas, un prestigio y una influencia que nunca más tuvo.

La renovación en Clarín tiene lugar antes que La Nación, que ocurre –me parece– más a mediados de la década del 2000.
Claro. En la década del ochenta hay un arrevistamiento de todos los diarios. Clarín, como siempre, llega un poco tarde. Tiene un gran impacto, además, la salida de Página/12, un diario con otro lenguage, con otros temas. Como respuesta sale el suplemento Segunda Sección para sacarle lectores. Hay un límite: que Clarín no podía ir tan de punta contra el gobierno de Menem. Clarín actúa con estrategias defensivas. ¿Por qué sacó Olé? No quería que Atlántida sacara un diario deportivo. ¿Por qué entra a Página/12? No quería que un jugador mayor lo comprara. Pero no hay un consejo de notables que dice “vamos a cambiar el diario”, tiene más que ver con un estilo muy agresivo que es parte de la cultura de tres accionistas: Magnetto, [Lucio] Pagliaro, [José] Aranda. Por eso todos los empresarios de medios tienen una relación tan complicada con el grupo.

¿Creés que el diario fue más agresivo con Alfonsín que Alfonsín con el diario?
Alfonsín respondió en tres casos extremos. El caso [de Enrique] Pescarmona, a quien Clarín dio por muerto; la entrevista a [Raúl] Guglielminetti, que bordeaba la extorsión; y el famoso discurso del mercado de Flores donde discute el modo en que Clarín cubrió las últimas noticias sobre desempleo. Pero para no idealizar su figura hay que señalar que Alfonsín estaba muy cómodo con la supremacía de los medios estatales, que manejaban las distintas líneas internas de su partido. Al mismo tiempo veía una actitud muy hostil de Clarín, vinculada a la fijación de Magnetto con la derogación del Artículo 45 [de la vieja Ley de Radiodifusión que le impedía a los dueños de un diario tener también medios audiovisuales]. Sin embargo, le permitió a Clarín desembarcar en Radio Mitre en la primavera del ‘85, tras intentar meter a la Coordinadora. Es decir que tuvo una política con muchos matices. Es cierto que mantuvo las formalidades –se veía con los principales columnistas políticos– y rechazó los planes de guerra que le acercaron distintos funcionarios para contestar con más énfasis lo que se publicaba en el diario. Alfonsín eligió una salida a la italiana: “no voy a privatizar a los canales, voy a un modelo mixto donde la política controla los canales del Estado”. Pero no hubo un pacto secreto entre Menem y Magnetto para privatizar los canales: todos los principales candidatos en el ’89 estaban a favor de la privatización. Menem ingenuamente pensó que la privatización iba a garantizar el acompañamiento [a su gobierno], de ahí la decepción en el ’92-’93 cuando Clarín no responde de acuerdo a sus expectativas. Y hay momentos de conflicto: hasta el propio Menem amagó con una Ley de Medios anti-trust en el ’93, impulsó la expansión del [conglomerado] CEI.

En los primeros años de la era Menem también se destaca el apoyo que el diario diario le da a los indultos. Pero ese apoyo, decís, no es una devolución de favores por Canal 13.
En la década del ochenta, Clarín no publica editoriales sobre temas militares. Eran críticos del Juicio a las Juntas y no lo dijeron. No defendieron enfáticamente al gobierno de Alfonsín durante el levantamiento de Semana Santa y no lo pusieron en una editorial. El primero es para apoyar los indultos. Magnetto sostiene que los indultos fue una de las mejores decisiones de Menem, que los hubiera apoyados sin Canal 13. No existe una cosa tan explícita de “dame y te doy apoyo” sino se da por sutilezas, sugerencias y tensiones. El mejor ejemplo es [Eduardo] Bauzá: era el conciliador pero financió una novelita de un ex periodista de Clarín para develar secretos ocultos del grupo.

