Entrevista a Martín Sivak

'Clarín sobrevivió, pero eso no es ganar la guerra'
por Federico Poore

Con Clarín: la era Magnetto, el segundo volumen de la exhaustiva historia del diario, el periodista Martín Sivak cierra un trabajo de siete años. El libro, riguroso y bien documentado, es más que bienvenido en un momento en el cual la relación entre los medios y la clase política es a menudo discutida de modo superficial.

El libro cubre la historia del diario, de la Guerra de Malvinas hasta la primera presidencia de Kirchner. Durante esta etapa, sostenés, el diario se moderniza y gana influencia. ¿Cómo se da este proceso?
La modernización periodística del diario no está tan ligada a la necesidad de aumentar ventas. Desde que se van los frigeristas en adelante tiene lugar una disputa en la redacción. A diferencia de Magnetto, [Marcos] Cytrynblum entendía que el éxito comercial implicaba que el diario no necesitaba grandes aggiornamientos. Durante toda la década del ochenta, Magnetto ve la necesidad de expandirse (y a partir de este conflicto sordo), se va dando la decisión de modernizar el diario, proceso que comienza con la legalización de Radio Mitre. La renovación del diario incluye la incorporación de temas como derechos humanos, que antes no estaban tan presentes. Eso hace que Clarín tenga, desde mediados de los noventa, un récord de ventas, un prestigio y una influencia que nunca más tuvo.

La renovación en Clarín tiene lugar antes que La Nación, que ocurre –me parece– más a mediados de la década del 2000.
Claro. En la década del ochenta hay un arrevistamiento de todos los diarios. Clarín, como siempre, llega un poco tarde. Tiene un gran impacto, además, la salida de Página/12, un diario con otro lenguage, con otros temas. Como respuesta sale el suplemento Segunda Sección para sacarle lectores. Hay un límite: que Clarín no podía ir tan de punta contra el gobierno de Menem. Clarín actúa con estrategias defensivas. ¿Por qué sacó Olé? No quería que Atlántida sacara un diario deportivo. ¿Por qué entra a Página/12? No quería que un jugador mayor lo comprara. Pero no hay un consejo de notables que dice “vamos a cambiar el diario”, tiene más que ver con un estilo muy agresivo que es parte de la cultura de tres accionistas: Magnetto, [Lucio] Pagliaro, [José] Aranda. Por eso todos los empresarios de medios tienen una relación tan complicada con el grupo.

¿Creés que el diario fue más agresivo con Alfonsín que Alfonsín con el diario?
Alfonsín respondió en tres casos extremos. El caso [de Enrique] Pescarmona, a quien Clarín dio por muerto; la entrevista a [Raúl] Guglielminetti, que bordeaba la extorsión; y el famoso discurso del mercado de Flores donde discute el modo en que Clarín cubrió las últimas noticias sobre desempleo. Pero para no idealizar su figura hay que señalar que Alfonsín estaba muy cómodo con la supremacía de los medios estatales, que manejaban las distintas líneas internas de su partido. Al mismo tiempo veía una actitud muy hostil de Clarín, vinculada a la fijación de Magnetto con la derogación del Artículo 45 [de la vieja Ley de Radiodifusión que le impedía a los dueños de un diario tener también medios audiovisuales]. Sin embargo, le permitió a Clarín desembarcar en Radio Mitre en la primavera del ‘85, tras intentar meter a la Coordinadora. Es decir que tuvo una política con muchos matices. Es cierto que mantuvo las formalidades –se veía con los principales columnistas políticos– y rechazó los planes de guerra que le acercaron distintos funcionarios para contestar con más énfasis lo que se publicaba en el diario. Alfonsín eligió una salida a la italiana: “no voy a privatizar a los canales, voy a un modelo mixto donde la política controla los canales del Estado”. Pero no hubo un pacto secreto entre Menem y Magnetto para privatizar los canales: todos los principales candidatos en el ’89 estaban a favor de la privatización. Menem ingenuamente pensó que la privatización iba a garantizar el acompañamiento [a su gobierno], de ahí la decepción en el ’92-’93 cuando Clarín no responde de acuerdo a sus expectativas. Y hay momentos de conflicto: hasta el propio Menem amagó con una Ley de Medios anti-trust en el ’93, impulsó la expansión del [conglomerado] CEI.

En los primeros años de la era Menem también se destaca el apoyo que el diario diario le da a los indultos. Pero ese apoyo, decís, no es una devolución de favores por Canal 13.
En la década del ochenta, Clarín no publica editoriales sobre temas militares. Eran críticos del Juicio a las Juntas y no lo dijeron. No defendieron enfáticamente al gobierno de Alfonsín durante el levantamiento de Semana Santa y no lo pusieron en una editorial. El primero es para apoyar los indultos. Magnetto sostiene que los indultos fue una de las mejores decisiones de Menem, que los hubiera apoyados sin Canal 13. No existe una cosa tan explícita de “dame y te doy apoyo” sino se da por sutilezas, sugerencias y tensiones. El mejor ejemplo es [Eduardo] Bauzá: era el conciliador pero financió una novelita de un ex periodista de Clarín para develar secretos ocultos del grupo.

Sin embargo, algunas decisiones parecen estar muy ancladas en lo material. De la Rúa, según contás, disfrutó del mayor período de gracia jamás otorgado a un presidente por un motivo económico: el sostenmiento de la convertibilidad.
Lo que sucede con De la Rúa es que por ese momento, ser antimenemista le permitía al diario ganar prestigio, influencia y reconocimiento. En ese momento, además, había una hegemonía de la izquierda cultural: Raúl Zaffaroni, Horacio González, Horacio Tarcus tenían una presencia muy fuerte. Y es cierto: Clarín impulsa al gobierno de la Alianza porque tenía una deuda en dólares muy grande –por lo que del ’99 al 2007 se da un período de oficialismo permanente– pero también porque elige convertirse en un sostén de la gobernabilidad.

