Entrevista a Santiago O'Donnell

"Algunos utilizaron la Embajada para debilitar al Gobierno"

El periodista Santiago O’Donnell habla sobre ArgenLeaks, el libro en el que expone los discursos de políticos y empresarios locales en la embajada de Estados Unidos.

por Federico Poore
Debate, 30-09-2011


Santiago O’Donnell, editor de temas internacionales de Página/12, acaba de develar algunos secretos. Tras combinar olfato periodístico, contactos propios y buena suerte obtuvo una exclusiva con Julian Assange, el hombre que sacudió los cimientos de la diplomacia internacional como editor y portavoz de WikiLeaks, y consiguió que la organización le cediera más de dos mil cables desclasificados del Departamento de Estado relacionados con la Argentina. Con ellos escribió ArgenLeaks.
En diálogo con Debate, O’Donnell revela los detalles de su encuentro con Assange -es el único periodista argentino que ha tenido contacto personal con él- y el contenido de algunos de los informes de la embajada de Estados Unidos. Desde su bar favorito en Constitución, insiste en mostrarse crítico con la “lectura parcial” que los diarios hicieron de los cables que se fueron filtrando y espera que su libro los aliente “a mostrar un poco más”.

¿Cómo hizo para conseguir una cita con el hombre del año?
Digamos que yo los busqué a ellos tanto como ellos me buscaron a mí. Estaba cubriendo las elecciones en Brasil y noté que había una periodista que publicaba WikiLeaks pero que no era parte de los diarios que tenían un convenio con la organización. Como me llamó la atención que una freelance publicara los cables, me contacté con ella y fui contactándome con la gente de WikiLeaks.

¿Es cierto que recibió los cables en un castillo inglés?
Sí, llegué ahí de una manera medio de novela de espías. Me tomé un avión hasta Londres, luego tuve que llamar a alguien en Brasil que se comunicaba vía chat encriptado con la gente del castillo, desde allí avisaron que me tomara tal tren y me bajara en tal lugar. Todo muy divertido y adrenalínico... Cuando llegué a Ellingham Hall me sentí muy tonto, porque todo el mundo sabía donde estaba, de hecho figura en Google, lo podés buscar.

Ahí tuvo lugar el encuentro con Assange.
Cuando lo vi no lo podía creer. Llegué una tarde que hacía mucho frío, le dije que quería escribir sobre él y sobre su persona. Me sirvió café y unas galletitas y me dijo: “Mi vida no es importante, lo que importa es lo que hago y lo que digo”. Le expliqué que una historia había que contarla a través de un personaje, es un poco el diálogo que reproduzco en el libro. Durante mi visita firmamos un contrato, me dio el pendrive y me fui. A la noche, en el hotel, tenía miedo de que viniera un espía, me envenenara el trago y se quedase con la información, así que me quedé toda la noche durmiendo con el pendrive en el bolsillo. Al día siguiente di un paseo, me tomé el avión y me volví. Ya en Buenos Aires me dieron la clave para desencriptar los documentos y cuando vi lo que tenía quedé impresionadísimo. Varias veces había obtenido documentos del Departamento de Estado americano a través de la Ley de Libre Acceso a la Información de Estados Unidos, pero era un esfuerzo que llevaba muchos meses. Pensaba que ya con una docena de documentos más o menos tenía una mina de oro, hacía un montón de tapas, y de repente me encontré con dos mil quinientos documentos. Me parecía buenísimo.

¿De qué tratan los cables de la embajada de Estados Unidos?
Cuentan una historia que a la gente le interesa. No sé si porque es chismosa, porque le importan las relaciones bilaterales o porque quiere saber qué hacen los poderosos en la embajada. La factura y calidad de los cables me parecieron muy variadas, aunque los funcionarios norteamericanos son irónicos, tienen sentido del humor y hacen muchos chistes en los subtítulos.

Algo que queda claro es que distintos grupos van allí por distintos motivos. Ciertos dirigentes opositores, por ejemplo.
Mucha gente de la oposición en algún momento utilizó la embajada como un lugar donde hacer política y debilitar al Gobierno. Otros no. La senadora María Eugenia Estenssoro, por ejemplo, decía que si un gobierno estaba débil y la embajada lo criticaba podía caer, y eso no era bueno para la Argentina. Pero políticos como Mauricio Macri o Ernesto Sanz pensaban que la embajada no criticaba lo suficiente al Gobierno, y creo que una lectura de los cables demuestra que la relación entre el Gobierno y Estados Unidos era mejor y más fluida de lo que mucha gente pensaba.