Sin embargo, algunas decisiones parecen estar muy ancladas en lo material. De la Rúa, según contás, disfrutó del mayor período de gracia jamás otorgado a un presidente por un motivo económico: el sostenmiento de la convertibilidad.
Lo que sucede con De la Rúa es que por ese momento, ser antimenemista le permitía al diario ganar prestigio, influencia y reconocimiento. En ese momento, además, había una hegemonía de la izquierda cultural: Raúl Zaffaroni, Horacio González, Horacio Tarcus tenían una presencia muy fuerte. Y es cierto: Clarín impulsa al gobierno de la Alianza porque tenía una deuda en dólares muy grande –por lo que del ’99 al 2007 se da un período de oficialismo permanente– pero también porque elige convertirse en un sostén de la gobernabilidad.

A propósito de esta idea de que el diario en aquel momento era culturalmente de izquierda, Clarín argumenta “nosotros no cambiamos, fue el gobierno el que cambió”. Sin embargo hoy, culturalmente, es más conservador.
Es un muy buen punto. En ese momento escribían Ernesto Laclau, Rafael Bielsa... pero al calor del conflicto [con el kirchnerismo] el diario se hizo más conservador y hasta anti-populista. Para que te des una idea, el gobierno usa el concepto “populismo” en todo el mes previo al golpe militar [de 1976]; luego deja de usarlo y el término sólo vuelve, con énfasis, como respuesta al kirchnerismo. Otro tema: Clarín era un diario muy diverso, que le ofrecía muchos matices a su público. Esto se fue perdiendo con el periodismo de guerra. Me parece notable como el conflicto lo fue llevando a ser un diario mucho más enojado. Clarín no era un diario enojado. Esto también fue teniendo lugar al calor de los ataques y del hostigamiento [del gobierno], que no fue solo empresarial, porque el conflicto también afecto a muchos profesionales. Kirchner, al igualar a Magnetto con los redactores en varios de sus discursos hizo exactamente lo opuesto a lo que hizo Perón, que con el estatuto del periodista quiso ganarse las simpatías de los trabajadores dándoles más beneficios.

Sergio Massa también lo atacó a Fernando Amato diciendo que lo había mandado Szpolski. Una marca de la época: identificar al laburante con el medio para el cual trabaja.
Kirchner insistía con el “te mando tal o cual”... Cualquiera que trabajó en una redacción sabe que esas cosas pueden pasar, pero también que son muy infrecuentes y que las personas que lo hacen son fácilmente identificables.

Un mito que derribás es Clarín como lobbista devaluador. En 2002 Clarín necesitaba, en todo caso, una pesificación asimétrica.
[El ex ministro de Economía Roberto] Lavagna sostiene que Clarín pidió un seguro de cambio, es decir, que el Estado absorba parte de su deuda, algo en lo que Clarín no estuvo solo: según Lavagna y [el ex ministro de Economía] Remes [Lenicov] muchísimos empresarios lo pidieron. Por otro lado, la pesificación asimétrica resolvía el problema de Techint, pero no tanto el de Clarín, la movida resolvió el 10 por ciento de su deuda. El problema mayor fue la deuda afuera, fruto de la “cultura Pac-Man” de Magnetto de comprar y endeudarse durante la década del noventa.

A partir de tu riguroso trabajo historiográfico hay un mito popular que sí confirmás: que Clarín no cubrió los cacerolazos en 2002.
En enero de 2002, Clarín va de la mano de todo el sistema político: recuerdo que los políticos estaban aterrados por las asambleas y los escraches. A las asambleas las trataron como un fenómeno externo, alguna nota en el suplemento Zona que lo mostraba casi como un pasatiempo de la clase media. La consecuencia del oficialismo con el gobierno de Duhalde fue la famosa tapa “La crisis causó dos nuevas muertes”, una de las más desafortunadas de todo el período. Pero no es Magnetto digitando: es la lógica del diario.

