Entrevista a Sergio Olguín


SERGIO OLGUÍN, escritor
(Buenos Aires, 1967)

Libro favorito: Si una noche de invierno un viajero, de Ítalo Calvino
Rutina informativa: “Empiezo leyendo Twitter y notas linkeadas por periodistas respetables. Luego Página/12, algo de Clarín y algo de Olé.”
Película favorita: Kaos, de Paolo y Vittorio Taviani

por Federico Poore



La cita es en el centenario Bar de Cao, en San Cristóbal.

En No hay amores felices, tu nueva novela, una periodista desnuda una red de dinero, corrupción y poder. ¿Hay en la novela, acaso, una versión más idealizada del periodismo que te tocó vivir?
Absolutamente. Verónica Rosenthal es una romántica con respecto al periodismo. Es como somos todos los periodistas cuando empezamos a trabajar, en nuestro primer año profesional, cuando creemos que con el periodismo podemos cambiar la realidad, influir de manera honesta. Los que trabajamos en periodismo vamos cambiando a medida que vemos que existen las presiones empresariales, políticas... Verónica se mueve mucho más libre. Es cierto que ella no hace periodismo político —hace Policiales—, pero también es cierto que ese vínculo policial termina en lo político. Hay un vínculo muy fuerte entre lo político y lo policial en mis tres novelas. Pero sí es un personaje idealista, tanto por su actitud como por cómo creo yo que debería ser el periodismo.

En la presentación de Betibú, de Claudia Piñeyro —otra novela con una periodista de protagonista— dijiste que el policial es el género por excelencia en la Argentina. ¿Es una estrategia consciente la de usar el policial para entrarle lateralmente a la cuestión política?
Es una excusa para entrarle a la realidad. El policial es la mejor forma de entrar a la literatura realista, un género bastante traqueteado que uno suele asociar con el realismo socialista, una literatura vinculada a lo social de una manera más remarcada. El policial toma más distancia pero permite hacer una literatura donde lo real se cuela por todas partes, y eso lleva a lo político.

Del caso María Soledad al accidente de Once (que, a propósito, tiene sus puntos de contacto con La fragilidad de los cuerpos) pasando por el asesinato de Cabezas, en Argentina lo político es policial casi de manera literal.
Es muy difícil desprender lo policial de lo que sucede en la sociedad. El primer hito en ese sentido fue el policial norteamericano de las décadas del ‘30 y del ‘40 que fundó un género, la novela negra. Todos somos hijos de la novela negra norteamericana, lo que pasa es que en Argentina esto tiene características especiales. En los policiales en cualquier parte del mundo, la novela termina cuando llega la policía, mientras que en Argentina comienza cuando llega la policía (risas). Eso le da características propias muy fuertes. También hay un riesgo: querer tomar posición con respecto a un hecho de la realidad por medio de la ficción ficción, porque terminás poniendo una narrativa al servicio de una tesis y eso siempre es malo para la literatura. El resultado de poner tu arte al servicio de una tesis política en general es malo, salvo que seas un genio como Picasso que puede pintar el Guernica. Siempre hay que tener en cuenta que estás escribiendo una ficción y no que estás contando la realidad tal cual es.

¿Por qué pensaste a Verónica Ronsenthal como heroína mujer?
Por un montón de razones. Tenía ganas de escribir una novela con una mujer protagonista y contar la vida de una mujer. Quería un personaje femenino que se comportara como un hombre en las novelas policiales: investigadores que se emborrachan, que se acuestan con todas las personas con las que se encuentran, que pueden llegarse a agarrarse a trompadas en cualquier momento, que no dan explicaciones a nadie... En suma, quería reunir las características masculinas del género en un personaje femenino. Pero al mismo tiempo, siempre me resultó muy divertido el universo femenino, por lo que otra cosa que quise fue que el personaje tuviera ese costado en el resto de su vida. Me pareció divertido, por ejemplo, narrar las discusiones con ella misma y con sus amigas alrededor de lo femenino y de cómo ser mujer. La suma de estos dos universos termina dando un personaje muy especial, rico en matices.

¿Reconocés influencias del policial nórdico? Pienso en novelas, pero también en series, como Bron/Broen.
No tanto en cuanto al tema de la protagonista femenina, que es previo a otras protagonistas femeninas — una es Saga Norén, que la amo — pero sí reconozco mi deuda con una serie de novelas de Liza Marklund, una autora sueca que es exitosa en el mundo y que acá pasó inadvertida. En varios de sus trabajos aparece el personaje de Annika Bengtzon, que también es periodista, y ese personaje me gustó mucho. Sí creo que la lectura de Henning Mankell y de Stieg Larsson y de otros autores suecos me influyó a la hora de ponerme a escribir este tipo de policial. A mí lo que me gusta del personaje de Mankell es que evoluciona. (Kurt) Wallander no es igual en la primera novela que en la última: va envejeciendo, su padre también, su hija crece... hay una evolución de ese personaje y es un poco lo que quiero hacer con las diez novelas que quiero hacer con Verónica.

¿Dónde rastreás el fenómeno de las mujeres heroínas? Por citar el ejemplo del cine, antes una película como Alien de Ridley Scott era la excepción, pero hoy las mujeres son protagonistas en todos lados, hasta en Mad Max.
Siempre han habido mujeres protagonistas — soy un gran admirador de la Mujer Maravilla y la Agente 99 — pero hoy tienen un lugar más protagónico en cuanto a las decisiones que toman, algo que por ahí antes estaba más limitado. Y en ese sentido, la narrativa argentina ha sido más lenta que en otros lugares. Ha habido una tradición machista muy fuerte, y no solo en Argentina, y ahí está el ejemplo de un escritor como Juan Carlos Onetti, un escritor absolutamente machista. Eso hoy me hace mucho ruido. Y eso no es porque yo cambié: cambié la sociedad.

¿De dónde sacás ideas para tus novelas?
Todo me influye, desde lo que leo en ficción (no tengo problemas en admitir a quién le plagio) hasta la realidad cotidiana. Todo escritor tiene un componente autobiográfico muy fuerte. Me divertí mucho en No hay amores felices por una cosa que le ocurre a Verónica en la novela hace que se tenga que mudar de Villa Crespo acá, a este barrio (San Cristóbal). Después, soy muy atento a los gestos de la gente, hasta cómo ponen la taza de café. Vivo robando, soy una especie de vampiro que le consume todo lo que puedo a los amigos y a la familia. Son una buena fuente de inspiración.

Esa forma de canibalizar comparte cosas con el periodismo, ¿no? Uno siempre está atento a ver qué puede robar para la producción propia.
En el caso de la ficción, esto viene de los estudios históricos de la vida cotidiana, algo que también se trasladó al periodismo. Hoy no hace falta contar la historia de un presidente: podés contar la vida de un mozo de un bar y ganar un Pulitzer haciendo eso — si lo hacés bien. Hay un interés por lo cotidiano, donde desde hace varias décadas la historia y la noticia diaria tienen más que ver con lo íntimo, con lo personal, con personajes comunes y corrientes.

Una vez que decidiste escribir una novela, ¿cómo es tu proceso productivo?
Siempre tengo una idea de un argumento, un personaje o varios, y algún episodio concreto. Después trato de encontrar un comienzo. ¿Dónde comienza esa historia, qué es lo que voy a contar, desde dónde voy a empezar a contar? Y ahí me largo a escribir. En general no tengo un final armado hasta la mitad de la novela; recién ahí me doy cuenta hacia dónde estoy yendo. Dicho esto, la historia de mi nueva novela tenía ganas de hacerla desde 1989. Quería escribir una historia, no sabía cómo, y recién la retomé ahora porque me di cuenta cómo empezaba, cómo terminaba, quiénes eran los personajes, cómo tenían que reaccionar. Se me ocurrió todo de golpe y escribí todo de corrido en dos meses sabiendo qué iba a pasar en cada momento. Pero eso no me ocurrió casi nunca.

Te autoimponés deadlines. ¿Te funciona ese método o alguna vez incumpliste tu meta?
Necesito deadlines por una cuestión periodística. Cuando comienzo una novela me preocupa escribir todos los días, aumentando los caracteres diarios. Y me pongo una fecha de finalización aproximada, de una primera versión. Una vez que empiezo la primera versión me relajo un poco más.

¿Qué evaluación hacés del actual momento político y económico en Argentina?
Era mucho más optimista cuando estaba por asumir Macri. No porque me gustara —de hecho no lo voté— pero pensé que el macrismo no iba a ser tan salvaje. Creí que iba a ser más respetuoso de sus propias banderas sobre la instituciones y la república; que iba a ser un gobierno liberal, pero que se iba a mantener en un momento respetuoso en cuanto a otras cuestiones, algo que no ha ocurrido. Es un gobierno salvaje, con un nivel de violencia y todo tipo de irregularidades que van más allá de las medidas económicas que toma. Pensé que al menos iban a tomar algún tipo de medida demagógica superficial, pero no: todas las medidas que se tomaron desde un primer momento fueron para beneficiar al sector más concentrado de la economía, y le hicieron caer todo el costo del ajuste sobre los sectores más desfavorecidos.