A propósito de esta idea de que el diario en aquel momento era culturalmente de izquierda, Clarín argumenta “nosotros no cambiamos, fue el gobierno el que cambió”. Sin embargo hoy, culturalmente, es más conservador.
Es un muy buen punto. En ese momento escribían Ernesto Laclau, Rafael Bielsa... pero al calor del conflicto [con el kirchnerismo] el diario se hizo más conservador y hasta anti-populista. Para que te des una idea, el gobierno usa el concepto “populismo” en todo el mes previo al golpe militar [de 1976]; luego deja de usarlo y el término sólo vuelve, con énfasis, como respuesta al kirchnerismo. Otro tema: Clarín era un diario muy diverso, que le ofrecía muchos matices a su público. Esto se fue perdiendo con el periodismo de guerra. Me parece notable como el conflicto lo fue llevando a ser un diario mucho más enojado. Clarín no era un diario enojado. Esto también fue teniendo lugar al calor de los ataques y del hostigamiento [del gobierno], que no fue solo empresarial, porque el conflicto también afecto a muchos profesionales. Kirchner, al igualar a Magnetto con los redactores en varios de sus discursos hizo exactamente lo opuesto a lo que hizo Perón, que con el estatuto del periodista quiso ganarse las simpatías de los trabajadores dándoles más beneficios.

Sergio Massa también lo atacó a Fernando Amato diciendo que lo había mandado Szpolski. Una marca de la época: identificar al laburante con el medio para el cual trabaja.
Kirchner insistía con el “te mando tal o cual”... Cualquiera que trabajó en una redacción sabe que esas cosas pueden pasar, pero también que son muy infrecuentes y que las personas que lo hacen son fácilmente identificables.

Un mito que derribás es Clarín como lobbista devaluador. En 2002 Clarín necesitaba, en todo caso, una pesificación asimétrica.
[El ex ministro de Economía Roberto] Lavagna sostiene que Clarín pidió un seguro de cambio, es decir, que el Estado absorba parte de su deuda, algo en lo que Clarín no estuvo solo: según Lavagna y [el ex ministro de Economía] Remes [Lenicov] muchísimos empresarios lo pidieron. Por otro lado, la pesificación asimétrica resolvía el problema de Techint, pero no tanto el de Clarín, la movida resolvió el 10 por ciento de su deuda. El problema mayor fue la deuda afuera, fruto de la “cultura Pac-Man” de Magnetto de comprar y endeudarse durante la década del noventa.

A partir de tu riguroso trabajo historiográfico hay un mito popular que sí confirmás: que Clarín no cubrió los cacerolazos en 2002.
En enero de 2002, Clarín va de la mano de todo el sistema político: recuerdo que los políticos estaban aterrados por las asambleas y los escraches. A las asambleas las trataron como un fenómeno externo, alguna nota en el suplemento Zona que lo mostraba casi como un pasatiempo de la clase media. La consecuencia del oficialismo con el gobierno de Duhalde fue la famosa tapa “La crisis causó dos nuevas muertes”, una de las más desafortunadas de todo el período. Pero no es Magnetto digitando: es la lógica del diario.

No haber visto la secuencia completa de las fotos [del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán] parece más la consecuencia de malas rutinas de producción que de una conspiración de cúpulas.
Por supuesto, la participación de Magnetto en el día a día del diario está sobredimensionada. Te doy un ejemplo: en enero de 2015, la semana después de la muerte de [Alberto] Nisman, entrevisté a Magnetto y de las tres de la tarde a las ocho de la noche no habló con nadie. El CEO tiene delegados que saben lo que quiere el diario.

Néstor Kirchner, como Menem, se propuso inicialmente seducir al diario con favores, pero en la presidencia de Cristina Kirchner (como en la segunda de Menem) las relaciones con el diario cambiaron violentamente. ¿Coincidís con esta lectura?
En el caso de Kirchner me parece que este cambio es mucho más marcado, sobre todo la idea de Cristina de gobernar contra Clarín. Por otro lado la interacción de Kirchner desde hacer lobby para que un determinado redactor lo acompañe en un viaje hasta los temas grandes con Magnetto refleja una obsesión de Kirchner.

Como lector, ¿cuál dirías que fue el mejor y el peor año de Clarín bajo la dirección de Magnetto?
El mejor tiempo de Clarín fue el ’94, ’95, ’96. El peor el del ’82, por la manera en la que acompañó Malvinas y por la transición forzosa que hizo sin explicar los siete años previos. Es muy chocante. Sin ser de izquierda, La Prensa y el Buenos Aires Herald tuvieron otros modos de relacionarse con el régimen militar. Clarín optó por uno. El argumento de Cytrynblum – de que La Prensa y el Herald tenían audiencias chicas y por ende más margen – me parece muy pobre. El Clarín del ’82 es un Clarín muy tramposo.