Generó cierto revuelo la visita de Sergio Massa, cuando se despachó contra Néstor Kirchner y lo llamó un “perverso”.
Varios ex ministros usaron la Embajada como confesionario. Algunos lo hicieron con más elegancia, pero Massa me sorprendió porque fue más agraviante hacia el matrimonio Kirchner que el más acérrimo opositor. Aunque esto lo veo desde un aspecto más personal: cada uno es lo que es y en estos cables se muestra mucho más, porque uno allí piensa que no lo graban y entonces se explaya de una manera un poco más sincera que en otras circunstancias públicas.

¿No le llamó la atención cierta sobreactuación de los funcionarios del gobierno nacional en el diálogo con los norteamericanos?
En todo caso, deja la duda de si sobreactúan en la embajada, sobreactúan en la Rosada, o sobreactúan todo el tiempo. O si simplemente son heterodoxos que admiran a Estados Unidos. Aunque por otra parte en lo más alto del Gobierno también vociferaban: es muy común en América Latina, en épocas electorales, hacer campaña en contra de Estados Unidos. Pero la buena relación es histórica, lleva ya treinta años. Desde el retorno a la democracia hay buenas relaciones, con sus altos y bajos.

¿Qué pensaba mientras escribía el libro?
Traté de no priorizar las consecuencias públicas de lo que escribía. De hecho me parecía suficientemente difícil editar y dar una imagen de lo que pasaba en la embajada como para ponerme a pensar qué significaba todo eso.

De todas maneras, entre los miles de cables y el producto final hubo un necesario proceso de selección, si bien más amplio que el que hicieron los diarios.
Tengo criterios políticos pero traté de privilegiar el criterio periodístico: pensar qué es de interés para la mayor cantidad de gente posible y que la ficha caiga donde tenga que caer. Es mi respuesta a esta “batalla” que se está dando: me parece que el periodismo no tiene que tomar parte en la batalla sino aportar elementos para que el debate se pueda dirimir de la manera más informada y virtuosa posible.

¿Cómo se logra eso?
Creo que alguien tiene que mostrar para que después la gente se pueda pelear con elementos importantes. Si nadie muestra nada, la pelea termina siendo una guerra de clisés, eslogans y discursos huecos. La discusión es más rica si se da en base a información. Ahí tiene que estar el aporte. Si todos somos los iluminados que le dicen a la gente lo que tiene que pensar y nadie se ocupa de exhibir o producir información, el debate público se empobrece.

¿Puede ser ése uno de los efectos provocados por WikiLeaks, que deje de tener sentido ocultar información al público?
Sí, aunque por ahora se sigue haciendo. WikiLeaks sostiene que la transparencia es igual al bien, que es mejor a lo no transparente. Es una ideología muy radical, no la suscribiría. A veces la discreción y el secreto sirven para algunas cosas, pero me parece que lo de Assange es una respuesta a un mundo donde hay demasiados secretos y donde muchas cosas se ocultan con la excusa de que a la gente no le hace bien saberlas. Es bueno que aparezca algo que cuestione este principio.

De alguna manera, los medios tradicionales siguen siendo los gatekeepers que regulan y jerarquizan todo ese torrente de información.
Todavía. No sabemos por cuánto tiempo más. En mi caso, antes que “ordenar” los informes me parece mucho más relevante publicar el cable de Héctor Magnetto, que no lo publicó El País, Clarín ni Página/12. Me parece que ese cable, por lo que cuenta, vale el libro entero. Para mí el libro no está vendiendo por jerarquizar los cables sino por tener aquéllos que los diarios no mostraban. De alguna manera, fueron los mismos diarios los que vendieron el libro.

¿Piensa que del enfrentamiento entre la radicalización de WikiLeaks y el exceso de secretos de los gobiernos puede salir una síntesis superadora?
WikiLeaks interpela al poder desde ese lugar.

En suma, ¿cuál cree que es el aporte que hace con ArgenLeaks?
Todos los periodistas sabemos muchísimo más de lo que contamos. Nunca cuento todo lo que sé porque no me atrevo y no estoy dispuesto a pagar el costo. Pero creo que al mostrar un poquito, mostré lo mucho que no muestran los medios. Si esto los alienta a exhibir un poco más y bajarse un poco de la otra política, sería una línea de contribución. Así al menos podemos empezar a abrir un debate sobre el “periodismo militante”, y qué se pierde y qué se gana con esa nueva tendencia.