¿Cómo se ve al gobierno de Macri desde el mundo de la cultura?
Las políticas del macrismo para el sector está vinculado a lo que hace en el resto de las áreas. Los despidos en el área de Cultura siguen el patrón del resto de los despidos en el sector público: indiscriminados, sin importar los trabajos que desarrollaban sus empleados, o por motivos políticos. Relacionan militancia opositora con ser ñoqui, cuando son cosas distintas. En el campo de la cultura se vienen tiempos difíciles. La presencia del Estado en la cultura es fundamental, y en este sentido este gobierno viene mal.

Una versión en inglés de esta entrevista se publicó en la edición del 10 de abril de 2016 en el Buenos Aires Herald.

Entrevista con Lino Barañao


por Federico Poore

El ministro de Ciencia y Tecnología Lino Barañao es el único funcionario de primer nivel que sobrevivió al recambio de gobierno, y las huellas de aquella transición son visibles en los pasillos del ministerio ubicado en el barrio de Palermo. Antes de ingresar a su despacho, una foto sorprende al visitante: un grupo de científicos llevando una bandera que apoya el desarrollo de una "ciencia nacional y popular". Minutos después, ya en su oficina, otra fotografía de distinto tenor, más formal cuelga en una de las paredes: es un retrato del presidente Mauricio Macri.

Mañana se cumplen cuatro meses del gobierno de Macri. ¿Qué cambios tuvieron lugar en el área?
Nosotros veníamos con mucho impulso, por lo que lo que hicimos fue subir gente a un tren en marcha sin alterar el ritmo de trabajo. Hubo incorporaciones en el sector político, del PRO y el radicalismo, que entró por gente que decidió no seguir en esta gestión por estar más comprometida con la otra administración. Pero todo lo que es asignaciones de fondos sigue estando a cargo de la misma gente. Lo que sí se nota es que hay un más énfasis mucho más grande en el trabajo en equipo. Para empezar, hay reuniones de Gabinete. Antes me juntaba con mis colegas en los actos, en la previa al discurso arreglaba todo lo que tenía que arreglar con las otras áreas. Tenemos que mostrar avances mensuales y hay un mayor control presupuestario. Esta administración tiene como una de sus prioridades reducir el déficit fiscal y eso implica que todos debemos mostrar claramente por qué necesitamos la plata que estamos pidiendo. Nosotros tenemos un entrenamiento con esto por nuestro trabajo con organismos multilaterales de crédito.

¿Qué diferencia hay entre Mauricio Macri y Cristina?
Macri es una persona que viene de la empresa y pone mucho énfasis en ese tipo de cuestiones: qué es lo que vas a hacer, cuánto va a salir, qué resultados puedo esperar de esto. Cristina tenía un interés personal en la ciencia, es una persona que disfruta entendiendo cosas, y yo me relacionaba con ella a través de eso. La relación con Macri es muy formal, de respeto mutuo; la relación con Cristina era más pasional: nos peleábamos mucho, después nos amigábamos, pero a ella le interesaba lo que hacía y cada vez que le llevábamos un Premio Nobel hacía preguntas pertinentes. El énfasis de cada uno está en cosas distintas. Ahora hay una gestión más gerencial.

La inversión en Ciencia y Tecnología actualmente es del 0,62% del PBI. Una de las promesas de campaña de Cambiemos fue llevarlo al 1,5%. ¿Qué plazos se propone el gobierno para cumplir con esta meta?
Nuestra meta era llegar al menos al 1% que es lo que destinan los países desarrollados, pero ahí hay una trampa. Los países llegan a gastar el 1% cuando llegan a desarrollar un sector productivo que demanda tecnología. Si vos ves países como Alemania, tienen el doble del presupuesto pero repartido entre el Estado y las empresas. Si no tenés equipos de investigación en el sector privado, nunca van a demandar conocimiento del sector público. A mí no me sirve de nada tener el doble de investigadores del Conicet si no hay investigadores en las empesas que convenzan a los dueños de que necesitan determinado conocimiento. Eso se lo que va a cambiar el perfil productivo del país. Es una discusión que tengo con amigos y colegas científicos, que me dicen que está bien hacer ciencia y tener más becarios per se. Y no, no está bueno por sí mismo: depende lo que hagan. Ese argumento resulta de extrapolar un modelo propio del hemisferio norte, donde vos podés hacer lo que quieras porque sabés que hay un sector productivo que va a captar ese conocimiento y transformarlo en riqueza. En países como Argentina, eso no ocurre. Si no enfocamos adecuadamente el tema científico, va a pasar lo que pasa siempre: producimos conocimiento que se aprovecha de arriba. Tenemos que trabajar para reducir la brecha que nos separa de los países desarrollados.

¿Y cómo se hace eso?
Primero, que los científicos que vienen de universidades públicas sean conscientes que alguien le pagó la carrera universitaria. Hay una deuda, que no es financiera –como tienen los graduados chilenos– sino ética. No puedo decir “soy un biólogo excelente, puedo hacer lo que quiera que eso va a ser bueno”. No es así. El país tiene necesidades concretas. Uno tiene que pensar: ¿para qué puede servir lo que estoy haciendo?. Se habla mucho de la responsabilidad social empresaria, pero ¿qué pasa con la responsabilidad social del investigador? Desde la creación misma del ministerio dije que necesitábamos tipos involucrados por la realidad social. Ese es el tipo de ciencia que tenemos que hacer en Argentina: ciencia básica inspirada en el uso.

El presupuesto 2016 para el área es de $9.600 millones de pesos. ¿Se ajustó por inflación?
Se ajustó porque hubo una jerarquización del sueldo de los investigadores. La medida estaba dando vueltas hace dos años pero (el Ministerio de) Economía estaba remiso, Axel Kicillof no quería dar el aumento. Finalmente se empezó a pagar en noviembre, son 460 millones de pesos que tuvimos que incorporarlo en el presupuesto. Así que cuando nos preguntaron en qué podíamos economizar, yo dije “bueno, en verdad tenemos que aumentar un poco...” (risas). El programa de gastos de ajustó un poco, postergamos algunas cosas para que no impacten tanto en el primer semestre. Pero nos habilitaron para recibir US$750 millones del BID y US$47 millones más del Banco Mundial. Nuestra cartera de financiamiento está bien diversificada. Lo que vamos a tener es una readecuación.

En algún momento mencionó el tema de las publicaciones de argentinos en revistas internacionales como medida del éxito en la gestión. ¿Cómo se incrementó o no en estos años?
Tenemos un reporte que demuestra que ese nivel de incrementó de manera proporcional al aumento del presupuesto. Es decir, al tener más investigadores tenemos más trabajos publicados. Pero hay un dato más importante: aumentó la proporción de trabajos publicados en el top 1% de calidad. El dato más llamativo es cómo aumentó el número de publicaciones de argentinos en las revistas científicas más prestigiosas y cuántos de ellos son tapa de esas revistas. Hace unos años vino al país un agregado de ciencia del Reino Unido a ver cómo podía establecer vínculos acá, cuando todavía las relaciones no eran amigables, y lo que transmitió fue un estudio que decía que las relaciones de cooperación entre ingleses y argentinos daban mejores resultados que la cooperación entre ingleses y americanos. Los noruegos llegaron a la misma conclusión: que los trabajos con argentinos dan trabajos de mejor jerarquía. Pero ese es un sólo parámetro: no podemos juzgar a los investigadores sólo por lo que publican.

¿Qué otras formas existen para evaluarlos?
Hemos creado un sistema alternativo, complementario de evaluación: un Banco de Proyectos de Desarrollo Tecnológico y Social (PDTS). La idea es que los científicos puedan dedicar la mitad de su tiempo a la investigación y la otra mitad a, no sé, tratar de encontrar una bacteria que produzca un plástico biodegradable para tal empresa. Antes  eso no se evaluaba, ahora sí. La empresa –o una cooperativa– puede decir: sí, eso sirve. Necesitamos empezar a valorar esta contribución social. Una investigadora china que trabajaba en Alemania una vez me dijo: los investigadores chinos tienen que ser evaluados por el SCI y el SCI. Yo dije “se confudió, me dijo dos veces lo mismo”. Pero no:  lo que quiso decir es que los científicos deben ser evaluados por el Science Citation Index y por el Social Contribution Index. Antes el investigador era un paria, decía: “hago lo que me gusta porque total me pagan dos mangos, que no me vengan a decir lo que tengo que hacer.” Ahora se les paga mejor, no van a lavar los platos –algunos tienen lavavajillas– y la contracara es que tienen que justificar qué es lo que están haciendo.



RECUADRO
Nuestro hombre en Nueva York

La semana pasada estuvo en misión oficial en Estados Unidos.
Tuve varios eventos. El primero fue una entrevista con las autoridades de la Wildlife Conservation Society, estuve visitando el zoológico del Bronx, emblemático en cuanto a su un rol de conservación más que de exhibición de animales. Es un tema de interés del país porque tenemos una discusión sobre el rol del zoológico de Buenos Aires. Los zoológicos deben ser un lugar de conservación de la vida silvestre en los ecosistemas naturales y no un lugar de exhibición de animales que no están en su hábitat natural. Así que con la Wildlife Conservation Society tenemos una serie de proyectos vinculados a biodiversidad. Queremos empezar a formar profesionales en el tema conservación. El punto aquí es que la naturaleza no se va a recuperar por sí misma: ya no basta con que el ser humano se retire, ya tenemos que participar activamente para conservar. Hemos avanzado de manera tal que en muchos casos los cambios son irreversibles a menos que se tomen medidas concretas. Asistí también a una conferencia de Gustavo Stolovitzky, un investigador argentino trabajando en IBM, que está trabajando en una nueva manera de producir conocimiento, el crowdsourcing.