¿Crees que Clarín ganó la guerra contra el gobierno?
No, para nada. Lo primero que quedó claro es que el objetivo del gobierno no fue la desconcentración del mercado de medios: hoy tenemos un mercado que sigue siendo concentrado, con una “democratización de las voces” que no ha ocurrido más allá de la retórica y algunas radios comunitarias. Lo central de la política de medios fue atacar la credibilidad del Grupo Clarín y afectarlo económicamente. Eso se dio con total éxito. Ahora bien, a pesar de que el gobierno volcó todos sus esfuerzos en contra del grupo, obligó a empresas a que no pauten en sus medios, toda una serie de cosas que son completamente ilegales, Clarín sobrevivió: mantiene sus audiencias, gana dinero con el cable. Sigue siendo rentable económicamente, sí. Pero no diría que eso es “ganar”.

Crédito de la foto: Mariano Fuchila
Una versión de esta entrevista se publicó en la contratapa del Buenos Aires Herald el 26 de julio de 2015. 

Entrevista a Agnes van Zanten

En Argentina no hay un seguimiento de las políticas educativas

por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 21-06-2015

Los sistemas meritocráticos están siendo progresivamente reemplazados por la parentocracia, donde la educación de los hijos depende cada vez más de la riqueza (y los deseos) de los padres más que de los esfuerzos de los propios estudiantes. Esto es lo que sostiene Agnes van Zanten, directora del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de París.
Durante una breve visita a Buenos Aires, invitada por Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Van Zanten explica por qué los padres perdieron la confianza en la capacidad del sistema escolar para inculcar conocimiento y demanda algún tipo de control o evaluación sobre el destino de los fondos educativos, un problema que –argumenta– es común a Francia y la Argentina.

El punto de partida de sus investigaciones es que hoy en día un título ya no garantiza recompensas profesionales. ¿Por qué dice que una “parentocracia” reemplazó a la meritocracia?
La parentocracia es el fenómeno exacerbado del poder de los padres. En muchos países, hasta los años ‘80 los padres no podían elegir a qué escuela mandar a sus hijos. Sin embargo, gobiernos como el de Margaret Thatcher impusieron la idea que “elegir” la escuela era su responsabilidad. No todos los padres comenzaron a utilizar esa posibilidad, sino más bien los de clase alta o media-alta, que echaban mano a diferentes estrategias a la hora de buscar una escuela, de manera tal de evitar “mezclarse” con otras categorías. Utilizaron, en muchos casos, la escuela privada, pero en otros eligieron una escuela pública claramente diferenciada. La parentocracia también tiene que ver con una intervención más importante de los padres en la escuela: una categoría de padres insatisfechos con la escuela de su barrio que han “colonizado” la institución mediante una intervención muy presente, no necesariamente de manera positiva. A veces, esta intervención apunta a que la escuela tenga más recursos o para que los profesores no se ausenten, pero muchas veces estos padres intervienen para que sus hijos tengan una atención personalizada, para que los recursos de la escuela vayan más a ciertas actividades que a otras (por ejemplo, organizar un viaje al extranjero en vez de ayudar a los chicos con dificultades). Esto genera una desigualdad, ya que algunos padres adoptan estrategias muy fuertes, mientras que otros no tienen el mismo poder o la misma capacidad de expresarse en público.

Noelia Orienti, investigadora de la Universidad de La Plata, sostiene que ante la masificación de la escuela secundaria, los padres de muchas familias de clase media argentinas comenzaron a elegir escuelas privadas en detrimento de las públicas, socialmente heterogéneas, porque buscaban “amistades saludables” para sus hijos, lejos de los “factores de riesgo”. ¿Esto también sucede en Francia?
Sí, totalmente. Lo que pasa en Francia es que los padres han perdido la confianza en la capacidad de la pedagogía y de las políticas educativas de cambiar la realidad. Cuando los entrevisté me decían: “En realidad el problema no son los profesores. Aunque tengamos los mejores profesores del mundo tenemos varios niños con dificultades y no vamos a poder hacer nada”. Hay una desconfianza muy grande.

En Argentina, la formación de las elites parece darse en un núcleo más reducido: tres o cuatro escuelas públicas y un puñado de escuelas privadas. ¿Cuáles son las diferencias con Francia?
Ante todo, una similitud importante: Argentina se inspiró en el modelo francés y considera la igualdad como un valor muy importante. Esto es una diferencia, por ejemplo, con Inglaterra. Al mismo tiempo, lo que pasó en Francia y no en Argentina es que se crearon las grandes escuelas públicas para formar a los cuadros del Estado. Aunque eran muy selectivos, se veían como igualitarias porque no había que pagar por ellos. En Francia existe un sector privado, pero sin el prestigio de las públicas... aunque hay cada vez más conexiones entre las élites intelectuales y el mercado. El perfil típico de las grandes escuelas es un padre que es un cuadro alto en el sector económico y una madre profesora de enseñanza superior o con algún tipo de trabajo intelectual. Formalmente, el sistema es bastante meritocrático porque las élites económicas no pueden comprar su lugar en esas escuelas... aunque sí se pueden comprar los cursos que van a permitir que tengas mejores resultados o los viajes al exterior que van a permitir que seas bilingüe. Es decir que en la práctica, se puede comprar la “meritocracia”.

Este fenómeno, dice, estaría más acentuado en Argentina...
Porque no es tan selectiva la escuela, con lo cual las élites pueden lograr que sus hijos accedan a una posición de élite sin ser precisamente brillantes. En Francia, aunque vengas de una familia con muchos medios económicos, es el esfuerzo personal el que debe llevarte ahí.