Entrevista a Ramón Mestre

"La UCR no puede transformarse en un partido testimonial"

Ramón Mestre, intendente electo de Córdoba, anticipa cómo será su relación con el gobierno nacional y reflexiona sobre el futuro de su fuerza luego de las elecciones.

por Federico Poore
Debate, 30-09-2011

Con apenas 39 años, acaba de ser electo intendente de la segunda ciudad más grande del país. Su triunfo en Córdoba terminó de consagrarlo como una de las figuras más importantes del radicalismo y fue exhibido por varios dirigentes para mostrar que el partido puede mejorar sus números nacionales en octubre.

En medio de las discusiones generadas por los candidatos que se alejan de Ricardo Alfonsín, Mestre recibió a Debate en su despacho del Senado para hablar de la figura presidencial del partido, la “necesaria renovación” de la UCR y el trato que tendrá su intendencia con el Ejecutivo nacional.

¿Qué balance hace de las primarias?
La Presidenta ha hecho una elección muy buena, contundente. Fue un triunfo muy importante. Estaría faltando a la verdad si no dijera las cosas de esta forma.

¿Y la performance del partido?
En relación al radicalismo, tenía más expectativas: creí que nos iba a ir mejor. Pero el 23 de octubre no es solamente una cuestión formal donde ya está consumado el triunfo de la Presidenta. El radicalismo tiene la gran oportunidad de expresar sus ideas, plantear un equilibrio en relación al actual proyecto político y, sobre todo, sostener que, más allá de las diferencias que uno pueda tener, necesitamos que exista un proyecto alternativo. Creo que Ricardo Alfonsín está en condiciones de expresarlo.

¿No ve un alfonsinismo en retirada?
No, todavía estamos en pleno proceso electoral. Evidentemente, después del resultado de las internas alguno puede llegar a creer que hay una situación compleja para su candidatura, pero en lo que a mí respecta, voy a hacer un gran esfuerzo para que triunfe en Córdoba. Después son otras las explicaciones que tendrán que dar el partido y el candidato, y quienes han venido planteando este esquema a nivel nacional.

¿Disiente con la decisión de los candidatos a gobernador Roberto Iglesias y Atilio Benedetti de despegar su boleta de la de Alfonsín?
Son situaciones muy particulares, muy locales, que, como no las conozco, no corresponde que opine.

¿Va a votar a Alfonsín en octubre?
Sin dudas, ya que estamos trabajando orgánicamente dentro de la Unión Cívica Radical. Cuando triunfamos en Córdoba, planteamos, como sugerencia a todos los dirigentes, que se siga discutiendo la posibilidad de ser alternativa. Les explicamos que nosotros no ganamos por casualidad, sino que fue producto de un enorme esfuerzo, con un proyecto que se forjó en la derrota, pero sobre la base de la renovación partidaria. Si no existe la posibilidad de abrevar en las fuentes, de ir a los barrios, de plantear cómo resolver necesidades, es muy difícil que se pueda vertebrar una alternativa a nivel nacional. Si queremos tener posibilidades en octubre, deberíamos tener esta actitud. Y si no tenemos la posibilidad, ésta es la base para el futuro. Porque, evidentemente, somos un partido nacional y popular. Al tener diputados, senadores, intendentes y muchos sectores que acompañan al partido a nivel nacional, contamos con ventaja respecto de otros partidos a la hora de instalarnos como alternativa. El radicalismo tiene que trabajar en estas cosas, aunque ahora no sea el tiempo de profundizar la autocrítica. El 23 de octubre espero que festejemos, en vez de autocriticarnos, pero no puedo dejar de reconocer la situación actual.

¿Piensa que hubo un error al elegir las alianzas o en dejar ir al socialismo?
Todo eso es para después del 23. Ahora hay que concentrarse en el esfuerzo que vamos a hacer, por ejemplo, en Córdoba, para aportarle a Alfonsín la mayor cantidad de votos.

En diciembre el radicalismo renovará sus autoridades. ¿Qué perfil deberá tener su nuevo conductor?
El requisito número uno es la vocación de poder. El radicalismo no puede transformarse en un partido testimonial, donde algunos se intentan arrogar los cargos, ocupando un espacio para beneficio personal, en lugar de tomar la decisión de conducir un gobierno local, provincial y, por qué no, nacional, que es nuestro principal objetivo. Lo que hicimos en estas circunstancias tiene que ser un ejemplo. Para muchos es más fácil quedarse en el Senado de la Nación: para mí es un gran desafío y una enorme responsabilidad ir a recuperar mi ciudad. Ésta tiene que ser la combustión necesaria para que el radicalismo vuelva a generar esta vocación de poder.