¿De qué manera funciona ese modelo?
A diferencia del modelo tradicional, del investigador individual, lo que podemos hacer ahora es poner una enorme cantidad de datos disponibles, formular una pregunta y que sean múltiples grupos los que interactúen entre sí para lograr una respuesta. Lo que se logra con esto es acelerar los tiempos. El caso que presentaron es el de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), donde lograron un algoritmo (una manera de interpretar la información) para llegar a resolver el problema en mucho menor tiempo.

Una versión en inglés de esta entrevista se publicó en la edición del 9 de abril de 2016 en el Buenos Aires Herald.

Investigación: Macri recibió $3 millones de contratistas del Estado para su campaña electoral



La ley de financiamiento prohíbe que empresas concesionarias de gobiernos aporten a candidatos. Sin embargo, el Presidente recibió donaciones de integrantes de compañías, muchos de ellos con altos cargos jerárquicos, operatoria que según la Cámara Nacional Electoral busca evadir las prohibiciones legales. Si se suman los aportes de gerentes de empresas sin vínculos actuales con el Estado, la cifra alcanza los $ 5 millones. Al menos dos personas negaron haber hecho los aportes.


por Matías Di Santi y Federico Poore 
Chequeado, 10-04-2016


Si hay algo en lo que coinciden todos los especialistas en financiamiento político es en que el dinero que mueven las campañas “en negro” en la Argentina es mucho mayor a lo declarado oficialmente. Sin embargo, las elecciones de 2015 revelan un fenómeno aún más llamativo: que ni siquiera cierran las cuentas “en blanco” que los partidos dicen haber gastado.

Casi tres millones de pesos que el presidente, Mauricio Macri, recibió de aportes privados para financiar su campaña para las elecciones primarias y las generales provienen de gerentes y empleados de empresas contratistas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y gobiernos provinciales, algo que entra en conflicto con la ley que prohíbe este tipo de donaciones incluso fuera del período de campaña.

Al menos 33 integrantes de agencias de publicidad; 20 miembros de empresas de seguridad privada; siete empleados ligados con una constructora y cuatro gerentes de una empresa de higiene urbana, todas ellas con vínculos con la gestión porteña o contratos con provincias, como la de Córdoba, aportaron $2,7 millones para que Macri llegara a la Casa Rosada. Dos de las personas consultadas negaron haber hecho el aporte a título personal, y se lo adjudican a la empresa para la cual trabajan.

El artículo 15 de la Ley de Financiamiento de Partidos Políticos es muy categórico y restrictivo: prohíbe que las alianzas políticas reciban “contribuciones o donaciones de empresas concesionarias de servicios u obras públicas de la Nación, las provincias, los municipios o la Ciudad de Buenos Aires”. Dentro del período electoral, además, el artículo 44 bis de la misma norma extiende dicha prohibición a todo tipo de empresas.

En este sentido, cuando se incluyen los aportes de personas con altos cargos directivos vinculados con empresas que actualmente no son concesionarias de gobiernos, como la portuaria Marítima Heinlein SA, el holding dedicado a realizar inversiones financieras vinculado con el Grupo Román Puerto Asís Argentina SA o la petrolera china Sinopec Inc., el monto recibido por la fórmula Mauricio Macri-Gabriela Michetti alcanza al menos los cinco millones de pesos. La campaña “negra” o de fondos no declarados tiene montos mucho más grandes y es una historia aparte.

De acuerdo con la jurisprudencia de la Cámara Nacional Electoral (CNE) y los expertos en la materia, estas maniobras chocan con los límites de la ley, que prohíbe que las personas jurídicas -en especial las concesionarias o contratistas- aporten dinero para la campaña de un candidato. Si bien las compañías mencionadas no figuran directamente como aportantes (algo prohibido desde 2009, cuando se reformó la ley electoral), la CNE advirtió en un fallo de 2014 que es probable que este tipo de donaciones de directivos de una misma empresa escondan un aporte empresarial encubierto.

Hasta el momento, y a pesar de las pruebas aportadas por el Cuerpo de Auditores de la Nación en diferentes casos, ningún juez o fiscal federal avanzó en forma significativa en la investigación de partidos o candidatos por este tipo de irregularidades. Las sanciones tomaron casi siempre la forma de multas, ya que otro tipo de castigo, como la prohibición de presentarse como candidato a una nueva elección establecida en el artículos 63 de la ley, fue luego rechazada por la Justicia por la manera en la que el juez de primera instancia llevó a cabo la investigación (fallo “Sobisch”).

Chequeado consultó a los responsables económicos de los informes financieros de Cambiemos para las elecciones PASO y las generales, quienes según la ley deben responder ante la Justicia por irregularidades en los informes presentados. En el primer caso, se trata de dos jubiladas, Stella Maris Sandoval y María Armanda Inza. Inza también figura como segunda responsable económica del informe de las elecciones generales. Este sitio informó que quería conocer su versión sobre el material a publicar, pero familiares de ambas dijeron que no iban a hablar por encontrarse “con problemas de salud” o “estar de viaje”.

Marcos Agustín Chiappe, primer responsable económico del PRO en las PASO y empleado del Instituto de Juego de Apuestas de la Ciudad de Buenos Aires, no atendió los llamados de este sitio.

Quien sí contestó fue la flamante interventora del PRO en la provincia de Buenos Aires, María Luisa Fernanda Inza, familiar de María Inza y subsecretaria técnica de la Secretaría Legal y Técnica de Presidencia de la Nación, bajo la órbita del secretario Pablo Clusellas. “Son aportes de todo tipo de donantes, personas físicas, donde seguramente habrá empleados públicos, empleados del sector privado, profesionales liberales, gerentes, etcétera, en las condiciones que habilita la ley, y sin superar los límites establecidos por la misma”, sostuvo.

“Todo lo que se hizo es legal, y lo hicimos en blanco. Esto es mucho más transparente que hacer aportes en negro o mentirosos”, explicó a Chequeado José Torello, apoderado nacional del PRO y amigo personal de Macri, quien insistió además en que todas las personas llamadas por la Justicia en las elecciones anteriores ratificaron haber puesto la plata que dicen haber donado.

El apoderado del PRO dijo que hicieron una cena de recaudación de fondos en la que recibieron aportes de miles de personas. “Reconozco que es un proceso engorroso, pero es la única manera de no ser truchos, y nosotros tratamos de ser lo menos trucho posible”, aseguró.

Respecto de las personas que negaron ante este sitio haber puesto plata de su bolsillo y sobre la posibilidad de que muchos otros aportes que figuran como individuales sean realmente de fondos de empresas contratistas, Torello agregó: “La ley es muy trucha. Nosotros hicimos todo bien. Si a mí me pasan los nombres, CUIT y demás datos de personas diciéndome cuánto había aportado cada una y eso no era cierto sino que eran aportes de empresas, yo no tenía forma de detectarlo. Dentro de las limitaciones de la ley hicimos lo mejor que pudimos”.

Precisiones de los aportes

Según reconstruyó este sitio tras analizar uno por uno los 849 nombres de los donantes que figuran en el informe financiero que hoy estudia el Cuerpo de Auditores de la Cámara Nacional Electoral, en las PASO Macri declaró haber recibido más de dos millones de pesos en efectivo de integrantes de empresas de los siguientes rubros:

   - Seguridad privada: la fórmula Macri-Michetti declara $875.000 de personas vinculadas con Briefing Security-Impes UTE (unión transitoria de empresas), Murata SA, Verini Security SA y Yusion SRL, empresas de seguridad que desde 2011 se reparten el negocio de la custodia de los edificios públicos porteños. De los veinte empleados que figuran como aportantes, se destacan ocho de Briefing Security-Impes, todos ellos con altos cargos directivos, que aportaron $320.000. Allí están Alejandro Pablo Starzenski (gerente comercial, $50.000), Mónica Mabel González (administradora, $50.000), Juan Manuel Butler (director técnico, $50.000), Sebastián Eduardo Pérez (administrador, $50.000), Eduardo Manuel Butler (socio director y padre de Juan Manuel, $30.000), Valeriano Horacio Huerta (gerente, $30.000), Carlos Enrique Elicetche (socio director, $30.000) y Graciela Beatriz Ezquerro (administradora habilitada, $30.000). Consultado por Chequeado, Carlos Elicetche confirmó que efectivamente hizo el aporte y que la acción fue coordinada con otros directores de la empresa.