El gobierno elevó su inversión en educación a más del 6 por ciento del PBI. Sin embargo, no parece observarse una mejora en la calidad educativa. ¿A qué le atribuye este problema?
Depende de cómo se distribuyen los recursos y cómo se controla este proceso. En Argentina, como en Francia, no hay capacidad de seguimiento del Estado del seguimiento de sus políticas. Los sistemas que han mejorado mucho, como Canadá o Inglaterra, a veces con críticas, han puesto muchos recursos para ver lo que se hace en la escuela y que los recursos vayan a quienes más lo necesitan. En Francia, el objetivo de las llamadas “zonas de educación prioritaria” era reducir el número de alumnos de 30 a 15, lo que cambia por completo la manera de enseñar. Pero por la manera en la que se distribuyeron estos recursos, apenas se logró una reducción de dos alumnos por clase, por lo cual no se produjo ninguna modificación relevante. Según entiendo, en Argentina también se observa una falta coordinación entre el nivel central y las provincias.

¿Por qué algunos países tienen miedos a medir resultados? Evaluar a los docentes es visto como una medida tecnocrática o neoliberal.
En Francia hay más estadísticas, pero pocas evaluaciones. Hay algunas evaluaciones a docentes, pero son poco frecuentes y no tienen ningún impacto real. Hay que encontrar una manera de ver qué están haciendo los docentes. En Escocia, los profesores se autoevalúan, y al nivel regional se examinan esas autoevaluaciones. Si ven que hay problemas, regresan a la escuela. Pero en general confían en su capacidad para que cuenten qué es lo que no está funcionando correctamente. No hay que desinteresarse en lo que sucede en la clase.

En cuanto a la política universitaria, nuestro país ofrece un acceso libre e irrestricto. Sin embargo, solo 3 de cada 10 logran terminar sus estudios. ¿No termina siendo en la práctica un sistema casi igual de exclusivo que los demás sistemas de la región?
Es una nueva similitud con Francia, donde las universidades públicas son gratuitas y la selección se realiza mediante el fracaso escolar. Observamos muchos fracasos en los primeros dos años, muchos cambios de carrera: hay una diferencia muy importante entre el número de estudiantes que entran y los que se gradúan. Sin embargo, hasta ahora ha sido imposible introducir algún tipo de selectividad, aunque sea una selectividad muy soft. Frente a este escenario florecen las universidades privadas, que copan las ferias universitarias donde intentan captar nuevos estudiantes por medio de diferentes estrategias de marketing. Los más atraídos son los estudiantes de clase media baja, que se acercan seducidos por la promesa de planes de financiamiento... pero lo cierto es que estas instituciones no les van a otorgar un diploma bien reconocido en el mercado de trabajo. La institución privada no es la solución, pero esto no quiere decir que no haya que transformar la educación pública. La universidad pública no selectiva está creando estrategias selectivas.

Brasil y Chile presentan exámenes muy difíciles al terminar el secundario o al ingresar a la universidad. ¿Es esa una posible solución?
El ejemplo de Brasil crea una situación muy paradójica. Dada la crucial importancia de los cursos particulares para el examen de entrada a la universidad, lo que supuestamente es un requisito meritocrático se convierte en una barrera social. De esta manera, los que fueron a un buen colegio en Brasil terminan accediendo a la universidad pública, mientras los pobres estudiantes que fueron a las escuelas públicas brasileras, terminan yendo a las instituciones privadas pagas. Las barretas meritocráticas han sido importante en un cierto momento de la historia, pero hoy es posible “comprar” la meritocracia.

Entrevista a Roy Hora, autor de Historia del turf argentino

por Federico Poore
Games Magazine, 10-03-2015

En Historia del turf argentino (Siglo XXI, 2014), el historiador Roy Hora estudió la manera en la que cambió el lugar de los poderosos en Argentina a través del prisma del mundo burrero. Pero la premisa llevó a un trabajo, por momentos, inesperado. A diferencia de la corriente académica en boga, Hora decidió colocarse lejos de lo que llama "prejuicios ideológicos de la izquierda o de lo nacional-popular". ¿El resultado? Una obra exhaustiva, que apela al académico pero también al estudioso público de las carreras, ese aficionado o apostador a mitad de camino entre el mundo de elite del siglo XIX (que el historiador desentrañó en trabajos anteriores) y el universo popular.

-¿Por qué un libro sobre turf?
-Es un tema importante en Argentina. Primero, porque este es el país del caballo, probablemente el país más ecuestre del mundo. Siempre hubo mucho interés por el caballo. A la vez, el turf es un lugar de encuentro de distintos universos sociales. Fue en el turf, en la pista, donde nació la figura del deportista profesional, mucho antes que en futbol. Entonces es un escenario interesantísimo porque tenés, por un lado, a las clases populares en un ámbito dominado por las clases altas y, a la vez, a las primeras estrellas populares de la sociedad de masas.

-Si bien el libro es crítico con ciertos rasgos elitistas que persistieron en el turf hasta bien entrada la década del  '30, usted también desecha las críticas moralistas. ¿Por qué adoptó esa línea de impugnar a aquellos que critican al juego "desde la moral"?
-Trato de no abrir un juicio moral. Lo que sí señalo es que el turf no fue analizado, en parte, por prejuicios ideológicos. Para los historiadores y para el mundo académico argentino de centroizquierda, izquierda o nacional-popular el turf es un problema... porque tenés a pobres y ricos, élites y masas bailando al mismo ritmo. Entonces la tentación primera de gente como nosotros es decir "no, las distintas clases populares no tienden a tener los mismos intereses y los mismos gustos ". Es siempre mucho más fácil mirar el conflicto que el encuentro. Después está la cuestión de la crítica moral. Ahí lo que detecto es que al comienzo prácticamente no hay impugnación moral porque el turf es parte de un proyecto civilizatorio. El turf nace para refinar a los caballos argentinos y eso forma parte de una ideología productivista más grande. Mejorar caballos no es trivial, no es solamente esta idea de que están para correr en una pista. Después, sí, se va a ir abriendo camino la idea de que sólo sirven para correr, pero la idea inicial del Jockey Club, su carta de fundación, es que tenemos que regenerar el caballo argentino. Por eso al principio es apoyado hasta por el Estado.