¿Tiene algún candidato en mente?
Todavía no, pero existen dirigentes muy importantes a nivel nacional, como Ernesto Sanz. Ahora, cuando pienso en un perfil, me refiero al tipo de personas que tienen que encarnar esta situación singular de renovación partidaria. Que no es generacional, porque hay muchos que no han ocupado espacios y tienen ya muchos años de militancia, pero sería bueno que también los ocupasen.

¿Está pensando en alguien en particular?
No, no.

¿Qué figuras de su generación rescata dentro del radicalismo?
Muchas: el vicegobernador de Santa Fe, Jorge Henn; el intendente de Santa Fe, José Corral; el diputado Guillermo Galván en La Rioja… Todos ellos pueden ser esto que estamos planteando. También destacaría al senador José Manuel Cano en Tucumán, el senador Mario Cimadevilla en Chubut, el senador Luis Naidenoff en Formosa. Son varios los dirigentes que no han tenido posibilidad de tomar decisiones concretas y que son, al fin y al cabo, quienes tienen que empezar a ocupar estos espacios.

¿Qué papel cree que puede tener Julio Cobos en esta nueva etapa?
Tengo entendido que ha dispuesto dejar la actividad por un tiempo, me parece que hay que respetarlo. Lo cierto es que no hablé con él sobre estos temas.

¿Cómo ve el futuro del radicalismo?
Tenemos que esperar la elección. Después seguramente vamos a profundizar el debate y las acciones que hay que tomar hacia adelante. La sugerencia es seguir luchando, seguir discutiendo, pero sobre la lógica de ir impulsando la renovación.




¿En qué estado se encuentra la ciudad 
de Córdoba?
Sin dudas será un desafío importante poder gobernar la ciudad después de tres gestiones desastrosas. A pesar de ser la segunda ciudad de la Argentina, la falta de políticas, de un plan de gobierno y de un equipo ha ido generando una ruptura en las políticas de continuidad que se habían llevado a cabo desde 1983 a 1989. Hoy la situación de Córdoba es caótica, no solamente en lo que tiene que ver con los servicios, sino también con problemas estructurales en relación a desagües, cloacas, gas, vivienda, la mejora de la red vial, las necesidades de transporte. En fin, la ciudad tiene muchísimos inconvenientes y va a haber que hacer un esfuerzo muy grande para recuperarla y reconstruirla.

Días atrás manifestó su intención de trabajar “codo a codo” junto al gobierno nacional. ¿Qué tipo de relación busca tener?
Aquélla que signifique defender los intereses de Córdoba de la manera más inteligente posible. Queremos un diálogo con el Gobierno que permita mejorar las condiciones de la ciudad.

¿Cómo cree que se viene dando esta relación, teniendo en cuenta que existen proyectos comunes como el subte y los planes de vivienda?
Hasta ahora ha sido mal utilizada, fundamentalmente por las actuales autoridades municipalidades, que no tuvieron capacidad de gestión ni han aprovechado los recursos, planes y herramientas que el gobierno nacional dispone. Nosotros demostramos en Córdoba, donde gobernamos 180 municipios, que los intendentes pueden tener una excelente relación tanto con el gobierno provincial como con el nacional.

¿Cree que existe un trato diferencial del Ejecutivo nacional con los “radicales K”?
No conozco en profundidad su relación con el gobierno central, pero desde Córdoba vamos a trabajar para tener diálogo más allá de cómo sea la relación de la Presidenta con los demás gobiernos.

Luego de su triunfo dijo que quería reunirse con Aníbal Fernández. ¿Ya tiene fecha 
el encuentro?
Todavía no hemos tenido la posibilidad de conversar, pero siempre es bueno un diálogo institucional. Sería óptimo para trabajar en los temas comunes.