No haber visto la secuencia completa de las fotos [del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán] parece más la consecuencia de malas rutinas de producción que de una conspiración de cúpulas.
Por supuesto, la participación de Magnetto en el día a día del diario está sobredimensionada. Te doy un ejemplo: en enero de 2015, la semana después de la muerte de [Alberto] Nisman, entrevisté a Magnetto y de las tres de la tarde a las ocho de la noche no habló con nadie. El CEO tiene delegados que saben lo que quiere el diario.

Néstor Kirchner, como Menem, se propuso inicialmente seducir al diario con favores, pero en la presidencia de Cristina Kirchner (como en la segunda de Menem) las relaciones con el diario cambiaron violentamente. ¿Coincidís con esta lectura?
En el caso de Kirchner me parece que este cambio es mucho más marcado, sobre todo la idea de Cristina de gobernar contra Clarín. Por otro lado la interacción de Kirchner desde hacer lobby para que un determinado redactor lo acompañe en un viaje hasta los temas grandes con Magnetto refleja una obsesión de Kirchner.

Como lector, ¿cuál dirías que fue el mejor y el peor año de Clarín bajo la dirección de Magnetto?
El mejor tiempo de Clarín fue el ’94, ’95, ’96. El peor el del ’82, por la manera en la que acompañó Malvinas y por la transición forzosa que hizo sin explicar los siete años previos. Es muy chocante. Sin ser de izquierda, La Prensa y el Buenos Aires Herald tuvieron otros modos de relacionarse con el régimen militar. Clarín optó por uno. El argumento de Cytrynblum – de que La Prensa y el Herald tenían audiencias chicas y por ende más margen – me parece muy pobre. El Clarín del ’82 es un Clarín muy tramposo.

¿Crees que Clarín ganó la guerra contra el gobierno?
No, para nada. Lo primero que quedó claro es que el objetivo del gobierno no fue la desconcentración del mercado de medios: hoy tenemos un mercado que sigue siendo concentrado, con una “democratización de las voces” que no ha ocurrido más allá de la retórica y algunas radios comunitarias. Lo central de la política de medios fue atacar la credibilidad del Grupo Clarín y afectarlo económicamente. Eso se dio con total éxito. Ahora bien, a pesar de que el gobierno volcó todos sus esfuerzos en contra del grupo, obligó a empresas a que no pauten en sus medios, toda una serie de cosas que son completamente ilegales, Clarín sobrevivió: mantiene sus audiencias, gana dinero con el cable. Sigue siendo rentable económicamente, sí. Pero no diría que eso es “ganar”.

Crédito de la foto: Mariano Fuchila
Una versión de esta entrevista se publicó en la contratapa del Buenos Aires Herald el 26 de julio de 2015. 

Generational divide evident in votes

A closer look at the results shows clear cut transfer of votes toward Lousteau from Recalde

por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 21-07-2015

The division — or “chasm,” as many like to call it — between Kirchnerites and anti-Kirchnerites is well known. But Sunday’s mayoral runoff elections in the City showed how the generational divide among porteños could be just as strong.

A close analysis of the results reveals a clear difference between the preferences of younger and older City residents, revealing that several diverse neighbourhoods are not quite as uniform as the inital results had suggested.

Although the first results that were revealed yesterday were divided by communes, subsequent analyses by politologist Andrés Tow revealed subtle yet major differences between neighbourhoods, especially in communes where elected-mayor Horacio Rodríguez Larreta appeared to receive the most votes.

The most striking case is Commune 1, a multi-class area home to neighbourhoods as varied as Puerto Madero, Constitución or Retiro where Rodríguez Larreta mustered 55.32 percent of valid votes.

In Retiro, for instance, there is a major divide that is clearly marked by Del Libertador Avenue. In the so-called Electoral Circuit No. 8, which comprises the expensive blocks surrounding Plaza San Martín, Mauricio Macri’s Cabinet chief received a landslide 66 percent against Lousteau’s 34 percent.

But across Del Libertador Avenue, the picture changes entirely: in Electoral Circuit No. 5, which includes thousands of people who live in the Villa 31 shantytown, the ECO leader easily beat Rodríguez Larreta with 58.8 percent of the vote to 41.2 percent.