En tanto, siete representantes de la empresa Murata pusieron $295.000, incluyendo una cifra de $95.000 de Brenda Erika Osso. También dice haber colaborado con $95.000 Miguel Ángel González Re, empleado de Yusion, quien junto con otros seis integrantes de esa compañía de seguridad privada sumaron $185.000 para la campaña del PRO (cuyo nombre electoral fue “El Camino del Cambio), que por entonces competía con la Coalición Cívica y la UCR en la interna de Cambiemos.

   - Publicidad: Los empresarios mendocinos Adrián Dalla Torre, Jorge Reale y Roberto Fernando Reale aportaron $285.000 para la campaña Macri-Michetti. Son socios en Reale-Dalla Torre Consultores, empresa que creó “la imagen y la marca de la Policía Metropolitana”, según detalla su sitio web; además, distribuyeron parte de la pauta publicitaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El año pasado, una radio de La Pampa, FM del Sol, denunció haber recibido $ 33 mil en diez meses en concepto de pauta por parte de Reale-Dalla Torre Consultores, a pesar de que en la web del Gobierno porteño figuraba con más de $63 mil (ver nota y denuncia). Otros representantes de empresas vinculadas con Reale-Dalla Torre, como RDT Media SRL y La Usina Digital SRL, también declararon haber donado a la campaña.

Entre los aportantes también se destacan varios gerentes de la empresa Publicidad Sarmiento, ganadora de la licitación del mobiliario urbano porteño, incluyendo nombres como el de Oscar Contreras (gerente de Operaciones), Raúl Menéndez (jefe de Locaciones) y Santiago Terranova (socio director), todos ellos con $50.000 cada uno. Consultado por Chequeado, Raúl Menéndez negó haber puesto plata para la campaña. “Yo no aporté nada”, dijo. “Ellos [la empresa] me han puesto a mí, no por mí sino porque soy apoderado de Publicidad Sarmiento”. Otra de las personas empleadas en Publicidad Sarmiento, que pidió el anonimato por miedo a represalias, confirmó que tampoco hizo el aporte que figura en el informe financiero de campaña. “¡Yo no aporté! La que aportó para la campaña, como miles de otras, es la empresa para la que trabajo”, le dijo a este sitio.

María Terranova, socia en la agencia mendocina de publicidad OTI SA, y su hermano Orlando “Orly” Terranova -corredor de rally y ex candidato PRO- también figuran en el listado. Por último, Dardo Lucero, socio gerente de Praxis SRL (empresa que produjo el controversial spot de Darío Giustozzi durante el Mundial 2014, que el entonces intendente intentó hacerle pagar al Municipio de Almirante Brown) aparece con una contribución de $95.000. En total, las agencias de publicidad pusieron más de un millón de pesos para la campaña macrista en las PASO.

   - Higiene urbana: cuatro empleados de la firma cordobesa Oscar Scorza Equipos y Servicios SRL, más conocida como Econovo, pusieron $180.000 para la fórmula Macri-Michetti. La suma incluye $50.000 de Fabricio Filoni, su gerente general. Econovo fue contratada en su momento por la empresa estatal Córdoba Recicla Sociedad del Estado (CRESE) para la provisión de camiones de recolección de residuos, negocio que continuó con Lusa y Cotreco, las dos empresas que operan el servicio en la ciudad de Córdoba. Econovo es, además, la productora de camiones de residuos de carga lateral para el mercado porteño.

Estos tres grupos de aportantes suman $2.145.000 y representan el 10% del total de las donaciones privadas que Macri recibió en las elecciones primarias.

Ya sin contratos con gobiernos que se hayan podido encontrar, seis integrantes de la empresa de comercio exterior Marítima Heinlein, incluyendo su vicepresidente Pedro Luis Kelly y su director suplente José Alberto Servidio, aportaron $265.000 pesos para la campaña del PRO.

Por otra parte, un análisis de los 132 donantes del informe de las elecciones generales que aportaron más de $50.000, revela que Ivana Karina Román -hija del reconocido empresario portuario y de transporte de grúas Alfredo Alberto Román y presidenta de Puerto Asís Argentina SA, una de las tres principales empresas del Grupo Román (ver Recuadro II)- aportó $1,5 millones para la campaña de la alianza Cambiemos (que incluyó, además del PRO, a la Unión Cívica Radical y a la Coalición Cívica, entre otros partidos). También donaron a la campaña del Presidente altos directivos de la empresa de alimentos Main Process SA (Raúl Fernández de Benedetti, director comercial, $100.000); de servicios inmobiliarios OBRE SA (Roberto Fernández, presidente, $100.000); de depósitos Depos Unos SA (Eduardo Casabal, presidente, $95.000); y de la petrolera china Sinopec (José Esteves, gerente de asuntos corporativos, $90.000).

Además, en la lista se incluyen al menos $505.000 de siete integrantes de EVA SA, una empresa constructora que en noviembre de 2015 ganó una licitación del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño para la operación y el mantenimiento de una planta de tratamiento de restos de poda y de una planta de residuos orgánicos.

“Está clarísimo que hay un conflicto de interés”, dijo a Chequeado Pablo Secchi, director ejecutivo de la ONG Poder Ciudadano. “Son empleados de empresas y seguramente es la empresa la que esté poniendo ese dinero. Por lo tanto, se está violando el espíritu de la normativa”, enfatizó.

En este sentido, la titular del Programa de Instituciones Políticas del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), María Page, agregó: “En muchos aspectos, la ley vigente genera incentivos para subdeclarar o encubrir ingresos”.

Qué dice la Cámara Nacional Electoral

El argumento de Secchi es respaldado por los jueces de la Cámara Nacional Electoral, que en la causa “Partido Justicialista – s/presentación informes arts. 54 y 58 ley 26.215 – elecciones legislativas 28-06-09” sentaron jurisprudencia en un caso similar.

Para las elecciones legislativas de 2009, la alianza PJ-Unión por Córdoba liderada por José Manuel de la Sota declaró donaciones por $30.000 de Aldo Benito Roggio (integrante de Benito Roggio e Hijos SA, Aguas Cordobesas SA y Metrovías, entre otras compañías) y aportes por $20.000 de Mario Buttigliengo, titular de la constructora Boetto y Buttigliengo SA, adjudicataria del sistema de concesión por peaje de la ruta nacional 36. También declaró haber recibido $20.000 de Carlos Alberto Bergoglio, director de relaciones institucionales de Electroingeniería SA, la firma del empresario kirchnerista Gerardo Ferreyra, proveedora de herramientas y personal para la construcción de la Central Nuclear Atucha II.

Luego de recibir el informe del auditor, el fiscal federal Enrique Senestrari sostuvo que no sancionar al partido implicaría dar por válido “el simple artilugio de hacer aparecer que integrantes de las distintas empresas, sociedades y asociaciones interesadas declaren hacer las donaciones en carácter personal para que no se configuren las prohibiciones previstas por el art. 15, que expresamente dispone: ‘…los partidos políticos no podrán aceptar o recibir, directa o indirectamente…’, evadiendo de esa forma la finalidad que tuvieron los legisladores al dictar normas que buscan la democratización, la transparencia y la equidad electoral”.

Los jueces Alberto Dalla Via y Rodolfo Munné apoyaron el dictamen y pidieron al juez federal de primera instancia con competencia electoral en Córdoba, Ricardo Bustos Fierro, analizar “las particulares circunstancias de cada caso”, como por ejemplo “la jerarquía y las facultades que [los aportantes] poseían en las empresas o asociaciones al momento de efectuar el aporte”. En otras palabras: no es lo mismo la donación individual, aislada, del empleado de una empresa que el aporte sistemático de gerentes y directivos, “personas con indudable influencia en la toma de decisiones de la organización”.

La Cámara Nacional Electoral concluyó que en casos como estos resulta indispensable que “se evalúe el tipo de vinculación que el donante tiene con la persona jurídica y otros elementos que permitan descartar o tener por configurado un aporte prohibido”.

Falta de apoyo

¿Tiene recursos el Cuerpo de Auditores de la Nación para esta minuciosa lectura de balances de gastos de todos los partidos del país? No. En 2002, la Cámara Nacional Electoral solicitó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) “la provisión de los medios necesarios” para poder contar con “un plantel de al menos 15 contadores públicos nacionales” y tener así un mejor control sobre el origen y destino de los fondos de los partidos políticos (ver Acordada).

Sin embargo, las partidas presupuestarias necesarias para concretar el pedido jamás fueron aprobadas, por lo que seis años más tarde, en una nueva Acordada, el tono del reclamo fue otro. “Esta Cámara ha agotado ya todas las vías -formales y oficiosas- para expresarle a las autoridades competentes la necesidad de fortalecer la composición del Cuerpo de Auditores Contadores que de ella depende”, dijeron los jueces Santiago Corcuera, Munné y Dalla Vía.

El Cuerpo de Auditores -que el año pasado recibió 3.727 informes financieros– funciona en el tercer piso de la sede de la Cámara Nacional Electoral, sobre la avenida Leandro Alem, a metros de la Casa Rosada. A la fecha cuenta con apenas siete auditores contadores y un coordinador.


Además:

- Lo que hay que saber sobre la investigación de los fondos que recibió Macri para su campaña

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- Aportantes que no cierran: tres funcionarios de ARBA pidieron a la Justicia salir del listado de donantes de Scioli 

Una versión de esta investigación se publicó en la edición del diario Perfil del 10 de abril de 2016.

