Entrevista a Oscar Martínez

"Los sindicatos de base son experiencias importantes, pero aisladas"

El sociólogo Oscar Martínez analiza el caso Sobrero y la aparición de organizaciones por fuera de los sindicatos tradicionales.


por Federico Poore
Debate, 07-10-2011

La detención y posterior liberación del dirigente ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero generó un sacudón social en la relativa calma previa a las elecciones. Más allá de sus consecuencias políticas, el episodio puso de manifiesto las complejas relaciones que existen entre los sindicatos tradicionales y las organizaciones de base que tomaron fuerza en los últimos años.
Oscar Martínez, codirector desde 1990 del Taller de Estudios Laborales (TEL), un organismo interdisciplinario de investigadores, asegura que experiencias como los cuerpos de delegados y las comisiones internas son “importantes pero aisladas”. Su crecimiento, sostiene, dependerá de su relación con los sindicatos y de entender que “no pueden pelear contra todos los enemigos al mismo tiempo”.

¿Qué análisis hace del caso Sobrero?
En ferroviarios hay una movida muy interesante, de la cual Sobrero es parte, que ya lleva varios años de lucha y ha ganado algunas seccionales. Pedraza no está solo en la Unión Ferroviaria. En este marco, su detención es muy preocupante. La comparación va a sonar exagerada, pero en un punto puede ser una suerte de Puente Pueyrredón judicial. Así como los asesinatos de Kosteki y Santillán fueron un intento de quebrar la resistencia, y les salió mal, creo que lo que se intenta con el “Pollo” Sobrero es quebrar las organizaciones de base en función de las estrategias patronales. La denuncia era absolutamente inconsistente: una causa inventada.

¿Cómo llegó a construirse esa experiencia dentro de la Unión Ferroviaria?
A partir de una labor muy cotidiana. Estas “construcciones de base” requieren años y se realizan casi en la clandestinidad, en secreto. Lo cierto es que si en tu lugar de trabajo intentás hacer algo y te echan no existe la democracia sindical. Inclusive reconociendo que este Ministerio de Trabajo ha sido más progresista que otros, las empresas desconocen por completo las órdenes de reinstalación.

Sus informes destacan que el fenómeno de la tercerización a menudo genera divisiones entre trabajadores. ¿Podría ampliar esta idea?
Todo proceso de tercerización y de flexibilización -agencias de trabajo eventual, falsos monotributistas- tiende a crear divisiones. Pero la experiencia del subte y de camioneros le ha mostrado a un sector del movimiento obrero que conviene estar encuadrado en el sindicato principal, donde corresponde por la empresa madre. Uno lo ve en sectores estatales, de bancarios, metalúrgicos, donde los tercerizados intentan ser encuadrados en el sindicato que tiene más beneficios.

Pero, ¿cómo son recibidos por los trabajadores ya encuadrados?
Lamentablemente, muchas veces se los ve como ajenos. Uno de los grandes desafíos del movimiento obrero pasa por poder romper esta división. En más de un encuentro del Taller de Estudios Laborales hemos visto a compañeros muy honestos, muy combativos, que decían: “Ah, pero ésos son los de limpieza”. Naturalizan esta división. En casi toda la estructura productiva el setenta u ochenta por ciento de los trabajadores son jóvenes, con poca experiencia sindical y laboral, y todos estos fenómenos son vividos como naturales. Ahora, ¿cómo quebrás esta naturalización? Depende de qué buscás. ¿Que dejen de ser tercerizados y que pasen a ser de planta? ¿Que sigan tercerizados pero que al menos estén bajo el mismo convenio? En esto no hay recetas.

¿Son válidas las acusaciones de complicidad entre el Gobierno y la llamada “burocracia sindical”?
Lo primero que hay que destacar es que la CGT y el Gobierno no son lo mismo. Porque el Gobierno no lo quiere a Hugo Moyano, y porque el moyanismo tiene en claro que el movimiento obrero -desde su concepción de movimiento obrero- necesita autonomía. En ese marco, tal vez a ninguno de los dos le caigan muy simpáticas las organizaciones de base, pero tampoco podemos igualar: una cosa es lo que hace Moyano y otra es la que hace José Pedraza. De tanto hablar de la “burocracia sindical”, lo que se ha logrado es que ese concepto explique muy poco. Algunos meten en la misma bolsa a José Rodríguez, y a “Beto” Pianelli. Dentro del sindicalismo tradicional, hay quienes coinciden con las empresas en que hay que descabezar estos intentos de organizar por debajo, y otros que le dan aire mientras exista cierta relación. Si surge un cuerpo de delegados y lo primero que hace es decir que todos son burócratas, traidores y canallas, obviamente polarizás. Pero cuando surge una organización de base que al menos tiende a tener una relación de trato con el sindicato, ahí se juega otra cosa.

¿Advierte un resurgimiento del “basismo” como experiencia sindical?
Más bien lo que se advierte es una aparición del basismo en los medios. Porque si hay una característica propia del movimiento obrero argentino es la existencia de cuerpos de delegados y de comisiones internas. Esto, que aquí se tiende a naturalizar, no es así en todo el mundo. El sociólogo Adolfo Gilly planteaba que ésta era la anomalía argentina: la existencia de organizaciones de base, con características democráticas, electas por los trabajadores. Los primeros rastros en términos historiográficos datan de la década del treinta, pero se sabe que vienen desde antes y siempre fueron un grano mal ubicado para las empresas: desde 1950 hay registros que indican que no querían cuerpos de delegados. Estas organizaciones fueron reapareciendo a lo largo de la historia: lo que sucede ahora es que, a partir de la reanimación sindical de 2003, empiezan a tomar más fuerza y recibir más prensa. Pero buena parte de la resistencia a la precarización de los noventa estuvo dada por los organismos de base, tal vez mucho más que por sindicatos. En los últimos años, en la medida en que hay mayor actividad, no ya para frenar los ataques, sino para tratar de recuperar conquistas, esto multiplica la presencia tanto de sindicatos como de organismos de base.

¿Existe una definición más o menos precisa sobre lo que es el sindicalismo de base?
Existen un montón de definiciones, en especial a partir de la incidencia de los partidos de izquierda, que abrieron estos debates. Creo que lo que caracteriza tanto a los cuerpos de delegados como a las comisiones internas y los sindicatos de base es, precisamente, una fuerte consulta a las bases. El tener un mecanismo democrático más o menos continuo, la idea de que la decisión en última instancia la tienen las bases es muy diferente a la concepción tradicional argentina que apela a lo orgánico, donde en definitiva el poder de decisión lo tiene la dirección.

¿Qué relación tienen estos sindicatos con la CGT y la CTA?
Diferenciaría tres estrategias: quienes plantean un enfrentamiento tajante; los que se encuentran más enmarcados en la CTA; y los que mantienen una política que consiste en saber que son grupos chicos, débiles y que no se puede contra todos los enemigos al mismo tiempo. La experiencia de Praxair y la de subterráneos, que se fueron de la UTA cuando no les quedó más remedio, indican que la concepción más exitosa parece ser tratar de mantener cierta relación sabiendo que precisan un paraguas.

¿Cómo avizora el futuro de estas prác
ticas?
Estamos en un momento de bonanza y acumulación y las organizaciones de base aún no cuentan como una masa crítica para surgir como una alternativa en caso de que golpee la crisis internacional. Son experiencias valiosísimas, importantes, pero aisladas, y dependerá de su capacidad de articulación.