-Y por la Iglesia...
-Es que aquí tienen lugar dos grandes impugnaciones: la izquierda –los socialistas siempre lo impugnaron– y la iglesia. Pero la iglesia no levanta demasiado la voz porque los principales burreros son también grandes contribuyentes y el público que va también es muy católico. Entonces ¿cuándo surge la impugnación fuerte? Yo la vinculo con la consolidación de la presencia pública de las clases medias, y esto pasa más o menos en la década del '20 y del '30. Ahí es donde se consagra la figura del juego, uno lee la literatura de 1900 y aún no existían "jugadores". En los años '30 nace una crítica ya no desde el Estado, de si hay que mantener abierto el hipódromo, cuánto tiempo, cómo tiene que ser la apuesta. La impugnación en los barrios de clase media es más o menos así: "si alguien es jugador, en esa casa hay un problema". Ese es el argumento.

-Según cuenta, nunca fue muy burrero.
-No lo soy.

-¿Tiene amigos burreros? ¿Alguien al que le guste apostar?
-Mi suegro es burrero. Descubrí el tema por razones de la propia práctica profesional, pero también desde adentro a través de las cosas que me contaba mi suegro.

-¿Cuál es el propósito del libro? ¿Qué se propone, más allá de echar luz sobre este fenómeno?
-Una clave es quién lo va a leer. Sé que lo van a leer los académicos: están obligados, el mundo académico es muy chiquito. Después hay otros dos mundos más grandes, el de los burreros, y el de la gente que le interesa la historia del deporte, que no son los mismos.

-Casi que está fundando un mercado.
-Creo que sí. La gente del turf es muy intelectual. Estudia. Y sabe mucho, más que los futboleros, porque es fundamental para su hobby. El núcleo central de la apuesta gira en torno al cálculo de probabilidades, no es azaroso. Dignifico mucho a esa actividad popular, que siempre ha sido vista con desprecio, sobre todo desde la izquierda. Los apostadores ponen en juego destrezas intelectuales en un mundo popular.

Entrevista a Margarita Stolbizer

Margarita Stolbizer, candidata presidencial de SurGen
"Estaría bueno sacar 12, 15 por ciento en agosto"
por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 23-04-2015

La candidatura de Margarita Stolbizer viene a ocupar un lugar vacío ante la ausencia de candidatos no peronistas de centroizquierda. A medida que se acercan las elecciones de octubre, los votantes progresistas empiezan a quedarse sin opciones, ya que los principales candidatos son todos de centroderecha. Y algunos comenzaron a pensar que Stolbizer podría ser una alternativa a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa.
En una entrevista con el Herald en su local partidario, a metros del Congreso, la diputada del GEN dice que espera recibir el apoyo de kirchneristas desencantados y radicales opuestos al acuerdo UCR-PRO.


¿Cómo tomó el resultado de las primarias en Santa Fe?
Se trataba justamente de una elección interna, si bien terminó siendo la encuesta más firme, donde el candidato que apoyamos en el Frente Progresista, Miguel Lifschitz, ganó 70 a 30 por ciento la interna. Esto no implica no desconocer que, en la competencia candidato a candidato, Lifschitz queda por debajo de Miguel Del Sel, lo cual es un elemento preocupante. No sólo porque no nos va lo bien que pensamos que nos iba a ir, sino porque la posibilidad de que Del Sel pudiera ganar [la gobernación] sería un retroceso para la provincia. Pero hay otro aspecto que nadie ha señalado hasta ahora.

¿A saber...?
Los votos que saca [Antonio] Bonfatti. Es un dato muy relevador porque los que intentan analizar el otro resultado hablan de un desgaste de la gestión, hay un voto castigo... Pero si uno mira la boleta de Bonfatti estaba integrada por el gobernador, el segundo es su vicegobernador Jorge Henn, el tercero su ministro de gobierno Rubén Galassi. Es el gabinete. Y esa boleta saca 445 mil votos -sumados a los demás candidatos del Frente, 641 mil–... ¡y el PRO saca 188 mil! La diferencia es muy grande. Esto obviamente va a modificar nuestra estrategia de campaña: nuestra idea va a ser pegar a Lifschitz a Bonfatti para mostrar que es el heredero natural del gobernador.

Su argumento es que la buena elección a gobernador de Del Sel se apoya más que nada en su figura.
Totalmente. El voto es un voto a él. Hay que pensar también en el sistema electoral de Santa Fe, donde se destaca la fotito del candidato y el votante va detrás de la foto que conoce. Eso explica lo de Del Sel y también lo de Bonfatti, tiene que ver con sus niveles de popularidad. Lifschitz tiene niveles altos de desconocimiento sobre todo en la zona norte de la provincia, donde la diferencia [con Del Sel] se hizo más grande.

¿Espera brindarle un apoyo más explícito a Lifschitz de aquí a las generales?
Por supuesto, todo lo que esté a mi alcance. Pero el principal apoyo lo tiene que dar Bonfatti, el gran ganador de la elección de Santa Fe. No es tanto colgarse de ningúna otra figura presidencial.