Entrevista a Martín Sabbatella

"La oposición existe, pero nadie la elige"

Martín Sabbatella, candidato a gobernador de Buenos Aires por Nuevo Encuentro, analiza la performance de
su fuerza en las primarias y el escenario de las generales.

por Federico Poore
Debate, 23-09-2011


El diputado Martín Sabbatella está conforme. Su partido obtuvo un caudal de votos parecido al de 2009 y Cristina Kirchner, su compañera de boleta en la colectora que lo llevó como candidato a gobernador, arrasó en las PASO. Pero el resultado de las primarias también dejó fuertes debates internos, como el que se dio tras la decisión del partido de retirar las candidaturas en Vicente López y Malvinas Argentinas para evitar que, en esos distritos, gane “la derecha más explícita”.
En medio de estas semanas agitadas, Sabbatella recibió a Debate en las oficinas porteñas de Nuevo Encuentro para charlar sobre el clima electoral, sus críticas al gobernador Daniel Scioli y la figura de Gabriel Mariotto.

¿Cómo tomó los resultados del 14 de agosto?
El primer balance es de profunda alegría, de muchísimo entusiasmo por el resultado, porque implica un apoyo masivo al rumbo que vive la Argentina. Sentía el acompañamiento a Cristina, pero verlo todo junto en las urnas, con ese resultado, da muchísima fuerza. Creo que es un fuerte respaldo con la seguridad de que Cristina expresa el mejor camino para defender lo hecho y seguir recorriendo los temas pendientes.

¿Qué lectura hace del resultado que obtuvieron las fuerzas de oposición?
Quedó claro que esa oposición no tiene propuestas y que perdió la brújula. Hace dos años que viene anunciando crisis que no fueron: fin de ciclo, finales abruptos, apocalipsis... De hecho, no sólo imaginaron este escenario sino que hicieron un esfuerzo para conseguirlo, trabando proyectos como el presupuesto y queriendo convertir el Congreso en un bufet de intereses corporativos. La oposición invitó a la Argentina a retroceder y la amplia mayoría de la población le dijo que no. Después de las elecciones tuvo lugar una reacción del tipo manotazo de ahogado. La primera semana hablaron de fraude; la segunda, de cambiar las reglas del juego con la boleta única. Su preocupación es oponerse a este rumbo, de la misma manera que Graciela Camaño el año pasado clausuró los debates a las trompadas en el Congreso. Es la desesperación evidente de quienes no tienen idea de cómo construir una propuesta.

El último resultado electoral, ¿es mayor mérito del Gobierno o falla de la oposición?
Uno de los argumentos del establishment consiste en decir que Cristina logró este resultado porque no tiene oposición, pero la hay y para todos los gustos: Mauricio Macri, Francisco de Narváez, Pino Solanas, Hermes Binner, Lilita Carrió… Por lo tanto, no es que no haya oposición: la hay, pero nadie la elige. Lo que sí existe es una amplia valoración de lo que significó Néstor Kirchner, de lo que significa Cristina y de que la Argentina empezó a cambiar su paradigma, recuperando el rol del Estado y construyendo una sociedad de derechos. Es indiscutible que hay un país que avanza y eso es lo que la sociedad valora.

¿Cree que en octubre Cristina puede llegar a obtener más votos que en las primarias o asume que sacará un porcentaje parecido?
Con “parecido” estamos bárbaro (risas).

¿Cómo evalúa la performance de su fuerza en la provincia de Buenos Aires?
La participación de Nuevo Encuentro nos tiene muy entusiasmados, teniendo en cuenta que para las fuerzas emergentes siempre son más complicadas las elecciones ejecutivas. Estamos contentos con el resultado porque obtuvimos una plataforma importante que nos permite encarar una segunda etapa el 23 de octubre con una fuerza política que tiene que seguir creciendo.

Su partido obtuvo un porcentaje de votos casi idéntico al de 2009. Puede haber alegría, como usted decía, por el piso mantenido, sobre todo tratándose de una elección ejecutiva, pero existe la sensación de que tampoco creció.
Es evidente que el impacto de las políticas nacionales generó beneficios en términos electorales al conjunto de los oficialismos, y que dentro de esta mejora en la calidad de vida que uno palpa todos los días es difícil diferenciar qué tiene que ver con el gobierno nacional, el provincial o el municipal. Hay algo de eso en el resultado. Pero creemos que la fuerza sigue creciendo y que dio un paso importante. En cambio, las propuestas que invitaban al fracaso, como el caso De Narváez, retrocedieron, y opositores con otros perfiles, como Margarita Stolbizer, también fracasaron. De Narváez sacó la mitad de los votos que en 2009 y Stolbizer, un cuarto. Un escenario donde los que invitaban a retroceder no obtuvieron aceptación popular permite votar pensando en los debates que vienen.