Entrevista con Alejandro Katz


Alejandro Katz, ensayista, director de Katz Editores
"Me preocupa que el arresto de Milagro Sala sea una reivindicación del poder de las élites"

Fue uno de los doce intelectuales que en diciembre pasado se reunió con Mauricio Macri en Casa de Gobierno. En esta entrevista con el Buenos Aires Herald, pide darle un tiempo más de gracia al gobierno de Cambiemos ya que, sostiene, "acaba de asumir al frente de un Estado muy deteriorado".  Sin embargo, critica la designación de jueces de la Corte Suprema por decreto y la detención de la líder social Milagro Sala.

¿Cómo evaluás el primer mes y medio de gestión de cambiemos?
Para hacer una evaluación exhaustiva deberíamos poder contar con una sucesión de hechos y lo que tenemos hasta ahora son acontecimientos muy puntuales, con lo cual sacar una conclusión sería muy prematuro. Veo un intento intenso por asumir el poder. Veo una cierta vacilación en cuanto al modo en el que la presidencia debe interactuar con otros poderes del país, poderes públicos y fácticos. Tal vez sea parte del aprendizaje del ejercicio del poder, que se quiere hacer intensamente. Veo algunas señales muy claras hacia la sociedad y el exterior, hacia los mercados, hacia los inversores; veo menos señales a los actores sociales. Veo una estrategia de ortodoxia monetaria y heterodoxia fiscal. De hecho, un déficit fiscal de 5,8 puntos sobre el PBI es lo que los ortodoxos no están tolerando.

En tu libro El simulacro (2013) criticaste al kirchnerismo por haber concentrado la riqueza y acumulado el poder político. ¿No es algo parecido a lo que está haciendo el macrismo?
La pregunta clave es: ¿cuando vamos a considerar que termina la transición? La sociedad tiene que pedir una fecha de cierre para que el juicio que emita sobre el gobierno sea el juicio que emita sobre el gobierno, no sobre un gobierno que recién ingresa al poder. Creo que una fecha en la que podemos acordar es el 1° de marzo. Es cercana a los famosos 100 días, es el fin del verano y el inicio del período de sesiones ordinarias (en el Congreso). Me inquieta la incertidumbre de no saber de si el modo de hacer estas cosas es un modo transicional o es un estilo. Me inquieta no saber si el gobierno se enteró que el mejor modo de gobernar del país es el del kirchnerismo. Me inquieta no saber por qué el gobierno decide sostener el déficit en seis puntos del producto y cómo lo va a financiar, de dónde va a sacar obtener los recursos.

La pregunta es si avanzar con medidas por decreto como en el caso de la Corte o la Ley de Medios no es parte de una estrategia consciente del gobierno para pasar ciertas regulaciones importantes sin pasar por el Congreso.
Me es difícil hacer un comentario sobre las intenciones. Sé que el gobierno hizo cosas que no debería haber hecho, no sé si para tomar ventaja o por inexperiencia. Por ahora nada me parece demasiado grave, aunque creo que hubiera sido grave que no retrajera la decisión de nombrar los jueces por decreto.

La marcha atrás no fue completa, porque estos jueces pueden asumir en cualquier momento...
Es una especie de juego de poder: "si ustedes van a bloquear la designación de los jueces, nosotros vamos a nombrarlos por decreto". Es un intento de disciplinar a la oposición, pero no me parece que sea un disparate.

Te llevo a la detención de Milagro Sala.
Me parece un error grave, un error muy grave. Hay información que no tengo para decidir qué tipo de error se cometió – si es por ignorancia, por arrogancia, por necesidad –, pero un error se cometió. Creo que debe haber muy buenas razones para correr jurídicamente a Milagro Sala, pero lo que se hizo no obedeció a ninguna de las buenas razones. Creo que Sala había convertido una organización social en un dispositivo muy complejo de poder con límites seguramente habían traspasado toda frontera de lo legal. Pero justamente, eso exige una investigación en función de las fronteras de legalidad traspasadas y no en función en que el modo en que queremos sancionar a quien las haya traspasado. Me preocupa que esté operando una posición de clase, una reivindicación del poder de las élites sobre los sectores subordinados jujeños. Creo que si algo de esto estuviera presente, sería muy grave. Y creo que la sospecha es posible por el tipo de decisiones tomadas. Si se hubiera actuado con el mayor rigor jurídico, la sospecha hablaría de una suspicacia del enunciador y no sería una ventana de posibilidad. Pero al mismo tiempo, me preocupa un discurso que convierte a las cooperativas en unidades de emprendedorismo laboral, cuando las cooperativas históricamente han convertido la construcción de viviendas en un acto de resistencia vinculado al derecho a la vivienda. La cooperativa es política, y su dimensión política es importante y necesaria en un país terriblemente desigual. Hacer otra cosa es neutralizarlas.

Muchas organizaciones de derechos humanos están preocupadas por las primeras señales del gobierno de Macri en la materia: un encuentro del Secretario de Derechos Humanos con víctimas de la guerrilla, declaraciones de Jaime Durán Barba en contra de la presidente de Abuelas de Plaza de Mayo y una tensa reunión entre el jefe de Gabinete Marcos Peña y representantes de organismos. ¿Qué opinión le merece esto?
La política de derechos humanos del kirchnerismo fue una política muy desencaminada. Lo que se ha hecho bien es lo que dijeron (Graciela) Fernández Meijide o (Beatriz) Sarlo. No sé qué va a hacer el macrismo respecto a las violaciones de los derechos humanos en los ’70, que han sido manipulados en favor del poder, ni en cuanto a las violaciones en el presente -pueblos originarios, trata de personas- que han sido abandonados. Es cierto que Macri no recibió a los organismos de derechos humanos en la Rosada, pero creo que necesitaba mediatizar el contacto para evitar una confrontación. Él no sabía con qué se iba a encontrar en esa reunión, y encontrarse con una situación muy agresiva iba a provocar una ruptura muy difícil de reparar. La reunión con el jefe de gabinete de ministros abre la posibilidad de generar un vínculo. Ambas partes de están midiendo.

Algunos extremistas celebraron la llegada del macrismo al poder. Si el gobierno no avanza con medidas como una amnistía, como promete no hacerlo, ¿no va a hacia un conflicto con estos grupos?
La parte democrática de la sociedad civil ha repudiado la violaciones a los derechos humanos en los setenta que han sido tipificadas como delitos de lesa humanidad. Todo acto de lesa humanidad merece ser juzgado. No creo que haya dudas sobre ello en la sociedad ni en la mayoría de los actores sociales que comparten un piso de amistad cívica sobre el cual nos paramos para construir un país. Si vemos que existen decisiones que permiten que se de marcha atrás con esas decisiones, debemos actuar para evitarlo. Pero todavía no veo indicios en ese sentido.

En diciembre estuviste en Casa de Gobierno en una reunión entre el presidente y una decena de intelectuales. ¿Cómo se organizó el evento?
Recibí una llamada telefónica del Pablo Avelluto, ministro de cultura, diciéndome que quería organizar un encuentro de intelectuales con el presidente, si estaría dispuesto a ir el miércoles siguiente. No sabía ni pregunté quiénes más eran los invitados, pero me encontré con un grupo intachable, todos quienes estaban ahí eran personas de gran traycectoria y probada fe democrática.

¿Qué pasó en la reunión?
Se le pidió a cada uno una breve reflexión para compartir con el presidente, la vicepresidenta, Marcos Peña y Avelluto.

Mario Wainfeld dice que durante la reunión Luis Alberto Romero planteó la idea de una amnistía.
Es cierto que Luis Alberto Romero hizo un comentario sobre ese tema, pero no habló de amnistía. No quiero convertirme en portavoz de Romero, pero él dijo que había situaciones que habían sufriendo acusados por crímenes de lesa humanidad que no se correspondían con lo que el Estado debía hacer con los detenidos. Si mal no recuerdo, se refirió a los detenidos sin condena y mayores de 80 años sin detención domiciliaria. Eso sí. no sé si es una prioridad en este momento...

¿Te definís como alguien de izquierda democrática?
Sí, no lo digo yo, lo dice Horacio González: soy un liberal de izquierda.

Otra referente del área, Beatriz Sarlo, tiene una visión más crítica de estos primeros días de gobierno. ¿Por qué creés?
Bueno, ella es mucho más aguda, así que cualquier cosa que diga seguro será más informada y más inteligente (sonríe). Pero también creo que uno siempre puede construir miradas diferentes sobre un fenómeno y yo estoy tratando de ver las cosas bajo una buena luz. Trato de mantener una mirada crítica, como lo fui con la designación de jueces de la Corte por decreto, pero trato de interpretar que se están tratando de hacer buenas cosas de buen modo. Acaban de asumir al frente de un Estado muy complejo, muy deteriorado.

Una versión en inglés de esta entrevista se publicó en la edición del 7 de febrero de 2016 en el Buenos Aires Herald.