Su lanzamiento se demoró unos días mientras se negociaron condiciones para que no pasara lo mismo que con UNEN. ¿Qué condiciones les planteó a los demás integrantes del frente?
Lo único que planté es que esto no es ni una candidatura de tipo personal ni dos espacios que se juntan. Es un grupo de referentes de la política, de la cultura, de la intelectualidad. Espero que eso se vea reflejado cuando se armen las listas. La gente necesita una opción progresista de centro-izquierda.

Además de centroizquierda su candidatura se ubica en el amplio espectro del no-peronismo. ¿O cree que hay votantes peronistas que pueden llegar a votarla?
Creo que puedo tener votantes peronistas. Lo especifico un poco más: hay gente progresista que en 2011 acompañó el proyecto de Cristina Kirchner y que hoy no se siente representado por Scioli como candidato. Pero incluso antes de Scioli ya había muchos defraudados: los que se emocionaron cuando Kirchner bajó el cuadrito de Videla en la ex ESMA no pueden compartir el manejo de la SIDE, la ley antiterrorista, o con Milani como jefe del ejército. Esperamos tener muchos de esos votantes.

Deme un anticipo de sus temas distintivos de campaña.
Vamos a intentar eludir aquellos temas en los que coincidan tres principales candidatos y tratar, en su lugar, otros temas. Hoy aparecen propuestas muy demagógicas y superficiales, desde el levantamiento del cepo hasta el cambio del impuesto a las ganancias. Necesitamos una reforma del sistema impositivo y un sistema de impuestos progresivos. Pero antes de discutir el destino de los recursos hay que discutir cómo hacer más justa la contribución.

Sergio Massa dijo que si es elegido presidente los sueldos de menos de 26.500 pesos no van a pagar Ganancias. ¿Está de acuerdo?
Hay que modificar el mínimo no imponible... pero yo estoy conceptualmente de acuerdo con el impuesto a las Ganancias. Hay que gravar más al que más tiene. No se pueden analizar medidas aisladas sino el sistema en su conjunto, analizando la posibilidad de imponer un impuesto a la herencia o a la renta financiera.

¿Qué piso espera tener en agosto?
Si estuviéramos en un 12, 15 por ciento estaría bien, pensando en crecer hacia octubre.

¿Ya pensó en alguien para candidato a vicepresidente?
No, pero me gustaría que fuera alguien que me complete desde afuera de la política. Por supuesto que hubo mucha especulación...

Se habló de Beatriz Sarlo...
No, nunca se me ocurrió ni jamás lo conversé con ella. No es bueno que sea una mujer porque no sería complementaria a mi candidatura.

¿Por qué cree que fracasó UNEN?
Se presentó demasiado prematuramente, sin haberlo madurado. Hubo un error en la estrategia: UENN se focalizó mucho en los cinco candidatos presidenciales, una cosa muy fotográfica con poco contenido. Por otra parte, veo una progresiva pérdida de convicciones, si un dirigente del GEN puede irse al PRO, da la impresión de que vale todo.

Luego del experimento fallido de UNEN, ¿no cree que está de vuelta en el punto de partida de cuatro años atrás? Una alternativa progresista, la del Frente Amplio Progresista, paralela a una alianza radical-conservadora...
Sí, pero nuestro compromiso frente a la derechización del sistema político es que la alternativa socialdemócrata se prolongue en el tiempo.

Incluso si no ganan este año.
Exactamente. Hay que plantar una bandera.

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Crédito de la foto: Mariano Fuchila 

Meter el juego en la campaña

por Federico Poore
El Diario del Juego, 04-03-2015

El titular del Frente Renovador Sergio Massa parece decidido a colar el tema del juego en la agenda electoral.

"Si se animan a los ferrocarriles estatales, ¿por qué no se animan a la estatización del juego? Necesitamos a los chicos en la escuela y en el deporte y no tirados en una esquina", dijo Massa ayer durante la inauguración de un jardín de infantes en Hurlingham.

No es la primera vez que lo sugiere: ya había lanzado idéntica propuesta el domingo pasado en su cuenta de Twitter, en lo que fue leído como una especie de chicana o contrapropuesta al anuncio de Cristina Kirchner sobre la estatización del servicio ferroviario.

No obstante, a pesar de los anuncios, Massa está lejos de tener un proyecto propio.
"Es algo que estuvimos discutiendo", dijo a este cronista el diputado massista Ignacio De Mendiguren. "Lo que busca Sergio es la opinión de los demás (líderes opositores)".

Ayer por la tarde, el ex titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) lamentó que esta movida mayormente política haya tenido "menor impacto al esperado" y cuestionó al jefe de gobierno porteño y candidato del PRO Mauricio Macri por su silencio.

"Necesitamos saber quién está a favor y quién no. Pero evidentemente algunos macristas son muy cercanos al juego".

Graciela Camaño, también diputada del Frente Renovador, explicó a este cronista que la idea de traer el tema a debate era una manera de exponer tanto al PRO como al Frente para la Victoria (FpV) ya que tanto la Ciudad como el gobierno nacional han firmado contratos directos o indirectos con operadores de juegos de azar.

"Deberías preguntarle a Macri sobre los contratos", dijo Camaño refiriéndose a la adenda del convenio mediante los cuales la ciudad recibe parte de las ganancias del casino flotante de Puerto Madero y las máquinas tragamonedas del Hipódromo de Palermo.