Tow says the reason is likely grounded in all those voters who switched preferences from Victory Front (FpV) mayoral hopeful Mariano Recalde — who failed to make it through to the runoff — to Lousteau, based on the fact that on July 5, the Kirchnerite contender received a striking 51.2 percent of votes at polling stations set up around the City’s most impoverished neighbourhood.

“There was a significant transfer of votes from Recalde to Lousteau,” Tow told the Herald. “It’s a simple mathematical equation: Lousteau went from 25 to 48 percent of votes — a 23-point increase that cannot be explained with only leftist votes.”

The political scientist pointed out two relevant facts. One: Recalde did not explicitly call on voters to back Lousteau’s bid for City Hall after the July 5 elections. Two: Lousteau pulled off his best performances “in the circuits where the FpV had fared reasonably well in the previous election.”

Lousteau also won communes 3, 5 and 15, where leftist parties had performed best in previous elections, despite the fact that Workers’ Leftist Front (FIT) candidate Myriam Bregman and Self-Determination and Freedom (AyL) leader Luis Zamora had called on residents to cast a blank vote. In those communes, Lousteau mustered an average 27 percent more of votes than two weeks ago.

Tow’s conclusion? “People are not paying that much attention to political leaders when they go and cast their ballot.”

Younger appeal

A similar phenomenon was seen in Palermo, a big commune where the PRO won after receiving 58.75 percent of all valid votes.

Rodríguez Larreta managed an easy win in the high-income neighbourhoods surrounding the Botanical Garden, the Malba museum and the area where most embassies are located. In Electoral Circuit No. 150, home to the Parque Tres de Febrero (commonly known as the Palermo Woods) Macri’s protegé received almost 78 percent of the votes.

But a few blocks down the road, in the more trendy areas known as Palermo Hollywood and Palermo Soho, Lousteau was the one who received the most votes. In these two regions plus Colegiales — home to a part of BA’s audiovisual district — the ECO candidate, a regular columnist in Radio Metro, defeated Rodríguez Larreta by almost 10 percentage points.

Pollster Analía del Franco, who worked for Recalde in this year’s local election, said that Lousteau’s “bohemian, trangressive looks” certainly helped him to win the preferences of the younger age brackets, unlike Rodríguez Larreta “an older man who is more linked to the City’s day-to-day administration.”

The transfer of Kirchnerite votes to the former economy minister “certainly rejuvenated Lousteau,” she said.

In previous electoral rounds, the ECO contender had received the most votes from the 30-to-49 age bracket. But many young Kirchnerite voters apparently decided to back Lousteau this time around.

“It’s like the French say, in the first round you vote what you like, in the second you vote what you believe is best for you,” the pollster told the Herald.

Political scientist María Esperanza Casullo appears to agree with that theory, but adds a new factor to the mix — Lousteau’s solid performance in the southern areas of BA.

“If we analyze the components of the runoff vote we’ll see a certain degree of insatisfaction among southern citizens with the way the Macri administration is running the City,” Casullo told the Herald. “That’s an interesting fact because the PRO appeared to be armoured against any criticism in that sense.”

According to Casullo, one of the editors of the Artepolítica news website, this might be a call to attention for the centre-right political force, who after years of easy elections had found itself winning last Sunday’s electoral race by only three points.

“Now it seems the chickens are coming home to roost,” Casullo said, in perfect English.

Lousteau wins 9 out of 15 communes

ECO contender sees boost in the south as PRO relies on wealthier neighbourhoods

by Federico Poore
Buenos Aires Herald, 20-07-2015

The second round of voting in Buenos Aires City offered very different results to that of the April 26 and July 5 elections. The most striking contrast? For the first time this year, PRO candidate Horacio Rodríguez Larreta failed to win each and every one of the City’s communes.