¿Cuánto pesó el “efecto Mariotto” en el resultado obtenido por Daniel Scioli? ¿Cree que pudo haberlo perjudicado, te
niendo en cuenta que el perfil de Ma
riotto tiene puntos de contacto con el suyo?
Tengo un gran respeto y una muy buena relación personal con Gabriel, pero creo que el rumbo de un gobierno lo pone la cabeza del Ejecutivo. ¡Y por suerte es así! No me imagino qué hubiese pasado al revés con Julio Cobos como vicepresidente. La realidad es que la cabeza sigue siendo quien determina las políticas. Por eso, más allá de la valoración y las coincidencias que tengo con Gabriel, sé que su lugar no cambia el rumbo ni el perfil del gobierno provincial. Scioli se sabe acomodar a los vientos que soplan: hoy el viento lo hace Cristina y eso nos da tranquilidad a muchos, el tema es cuando le toca soplar a él. Él mismo explica cuáles son nuestras diferencias cuando reivindica el triunfo de José Manuel de la Sota, festeja la victoria de Miguel Del Sel o llama a Carlos Menem para felicitarlo por el fallo de la Justicia.

¿Cómo justificó el partido la decisión de bajar sus candidaturas en Vicente López y Malvinas Argentinas?
La verdad es que hubo mucho debate y las decisiones las tomamos en el plenario de la militancia de cada distrito. Estuve allí cuando se planteó que teníamos que hacer el mayor de los esfuerzos para que la derecha explícita no gane en Vicente López ni en Malvinas. Fue cero mezquindad porque nuestra fuerza es muy crítica del gobierno de Enrique García y porque lo que ordenó la decisión fue el deseo de evitar la victoria del macrismo y no un acuerdo con el gobierno municipal.

En San Martín, su partido quiso bajar las listas que llevan a Graciela Elguer como candidata, pero el Partido Solidario decidió mantenerlas. ¿Esto es así?
Nuevo Encuentro no tomó una decisión como tal, ya que en San Martín somos un espacio de muchas fuerzas políticas. Hubo distintas opiniones y no se llegó a una síntesis, ni siquiera hacia el interior de nuestro propio partido, por lo que la conclusión fue no retirar la lista.

¿Siguen firmes las candidaturas en Morón y en Ituzaingó?
Y en todo el resto. Los únicos dos lugares donde retiramos las listas son Vicente López y Malvinas.

Imaginemos por un segundo que Daniel Scioli de pronto aparece en las encuestas en empate técnico con Francisco de Narváez. ¿Consideraría bajar su candidatura a gobernador?
Entiendo la pregunta, pero no va a suceder. El 14 de agosto demostró que eso es imposible. Si hubiese habido una paridad, Nuevo Encuentro se habría sentado a debatir qué hacer. Pero hoy todos tenemos la tranquilidad de que esa derecha no va a avanzar y podemos votar pensando en darles fuerza a los debates pendientes.

¿Cómo se mantiene la autonomía en un contexto tan polarizado?
La identidad de Nuevo Encuentro es también la pertenencia a este rumbo y a esta tradición política. Nosotros somos una fuerza política autónoma en términos de organización y estructura, pero no somos independientes del universo de ideas que gobiernan la Argentina. Uno es lo que hace cuando le toca actuar: ése es nuestro rasgo de identidad.

Retrospectivamente, ¿cree que hubiese sido una mejor idea desembarcar en Capital y crecer allí antes de lanzarse a la gobernación de la provincia, un terreno más complejo y con otro perfil electoral?
Estamos en todo el país con distintos niveles de desarrollo en función del momento en el que empezamos. En Capital hemos sido parte del frente que impulsó la candidatura de Daniel Filmus y Carlos Tomada mediante una lista que encabezó Gabriela Cerruti con un muy buen resultado. En la provincia seguimos siendo una fuerza nueva que es parte del debate que vive el país, que está construyéndose al calor de este momento.

¿Es posible crecer con esta estrategia?
Hay que lograr anclar territorialmente estos procesos de transformación en cada uno de los municipios y creemos que éste es el mejor momento para hacerlo. El contexto nacional y regional ofrece una oportunidad histórica para ponerlos a la altura de estos debates.

Si le llegasen a ofrecer un cargo concreto dentro de la estructura del Estado, ¿lo aceptaría?
El partido tiene un fuerte compromiso con este rumbo de la manera que sea, pero de darse no sería una discusión personal. El análisis lo tiene que hacer la fuerza en función del contexto y de si significa la construcción de un espacio donde nuestro partido está invitado o si se trata simplemente de personas. Yo actúo en el marco de lo que decida la fuerza.