La jugada es más política que legal o legislativa. A diferencia de Macri o del gobernador bonaerense Daniel Scioli, sus principales rivales en la carrera presidencial, el ex intendente de Tigre podrá jactarse en público de no haber permitido nuevas salas mientras estuvo en el poder. La oposición le apuntará al Trilenium, el casino de Tigre, pero lo cierto es que la sala fue inaugurada en 1999 por Ricardo Ubieto, es decir que el casino ubicado entre el Tren de la Costa y el Puerto de Frutos ya llevaba ahí ocho años para cuando Massa llegó al municipio. (Por otra parte, como es sabido, la facultad de terminar o extender contratos con las salas de juego es facultad exclusiva de las provincias.)
Camaño justificó la propuesta de Massa sugiriendo que los casinos en Argentina alguna vez apelaron a un público de clase alta y tuvieron por objetivo distribuir sus beneficios a la ayuda social, pero que en los últimos años han aparecido un sinnúmero de las salas de bingo dedicadas a "esquilmar a los más pobres". Esta situación, argumentó, pide a los gritos la intervención del Estado.

Una movida difícil

Walter Martello, el ex titular de la Coalición Cívica (CC) en provincia de Buenos Aires y ahora parte del armado massista, admitió que impulsar la estatización del juego en Argentina es algo muy complejo.

"El tema es resolver la cuestión federal", dijo Martello, horas antes de asistir al programa Intratables para agitar el tema en televisión.

El juego es una de las facultades no delegadas de las provincias al poder central. El único ámbito donde existe una regulación federal es en el caso de las apuestas en el fútbol, el famoso juego de Pronósticos Deportivos (Prode). Esto significa que el Congreso de la Nación, donde revisten Camaño, De Mendiguren y el propio Massa, sólo pueden aprobar leyes que modifiquen el juego del Prode.

"Y esa es la parte más chica del negocio", dice Martello, que sugirió en cambio generar "un ente distinto" a Lotería Nacional.

Sin embargo, esto solo tendrá lugar "después de las presidenciales" en caso de que Massa sea electo, concluyó.

Chequeado a Santilli

Santilli: “El juego no lo maneja la Ciudad, nosotros no somos parte [del acuerdo firmado por Ibarra]”

por Federico Poore
Chequeado.com, 25-02-2015

El senador por el PRO aseguró que el juego no es competencia del Gobierno porteño. Sin embargo, la Ciudad es parte del acuerdo firmado con el Gobierno nacional en 2003, que fue sucesivamente renovado por la actual gestión.

Durante el programa “Intratables” emitido el 1° de febrero, el senador por el PRO, Diego Santilli, sugirió que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no tenía control alguno de los juegos de azar en territorio porteño. “¡Si el juego no lo maneja la Ciudad! ¡El juego no lo maneja la ciudad! Hay un convenio que viene de la época del jefe de gobierno [Aníbal] Ibarra, que sigue vigente, y es lo que está vigente… nosotros no somos parte [de ese acuerdo]”, dijo durante un intercambio con los panelistas del programa.

Sin embargo, la afirmación es falsa. La administración de juegos de azar es una facultad que la Ciudad reservó para sí en su Constitución. Además, existe (y funciona) un Instituto de Apuestas de la Ciudad creado por iniciativa de la Legislatura porteña. Si bien en 2003 un convenio firmado entre Lotería Nacional y el entonces jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, negoció el destino de lo producido por el juego, con el objetivo de ponerle fin a una guerra entre jurisdicciones que data de los primeros intentos de Ciudad de instalarse como ciudad autónoma, el macrismo nunca denunció ese acuerdo y hasta aprobó uno propio en diciembre de 2013.

El artículo 50 de la Constitución de la Ciudad aprobada en 1996 especifica que “la Ciudad regula, administra y explota los juegos de azar, destreza y apuestas mutuas, no siendo admitida la privatización o concesión salvo en lo que se refiera a agencias de distribución y expendio. Su producido es destinado a la asistencia y al desarrollo social”. De hecho, el Gobierno local maneja su propio Instituto de Juegos de Apuestas de la Ciudad, creado por la Legislatura en 2002 y que hoy dirige Néstor García Lira. Las atribuciones y funciones del organismo pueden consultarse en su sitio web.

Es cierto, como señala Santilli, que Ibarra firmó un convenio con Lotería Nacional para comenzar a recibir al menos una parte de lo que Nación recauda por el juego en territorio porteño. No menos cierto es que aquel acuerdo se hubiera caído si el macrismo lo hubiera denunciado, algo que no sucedió y podría haber pasado.

“Es muy simple. El convenio se renueva automáticamente cada cuatro años. Si una de las partes no quiere continuarlo, debe notificarlo fehacientemente a la otra con 120 días de antelación. A raíz de esto se desprende que el Gobierno de la Ciudad no ha tenido vocación de rescindirlo en más de una oportunidad desde que comenzó el actual mandato”, explicó a Chequeado Juan José Marc, director del sitio especializado El Diario del Juego.

Durante los dos mandatos del macrismo en la Ciudad se sucedieron hechos concretos en relación al juego que desmienten la frase de Santilli. En 2008, y como recuerda el propio Macri, el PRO impulsó la Ley 2.997 con el objetivo de comenzar a cobrar Ingresos Brutos al juego en territorio porteño. Los empresarios del juego fueron entonces a la Justicia, para litigar el cambio de condiciones en su actividad. La disputa llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en 2011 falló a favor de la Ciudad.

Cinco años más tarde, tras una propuesta del entonces líder de la bancada de legisladores PRO Cristian Ritondo, la Legislatura porteña aprobó una adenda al convenio vigente con los operadores de juego.