In fact, ECO mayoral hopeful Martín Lousteau won a majority in nine of the 15 communes — but Rodríguez Larreta swayed the election in his favour thanks to the upper- and upper-middle-class neighbourhoods of Palermo, Núñez, Belgrano, Colegiales and Recoleta.

Larreta: winning Palermo was half the victory

Once again, it was no surprise to see Mauricio Macri’s Cabinet chief take first place in the affluent northern neighbourhoods.

In Recoleta, a record 65.5 percent of citizens voted for the PRO contender, a 6.4-point increase from July 5. Figures for the ruling party were also high in Núñez, Belgrano and Colegiales (59.5 percent of total ballots, a six-point hike when compared to the first round) and Palermo (58.8 percent, also a six-point increase).

It’s difficult to overestimate the electoral importance of this neighbourhood: the 22,300 winning margin the PRO contender received over his contender in Palermo contributed to more than 40 percent of the final margin of victory.

The centre-right force also received a majority in Commune 1, a district that shows multi-class demographics and comprises the Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat and Constitución neighbourhoods. There, Rodríguez Larreta received 55.3 percent of the vote, almost seven percent more than in the first round.

All in all, the so-called “north corridor” emerged as Macri’s electoral bastion.

Unsurprisingly, citizens casting a blank vote, another key factor behind Rodríguez Larreta’s slim victory, were more numerous in communes 3, 5 and 15, where leftist parties had performed best in previous elections. Days ago, Self-Determination and Freedom (AyL) leader Luis Zamora and Workers’ Leftist Front (FIT) contender Myriam Bregman called on BA City inhabitants to cast a blank vote since they believed both candidates represent “the same interests.”

Kirchnerite candidates were more careful. Following his third-place finish in the first round, Recalde told his supporters they were “free to choose” Macri’s successor at City Hall. But his running-mate Leandro Santoro revealed he would not vote for Rodríguez Larreta and former mayoral hopeful Aníbal Ibarra (who lost to Recalde in the April primaries) openly endorsed Lousteau’s bid ahead of yesterday’s elections.

A total 89,444 blank votes were cast, against 33,870 seen on July 5 — a huge rise.

Lousteau: a dramatic increase in votes

Lousteau, for his part, ended up winning most districts, an outstanding rise in votes in just two weeks.

Once again, the ECO candidate performed strongest in the middle-class areas of the City, picking up 51.52 percent in Caballito (up from 29.4 percent on July 5), a middle-/upper-middle-class neighbourhood located in the heart of the City, and winning the western Communes 10 (from 53.6 percent) and 11 (51.6 percent), areas traditionally loyal to the Radical (UCR) party.

In Commune 15, which groups together progressive hubs such as Villa Crespo, La Paternal, Chacarita, Parque Chas, Agronomía and Villa Ortúzar, Lousteau scored a record-high 54.4 percent.

In Commune 5 (Almagro and Boedo), where leftist candidates put in a good performance in the previous rounds of voting, the ECO leader saw a 27-percent increase in votes, jumping to 54.1 percent.

But the most striking results were seen in the southern neighbourhoods, especially Communes 3 and 8. Only two weeks ago, Lousteau had finished third in those two districts, trailing behind Victory Front (FpV) candidate Mariano Recalde. Yesterday, he received a majority of votes in those areas.

Commune 8, home to the poorer neighbourhoods of Villa Soldati, Villa Lugano and Villa Riachuelo, was the strongest example. There, Lousteau went from 19.2 percent of the vote on July 5 (his worst performance) to win the district by 35 votes yesterday.

In the run-up to the election, many analysts said they believed votes from the southern neighbourhoods were likely to go to PRO, since Macri’s party was well-represented by a number of Peronist figures, from Rodríguez Larreta to his running-mate Diego Santilli to City legislator Cristian Ritondo.

Interestingly enough, the PRO party also lost in Commune 9 by a six-point margin. This southern area includes Liniers, Parque Avellaneda and Mataderos — Ritondo’s electoral and political bastion.