Entrevista a Edison Lanza

El relator de la OEA habla sobre la intervención de AFSCA
"Macri no usó el mecanismo establecido por ley"

por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 26-12-2015

El Relator Especial para la Libertad de Expresión de la OEA, Edison Lanza, dijo ayer que la decisión de Mauricio Macri de intervenir la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) para desplazar de su cargo a Martín Sabbatella es “un camino poco ortodoxo” que ignora el mecanismo adecuado establecido por la Ley de Medios.
En una charla vía Skype con el Herald, Lanza asegura que con la movida Macri busca un organismo “a imagen y semejanza” del partido ganador, lo que parecería indicar el principio del fin de la autonomía de AFSCA y un regreso “al momento en que los gobiernos manejaban la oficina.”

¿Cómo tomó la decisión del gobierno argentino de intervenir AFSCA?
Estamos siguiendo esta situación en la relatoria y en la Comisión Interamericana (de Derechos Humanos). Evidentemente, se hizo sin usar lo que indica la ley, que establecía claramente un mecanismo para la remoción del directorio. Es un camino poco ortodoxo y hoy está cuestionada la legalidad de la decisión. Los estándares internacionales dicen que lo adecuado es tener organismos con autonomía tanto del ejecutivo como de los poderes fácticos, que sean capaces de regular los sistemas de medios de acuerdo a principios de legalidad. Por otra parte, algo en lo que habíamos coincidido todos los relatores de libertad de expresión, de Naciones Unidas y de la OEA, es en que la estructura de AFSCA es uno de los aspectos positivos de la ley. Argentina había establecido por primera vez — fue pionera en la región — un organismo con participación de la oposición, de la sociedad civil, de las ciudades... Eso es un adelanto. Después, claro, siempre es perfectible. Pero los anuncios que van en el sentido de intervenir justamente cuando cambia el gobierno — es decir, cuando el organismo se pone a prueba, cuando cambian la mayorías (legislativas) — para hacerlo a imagen y semejanza de quien gana, bueno, quiere decir que se acabó la autonomia, que se vuelve al momento en que los gobiernos manejaban la oficina.

¿La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión o la CIDH piensa sacar un comunicado al respecto?
Bueno, es un muy mal momento en términos de fechas ya que la comisión está estudiando una cantidad de informes sobre la situacion de cada país — informes que van a salir en enero — y además están cambiando cuatro de nuestros siete comisionados, que el 31 de diciembre cesan en su cargo. Es decir que esto nos agarra en un momento complicado. Nosotros como relatoría tenemos la capacidad de monitorear la situación y pronunciarnos, esto incluye recordar nuestros estándares en la materia.

¿Cómo evalúa el desempeño de Sabbatella al frente de AFSCA durante estos años?
En general la relatoría no hace evaluaciones de desempeños de funcionarios, salvo que violen abiertamente las obligaciones públicas que los Estados tienen para con los instrumentos interamericanos. El Estado argentino, como casi todos los Estados de la región, ha ratificado el tratado interamericano de derechos humanos, que deriva en muchas obligaciones, y nosotros nos fijamos en lo relacionado a la libertad de expresión. Una de las obligaciones, lo ha dicho la Corte (Interamericana), ha sido evitar la concentración de medios a favor de la diversidad. Hemos seguido muy atentamente la aplicación de la ley. Aplicar una ley que pone límites a la concentración de medios tiene su delicadeza, y el Grupo Clarín impugnó algunas de estas decisiones (NB: se refiere a la decisión de avanzar con la adecuación de oficio de Clarín) que terminaron en medidas cautelares, y la justicia está estudiando el tema. No hubo un pronunciamiento definitivo (sobre el desempeño de Sabbatella) porque el tema estaba muy en proceso, sin perjuicio de lo cual en nuestro último informe anual, en 2014, describimos la situación de la implementación de la ley y pusimos nuestras dudas sobre de si Telefójnica de Argentina no tenía nada que ver con Telefónica de España, o de si la aplicación de la ley a Clarín con tanto rigor no tenía que ver con (una decisión de AFSCA de) ponerlo por encima de otras decisiones.

El mes pasado el ministro de Comunicaciones Oscar Aguad sugirió que no había concentración de medios en Argentina. ¿Coincide con esta apreciación?
No. A todas luces, hay un grupo que tiene niveles de concentración muy importantes. Esto es importante: estamos hablando de libertad de expresión, no de una empresa que vende galletitas. Los medios de comunicación son vehiculos para la ibertad de expresión: los monopolios, oligopolios y la concentracion indebida afectan la libertad de expresión. Hay empresas multinacionales que compraron casi todo nuestro mercado de cervezas; sin embargo, vos podés dominar el mercado de la cerveza sin que se vaya la vida institucional. En el caso de la concentración de medios lo que ocurre es una afectación de la democracia, porque ese grupo va a imponer su mirada, va a limitar otras, va a combatir a ciertos gobiernos o criticar a la oposición. Ignorar eso es ignorar toda la doctrina en la materia. Las democracias robustas, como Estados Unidos, ponen límites a la propiedad cruzada de medios. Esto no es ciencia ficción: en Guatemala hay un empresario que tiene cuatro de los seis canals abiertos de difusión. Para ser presidente en Guatemala hay que partir de sus medios y hacer acuerdo con este señor.

Entrevista a Natalia Zuazo

"No hay estadísticas que prueben que las cámaras sirven para bajar el delito"
por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 20-09-2015

Luego de cincuenta entrevistas o más de dos años de trabajo, Natalia Zuazo publicó su primer libro, Guerras de Internet, en las que analiza las luchas de poder detrás de las llamadas nuevas tecnologías.

¿Por qué es importante conocer las relaciones detrás de Internet?
Hay una frase de la investigadora Rebecca Mackinnon que me quedó grabada en la cabeza. Su hipótesis es que entendemos cómo funciona el mundo en la vida real, pero que no entendemos cómo funciona en la vida digital. Dejame darte un ejemplo: si vos conocés dónde trabaja un legislador podés pedirle una audiencia, mandarle una carta, es decir, pedirle una rendición de cuentas. Acá es lo mismo. Porque sino, cada vez que se desata un escándalo tecnológico lo único que aparece es la queja. “Se están quedando con nuestros datos,” dicen. ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Empresas, estados? No todos recoletan nuestros datos por las mismas razones.

¿Por qué te interesó contar la parte más “sucia” de la red, desde caños submarinos a granjas de servidores?
Me gusta derribar mitos. El buen periodista tiene ahí una misión muy importante: deconstruir y ponerse a investigar. Cuando empecé el libro se me ocurrió hacer una encuesta, sin ninguna pretensión de seriedad metodológica. Les pedí a cincuenta personas que me dibujaran internet. La mayor parte de los dibujos reflejaba la idea de que internet era una nube, que estaba en el cielo, igual que lo que dicen las publicidades. Pero si entendés cómo son las redes que te conectan, vas a entender, por ejemplo, quién es el responsable de que internet se te corte. En este caso, alguien que no está invirtiendo en infraestructura para que puedas leer tus mails.

¿Creés que Julian Assange es un hacker o un periodista?
Es un activista político. Ahora bien, Assange o (Edward) Snowden revelan secretos de los grandes poderes, con lo cual su tarea se acerca al de los periodistas. Hoy es el turno de (Barack) Obama, mañana será el de Angela Merkel, pasado mañana es Visa o Citibank. Y eso siempre está bien. Por otra parte, pienso que los periodistas harían un mejor trabajo si dominaran mejor las herramientas tecnológicas o aquellas vinculadas al hacktivismo.

Google se ha convertido en una enorme empresa de publicidad. La mayor parte de su negocio proviene del big data, es decir, de la concentración de grandes volúmenes de información sobre gustos y consumos. ¿Siempre fue así?
Google ingresó en Internet en un momento en el que había mucha información desperdigada, por lo que ingresa como el gran ordenador de la información del mundo. Crea un motor de búsqueda insuperable y se convierte en un insumo básico. Lo que sucedió más adelante es que con ese torrente de información pudieron armar perfiles de usuarios para después vendernos cosas. Pero el negocio de la publicidad tiene un límite.

¿Por qué?
Una gran parte de la población aún no está conectada a Internet. Por ende, el próximo paso de Google es meterse en el negocio de la infraestructura, un negocio que hasta ahora pertenece a las telcos. Toda empresa de publicidad necesita aumentar su base de datos y ellos tienen que conectar a más gente para que más gente use sus servicios.

Es parecido al caso de Facebook con Internet.org: llevar internet a países más desfavorecidos con la idea de que usen sus servicios.
La idea de Mark Zuckerberg es llevar un acceso a lugares donde la gente aún no está conectada, es decir, que aún no consume. Lo que les interesa es construir consumidores. Si para eso tienen que tirar un caño de fibra óptica no hay problema: es una inversión rentable que se amortiza en meses. El problema es que para estas personas, el acceso a Internet es acceso vía Facebook: una visión limitada del mundo.

Parte de la seducción es que los usuarios pueden pensar que el beneficio es inmediato pero el peligro es potencial (y en el largo plazo). Es difícil que una advertencia así encuentre eco.
Ése es el gran problema de la privacidad y de todas las aplicaciones que aceptamos sin siquiera mirar sus términos y condiciones. Son intercambios que hacemos. Estás en Google porque te busca rápido algo, entrás a Amazon porque tenés todos los productos del mundo en un solo lugar... La gente no es estúpida. El tema es dejar de pensar como usuario y empezar a pensar como ciudadano: ser, al menos, mínimamente consciente de esto que está sucediendo.