Macri argumentó entonces que a pesar del fallo de la Corte Suprema, una serie de cautelares le impedían el cobro efectivo del impuesto, por lo que era más conveniente arreglar un acuerdo por un monto menor, 3% de lo producido, pero que pudiera efectivamente recaudarse (ver acá y acá).

“Lo que hicieron Cristóbal López y [Federico de] Achával es decir: yo te pago voluntariamente un 3 por ciento de lo producido si me perdonás los ingresos brutos de todo lo producido hacia atrás, mientras que la Ciudad tampoco me cobra Ingresos Brutos hacia adelante mientras se mantengan las cautelares” que frenan el cobro, explica Andrés Gil Domínguez, que denunció el convenio en una causa que tramita la jueza Elena Liberatori.

En respuesta, Liberatori -titular del Juzgado Contencioso Administrativo N° 4- congeló la cláusula 3.2, apartado en el que el Gobierno porteño renunciaba a cobrar Ingresos Brutos al Casino Flotante y las máquinas tragamonedas del Hipódromo de Palermo. Sin embargo, la Sala I revocó la cautelar y hoy el convenio promovido por el Gobierno de la Ciudad está plenamente vigente, por lo que renunció a la potestad de cobrar los ingresos brutos.

En conversación con Chequeado, Santilli explicó que se había querido referir a las máquinas tragamonedas del Hipódromo de Palermo y no a todo el juego en la Ciudad. “Yo no quiero juego en la Ciudad, pero esa es mi posición personal. Yo estoy en contra del juego”, afirmó.

“No tuve tiempo de explicarlo en el programa -dijo el senador PRO-. A lo que me quise referir, que no estaba bien explicado, es que la Ciudad tiene un convenio que no nos está permitiendo cobrarle ingresos brutos. Es un tema complejo. La Ciudad tiene una pseudo-coparticipación, que entra como compensación [a que el juego en la Ciudad es manejado por Lotería Nacional]. Y lo que planteamos con [el entonces presidente del bloque de la Coalición Cívica en la Legislatura Enrique] Olivera para subsanar [esta situación] era cobrar ingresos brutos”.

Judge kicks Media Law to next gov’t

por Federico Poore
Buenos Aires Herald, 05-02-2015

Media group’s star journalist get key injunction buying time for conglomerate, this time for good

It’s over. President Cristina Fernández de Kirchner will not be able to split up the Clarín Group before she steps down from office.

Judge Pablo Cayssials yesterday issued an injunction freezing the forced divestment of the country’s largest media conglomerate, as ordered in October by the AFSCA media watchdog, following a claim by a number of the group’s journalists.

The judge even resorted to biological imagery to stress that the legal feud between the government and the country’s largest media conglomerate is only getting started, saying the case was still in the “larval stage.”

The AFSCA, led by Martín Sabbatella, “began the forced divestment process... without a previous notice that would have allowed the affected group to comment on it,” the judge said. That means resolution 1121/14 “may affect the freedom of expression” of the journalists who filed the lawsuit requesting the injunction.

This is the second preliminary injunction granted to the media group led by CEO Héctor Magnetto: a similar one was issued in November by Civil and Commercial Judge Horacio Alfonso. Both measures make clear that AFSCA will not be able to move forward with the appraisal of Clarín’s licences and the call for tenders for its excess licences.

“Anyone following the case would have been able to see, from the very day Sabbatella told reporters he was moving forward with the forced divestment of Clarín, that this would lead to a long legal battle,” media expert Martín Becerra told the Herald.

The ruling

The first thing Judge Cayssials did was to accept Julio Blanck, Nelson Castro, Jorge Lanata, Magdalena Ruiz Guiñazú and other popular Clarín Group journalists as plaintiffs. It was a controversial move, because they were calling to suspend the media watchdog’s resolution on the grounds that the media outlets they work for could change hands. But as AFSCA had argued in its response to the original demand, the law does not grant the right “to choose a specific employer.”

“What’s interesting about this is that these journalists base their case on defending the legitimacy of the Media Law, saying the government is violating its spirit... when we all believed that they — Magdalena (Ruiz Guiñazú) for example — were actually against the very letter of the law,” Becerra said.

The judge also pointed out yesterday that the media watchdog appeared to change its mind half-way through Clarín’s voluntary divestment process — which in turn had begun after the Supreme Court deemed the Media Law constitutional in October 2013.

Even though at first AFSCA “acknowledged it was trying to favour the implementation of the voluntary (divestment) plans... it began the forced divestment process” of Clarín’s excess licences on October 8, 2014 without proper notice, the ruling explained.

His preliminary injunction, the magistrate concluded, seeks to avoid the “irreversible harm” that would result from selling Clarín’s licences, whether one counts the 237 that AFSCA claims the conglomerate holds or the 158 the group recognizes as its own. The move — a logical part of the forced divestment process as set by the law passed in 2009 — includes taking the case to the National Appraisal Tribunal (in order to put a value on the affected assets) and a call for tenders for the excess licences.

What’s Next?

Hours after the ruling was known, the media watchdog issued a news release in which Sabbatella spoke about the historical perspective, seemingly acknowledging the case would be long.

“History will remember (the judges who provided the injunctions) as employees of political and media powers who used twisted legal arguments to guarantee impunity and privilege to media monopolies,” the AFSCA chief said.

The national government may now call to join two cases together as it challenges the preliminary injunction — but the last stop of this train is the Supreme Court.

In other words, yesterday’s decision was the last nail in the coffin for those who wished to witness a quick implementation of the anti-trust mandates of the Broadcast Media Law.

The president’s anti-trust dreams — shared by many non-Kirchnerite activists — have come to an end, this time for good. At least for her administration.