Es una propuesta compleja, ya que la mayor parte de los usuarios a duras penas saben cómo usar Twitter o Facebook.
Es un paso más allá, soy consciente de eso. A mí como usuaria, me cuesta. En algunos intercambios cedo por un tema de practicidad, y en otros no.

Una estrategia podría ser diversificar las plataformas: usar el buscador de Google, pero con Firefox, o un celular sin GPS activado todo el tiempo...
La sincronización permanente es un riesgo. Te doy un ejemplo: la semana pasada me robaron la computadora. Pero tenía (el sistema operativo) Ubuntu con clave y no tenía todo sincronizado. Por lo que perdí la computadora, pero no perdí todo.

En uno de los capítulos del libro analizás el problema de las cámaras de seguridad. ¿Cómo es esta relación simbiótica entre los gobiernos que instalan estas máquinas y los canales de noticias?
Un asesor de Sergio Massa me dijo: “Yo tengo que estar todos los días en los medios. Si para estar en los medios tengo que entregar una cámara de seguridad atrapando a un chorro, yo lo hago”. Y lo dijo on the record. El material de las cámaras de seguridad es producido con fondos públicos y luego los municipios se lo entregan gratuitamente a los canales de televisión, un negocio que no se discute. Pero hay otro problema mayor vinculado a las cámaras.

¿Cuál?
Que los municipios no tienen estadísticas de delito para antes ni después de las cámaras. Si existieran cifras que prueban que las cámaras sirven para combatir el delito, no me voy a oponer sólo por un tema de privacidad. El problema es que la estadística del delito no existe, por lo que esto se vuelve un problema de fe. Hablamos de un mercado concentrado en tres grandes empresas, la mayor de las cuales pertenece a (Mario) Montoto.

¿Cuál es la diferencia entre todo esto que hablamos y las teorías conspirativas?
Las teorías conspirativas son peligrosas porque son antipolítica. Los paranoicos no creen que la política tenga nada que ver, pero está claro la política es que la define que se adopte o no cierta tecnología, los que aprueban una ley para implementar un sistema biométrico en todos los ciudadanos. Los políticos tienen que tener asesores especializados, así como los tienen en temas complejos como reproducción asistida o hidrocarburos. No puede ser que haya solo tres personas hablando sobre esto. Hay que abrir el debate, por más que esto no le convenga a algunos activistas tecnológicos.

Entrevista publicada en inglés en la contratapa del Buenos Aires Herald del domingo 20 de septiembre de 2015. Enlace

Entrevista a Santiago O'Donnell

"El movimiento de derechos humanos no se va a venir abajo si algunas personas reconocen que no todo lo que se dijo es verdad"

por Federico Poore

Santiago O’Donnell viene de editar dos libros sobre las revelaciones de los cables filtrados por Wikileaks, desmenuzando información que ni Clarín ni Página/12 se animaron a publicar. Su nueva obra, no menos controversial, tal vez alimente su fama de outsider: contar la historia del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el organismo de derechos humanos fundado por Emilio Mignone en 1979 y que hoy preside el periodista Horacio Verbitsky.

Estudiaste durante casi cuatro décadas de historia del CELS. ¿Cuál creés que fue su principal aporte al movimiento de derechos humanos?
Hizo un aporte fundamental. Quizás existan otros grupos más icónicos o más conocidos, como Madres o Abuelas [de Plaza de Mayo], pero en este momento hay cientos de represores presos y en prácticamente todos estos juicios participó el CELS. También en la política de ascensos de militares, la depuración de las cúpulas, la reapertura de los juicios... Los abogados del CELS tuvieron la gran sabiduría de usar el derecho internacional para reabrir los juicios por la verdad en un momento en el que todas las puertas estaban cerradas por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Alfonsín y las leyes de amnistía de Menem. Esto lo terminó usando para otros temas de derechos humanos como el gatillo fácil y el maltrato en las cárceles. Empezando por su fundador, [Emilio] Mignone, destaco la importancia de tomar registro, juntar información y meterla en expedientes judiciales aún cuando parecía que no había manera de moverlos, porque daba la oportunidad de usarla a futuro. Esa estrategia funcionó.

El libro narra los intentos de armar una organización más profesional, con gente formada en los Estados Unidos y una agenda social más amplia. ¿Qué ganó y qué perdió el CELS en esta etapa de profesionalización?
Los noventa fueron el cruce del desierto: el CELS era muy pequeño, tenía muy poca gente y ya se había ido la primera camada de abogados famosos: Luis Zamora, Marcelo Parrilli, Pablo Llonto. Pero siempre fue el sueño de Mignone crear una cosa más profesional ligada a las grandes organizaciones de derechos humanos de los Estados Unidos. En el CELS se produjo una tensión porque había tres fuerzas con agendas distintas. Por un lado, los fundadores: prácticamente todos tenían hijos desaparecidos y su agenda era la de las violaciones a los derechos humanos en los setenta. Luego, los profesionales de los derechos humanos, que tenían militancia social y mayor interés por las muertes de diciembre de 2001 o los temas de torturas en cárceles. Finalmente la agenda internacional, que tiene que ver con que prácticamente todo el financiamiento del CELS viene de Estados Unidos y Europa, y que estos financistas tienen una agenda más vinculada a la abolición de la pena de muerte, el tráfico de personas, es decir, no necesariamente las prioridades que se dan en la Argentina. Estas agendas entran en tensión porque los fondos son limitados y porque los mandatos históricos son fuertes.

La llegada de Horacio Verbitsky le abre más puertas al CELS. Contrariamente a lo que uno puede suponer, este fenómeno comienza con De la Rúa, pero continúa durante la era Kirchner.
Se acrecienta notablemente en el kirchnerismo.

¿Cómo ves esta tensión entre el CELS y los gobiernos kirchneristas?
Una organización de derechos humanos se dedica a tutelar derechos violados por el Estado. Si uno tiene que controlar al Estado, es muy difícil hacerlo desde un lugar de alianza política o de espacio político compartido. La gente que defiende esta política dice “no es que el CELS tomó la agenda de Kirchner sino que Kirchner tomó la agenda del CELS”, lo que produce el inevitable acercamiento, y que cuando han tenido que marcar sus diferencias las han marcado. No estoy tan de acuerdo. Si un gobierno hace lo que yo quiero que haga no es razón para que me haga amigo del gobierno, sino que tengo que seguir exigiendo y estando en el lugar de contralor. Si no pareciera que el gobierno toma mi agenda para ganar mi simpatía o conseguir mi apoyo.

Santiago Cantón, ex secretario de la CIDH, dice que el caso de una organización de derechos humanos a favor del gobierno es “único en el mundo”. ¿Esto es así?
Si vos le preguntás a la gente del CELS, Human Rights Watch está entongada con el gobierno de Obama, pero obviamente las organizaciones de derechos en Gran Bretaña o Estados Unidos van a estar más cerca de gobiernos laboristas o democratas. Así y todo, no he conocido una organización de derechos humanos con el nivel de cercanía que le he visto al CELS con el gobierno argentino. Me parece que hay otra contradicción que va más allá: los derechos humanos son derechos liberales, pero acá en Argentina parecería que son patrimonio de la izquierda, cuando ni Fidel Castro, ni Stalin ni Mao se han destacado por la defensa de los derechos humanos. Habrán defendido derechos sociales y tendrán otros méritos, pero la de los derechos humanos no es precisamente la agenda de la izquierda a nivel mundial. Este tema de querer tener más contemplaciones con el “gobiernos populares” también genera complicaciones. No se puede estar medio embarazado: o violás los derechos humanos o no los violás. Por otra parte, se han creado muchos mitos sobre los derechos humanos en la Argentina que 39 años después del golpe uno puede empezar a revisar.

¿Cómo cuáles?
Hablar de una manera más humana sobre los actores de esa historia. Más allá de que nadie cuestiona la brutalidad y la barbaridad de la represión militar, y festeja y celebra los juicios a los violadores de derechos humanos, parece una legítima pregunta si los guerrilleros también violaron derechos humanos. Después mencionamos, por ejemplo, las historias sobre la supuesta inocencia o no-participación en la guerrilla de algunos desaparecidos emblemáticos.

En el libro explicás que en la década del ochenta se desarrolla una visión "angelical" de los desaparecidos porque era la mirada que la sociedad podía tolerar en aquel momento. El kirchnerismo repolitizó a estos personajes, diciendo que habían luchado por sus ideales. ¿Cuál vendría a ser la nueva vuelta de tuerca que proponés?
Que son humanos, que mataron gente. Que mataron civiles inocentes, que muchos de ellos fueron egoístas con sus famlias. Que aplaudieron muertes de civiles. Que tuvieron una responsabilidad histórica en la violencia de los 70. Es decir, nunca vamos a justificar lo que hizo la Triple A, que fue terrible, pero es una verdad histórica que Perón creó a la Triple A para combatir a una guerrilla que actuaba contra gobiernos democráticos. Cuando hay apoyo de un gobierno extranjero también puede haber crímenes de lesa humanidad y el apoyo de Cuba a Montoneros es público y conocido. Humaizar a estar personas, bajarlas un poco del lugar de héroes-absolutos-contra-terribles-villanos sin entrar en la teoría de los dos demonios, reconociendo que es infinitamente peor lo que hicieron los militares que secuestraron gente y se robaron nietos. Pero hay cosas que me parece importante aclarar. El ERP nunca tuvo como objetivos a civiles. Montoneros nunca torturó. El ERP sí torturó. Son matices. Me parece que 35 años después, tener una mirada más realista es un aporte al movimiento de derechos humanos.

Hay dos cuestiones parecen hacerte ruido sobre la figura de Verbitsky. La primera, que nunca que haya reconocido su rol en los setenta ni “pedido perdón” por ese papel. A partir de la investigación, ¿hay algún hecho puntual por el cuál entendés que tiene que pedir perdón?
Yo le pregunté directamente en qué hechos armados había participado y no me quiso contestar. Creo que ya estamos en un momento donde podemos revisar el mito de que Verbitsky en Montoneros lo único que hacía era revisar recortes de diarios, escribir comunicados o cuestionar a la conducción nacional. Esto no quita que tal vez haya sido el periodista que más hizo por terminar con la impunidad de los militares: hizo un enorme aporte al periodismo, al movimiento de derechos humanos y a la historia argentina. Pero a veces pareciera como si al mirar con realismo determinadas cosas se viniera abajo todo el mito de los derechos humanos. Algunas personas temen que si reconocen que no todo lo que se dijo es verdad se va a venir abajo todo el movimiento, pero me parece que es al revés.

Hay una crítica más “institucional” que le hacés a Verbitsky: que cuando uno lee sus columnas no se sabe si son columnas suyas o del CELS.
Esto creo que nos pasa a todos, incluida la gente del CELS. El único que dice que lo tiene claro es Horacio. Después, a nivel periodístico... Si yo tengo una participación en algo, por un conflicto de interés, es justamente el tema sobre el cual no escribo. Cuando él critica algún aspecto del gobierno desde Página/12 parece que no está criticando al gobierno sino jugando a la interna. Tiene algunas cuestiones con ciertos personajes — [Adolfo] Pérez Esquivel, [Hebe de] Bonafini, [Estela] Carlotto que no necesariamente se trasladan al CELS. Él es tan visible, tan notorio que a veces opaca al CELS. A veces el CELS no recibe todos los reconocimientos que merece porque todos los focos van a Horacio, y a veces es al revés: él CELS tiene demasiado reconocimiento gracias a Horacio.

En el libro sostenés que la relación del CELS con el kirchnerismo parece haber afectado su mirada en al menos dos temas: la situación de los qom y el nombramiento de Milani.
Hay muchos más (risas). En el caso de los qom, el gobierno quería que ellos levantaran el acampe [en la 9 de Julio]. La Cámpora, y en especial [Andrés “Cuervo”] Larroque, se encargaron de que los deseos del gobierno fueran cumplidos. El CELS tuvo un rol en el levantamiento del acampe — en convencer a los qom que se vayan. Es cierto que el CELS trabajó en Chaco con los qom y no los abandonó ni antes ni después del acampe, pero no menos cierto es que en ese momento ayudó al gobierno con un “asesoramiento” que, por lo menos al cacique Félix Díaz y a algunos críticos como Nora Cortiñas o Roberto Gargarella, no les pareció el que favorecía a los qom sino más bien al gobierno, que quería echarlos al menor costo posible. El tema Milani es interesante por muchas razones. Es difícil entender por qué Cristina [Kirchner] sostuvo durante tanto tiempo y le aumentó el presupuesto a un comandante en jefe que proviene del área de inteligencia. Por otro lado, Milani aparecía comprometido en por los menos dos casos de desapariciones. Al principio, el CELS dijo que no encontró nada en sus archivos — y no tengo motivos para dudar de esto — y, de algún modo, avalaron su ascenso. Después aparecieron denuncias periodísticas que le hicieron reveer la situación. Cuando encuentra documentos que comprometen a Milani, el CELS llama a una reunión con otros organismos donde deciden llevarle el tema a Cristina Kirchner. Piden una reunión, y la presidenta hace pasar a todos los organismos salvo a Verbitsky, mientras convence a las Abuelas y a las Madres de que Milani era un buen tipo y que merecía seguir en el gobierno. El CELS decide mandar una carta personal a Cristina y recién cuando ella no contesta hacen públicas sus objeciones en una nota de Página/12 que firma Verbitsky al lado de una entrevista de Página/12 [firmada por Raúl Kollman] donde Milani se defiende. Por esa fecha sale el comunicado del CELS. Lo interesante es que ellos nunca cuestionaron por qué Cristina lo sostuvo — al costo de alienar al CELS y a organismos de todo el país — o por qué le aumentó el presupuesto cuando cabría sospechar qué servicios le prestaba Milani a la presidenta. La línea de Verbitsky y [del secretario ejecutivo Gastón] Chiller es “si hubiera habido alguna prueba de que él hacía espionaje interno, por supuesto que presentaríamos una denuncia”. Mi punto es que a veces el CELS se dedica a investigar, a buscar información, y otras veces elige no ir a fondo. Todas estas decisiones son políticas.

¿Cómo está hoy la relación entre el CELS y Cristina?
La mayor parte de la gente que trabaja ahí es cercana a Cristina. La gente no tan cercana al gobierno ha tomado distancia de la conducción. Eso sí: el CELS no es como Madres o Abuelas que no se pierden la ocasión de estar en el palco para aprobar prácticamente todo lo que dice Cristina.

¿Cómo esperás que sea la relación del CELS con Scioli en caso de que se convierta en el próximo presidente?
Pareciera que Horacio, así como ha tenido una buena relación con Néstor y Cristina, ya acomodó los patos con Scioli. Lo ha criticado muchísimo a Scioli, pero hace poco sacó un recuadro diciendo que lo consultaba en temas de derechos humanos y que todos los que habían dicho que él y Scioli estaban peleados eran unos mentirosos. Seguramente no va a ser lo mismo que va a ser con Kirchner, pero evidentemente la influencia y el poder de Horacio siguen vigentes.

En toda esta charla sobrevoló la tensión entre la influencia y la independencia que puede, o debe, tener un organismo de derechos humanos. ¿Creés que el CELS que el ser puede ser más independiente y a la vez mantener su influencia?
Está claro que podés ser más independiente, pero vas a pagar un precio. ¿Qué significa influencia? ¿Acceso a la Casa Rosada? Si sos crítico te van a cortar el acceso, como ocurrió cuando criticaron a Milani. Pero me parece que si toman una posición crítica de este y cualquier otro gobierno, el prestigio y la influencia del organismo, lejos de disminuir, aumenta. Es muy tentadora la idea de tener la influencia que tuvo el CELS. Santiago Felgueras, un tipo que fue muy crítico del acercamiento del CELS al gobierno, decía: nosotros durante el menemismo estuvimos diez años para lograr modificar un artículo de una ley, y acá en el gobierno de Kirchner lograron, en seis meses, un montón de leyes. En el libro trato de mostrar y que cada uno saque sus conclusiones. Pero si me preguntás a mí, creo que no es sano para un organismo de derechos humanos tener el nivel de cercanía que el CELS tiene con este gobierno. Antes me preguntabas si era inédito: esto pasó en Perú durante el gobierno de [Valentín] Paniagua, que durante el post-fujimorismo convocó a muchos de los activistas de derechos humanosque habían peleado contra el gobierno de Fujimori, lo que generó un gran debate. Hicieron un aporte muy importante, avanzaron con una comisión de la verdad, metieron preso a Fujimori, pero en el largo plazo no benefició a los organismos en Perú, que hoy están siendo muy cuestionados por el gobierno de [Ollanta] Humala. Hay que mantenerse en el lugar de contralor, exigir lo que uno pide, y no “premiar” a los gobiernos que cumplen sino tratar de mantener una posición profesional.

El título del libro es Derechos Humanos (R), lo que da la impresión de sugerir que el CELS se “apropió” de esta agenda. ¿Es una crítica que hacés o fue más bien una decisión editorial?
El título no lo elegí yo, pero me gustó. No tiene que ver con apropiarse sino con inventar, con crear un lenguaje, una iconografía, una narrativa, una historia. En Argentina hay muchos discursos fascistas dando vueltas — los había, sobre todo, en la época de Alfonsín, cuando los militares eran muy fuertes — por lo que me parece importante que el CELS haya creado un discurso sobre los derechos humanos para competir con otros discursos reaccionarios. Pero cuando se exacerba al punto del desborde, cuando se pone más allá de la crítica, cuando una institución adquiere mucho poder, lógicamente es bueno que se la someta [a crítica], que sea interpelada y que conozca algunos límites. Si no, termina tapando un debate que todavía no está saldado en Argentina.

Crédito de la foto: Diego Kovacic
Una versión de esta entrevista se publicó en la contratapa del Buenos Aires Herald el 16 de agosto de 2015.