Entrevista a Gabriela Michetti

“Por reclamar que Macri sea candidato en la Ciudad, me quedé sola en el PRO”

La diputada Gabriela Michetti analiza el escenario político y las dificultades del PRO para consolidar una estructura de alcance nacional.

por Federico Poore
Debate, 17-12-2011

Gabriela Michetti vive un diciembre agitado. El llamado del Ejecutivo nacional a sesiones extraordinarias impuso a todos los diputados un esquema de votaciones contrarreloj que los legisladores acompañan lo mejor que pueden.
Este marco atraviesa la charla con Debate, donde Michetti -minutos antes de entrar a votar en contra del proyecto de Presupuesto del oficialismo- responde a los pedidos dirigenciales para que se presente como candidata en la provincia de Buenos Aires en 2013 y defiende sus decisiones hacia el interior del partido. Por ejemplo, su insistencia para que Macri fuese candidato en la Ciudad. “Sin armados provinciales no se pueden dar las transformaciones de fondo”, sostiene ahora.

¿Cuál será el rol de la oposición en el Congreso ahora que el kirchnerismo cuenta con mayoría en ambas Cámaras?
Seamos mayoría o minoría, el rol de la oposición debe ser siempre constructivo. Creo tener la autoridad moral para decirlo porque siempre intenté mantener una actitud de cooperación y de consenso. La oposición debe presentar propuestas y alternativas ya que la política tiene el rol de serenar, pacificar… Ésa es la gran deuda del kirchnerismo: alentar un país mucho más armónico, donde se pueden articular las distintas posiciones y visiones y hacer que los conflictos se puedan superar.

Para el oficialismo, fue justamente esa visión confrontativa la que marcó su éxito político.
Ellos tienen una visión de poder hegemónica: entienden que la política es un conflicto permanente a partir del cual se va creciendo. Los dirigentes de Estados democráticos y republicanos tenemos otra visión, más kantiana, donde la política viene a subsanar ese conflicto a través de un proyecto superador.

La revalidación electoral del kirchnerismo, con su llamado a “profundizar el modelo”, abrió un debate sobre los temas pendientes. ¿Cuáles cree que son estos asuntos?
Esa manera tan cerrada de concebir el poder les hace perder la oportunidad de hacer lo que muchos políticos inteligentes hicieron: seducir a la oposición tomando sus mejores ideas. La gran deuda del kirchnerismo es la fragmentación que va dejando a cada paso que da. Y no son sólo cuestiones de forma, porque en política la forma es el fondo también, hay mucho de percepciones, de símbolos.

Desde el PRO se insiste sobre una supuesta falta de “políticas de Estado” a nivel nacional. ¿En qué se basa esta idea?
Si se hiciera una lectura larga, de 1990 a 2009, de una cuestión central como la lucha contra la pobreza, se vería que en Brasil bajó el cincuenta y pico por ciento; en Uruguay, el cuarenta y pico; en Chile, el sesenta y pico. En la Argentina bajó apenas el seis por ciento.

Quizá la lectura del electorado no sea la de los veinte años, sino más corta. Que tome como referencia la crisis de 2001.
Seguro. En el corto plazo, los datos del kirchnerismo son buenos, pero siguen hablando de “crecimiento”. 2001 no puede ser más el dato de medición. Y no quiero decir con esto que esté todo mal: no soy pájaro de mal agüero, no creo como dicen algunos que estemos agarrados por pinzas. Pero me parece que hay varios temas de fondo que deben transformarse.

¿Cómo se logra eso?
Hay cosas que el Gobierno debe asumir que no está haciendo bien. La oportunidad es tan grande que si el kirchnerismo aceptara estas cosas y tratara de abrir el juego a un diálogo productivo con la oposición quedaría en el bronce. Esa pequeña apertura mental, de cierta humildad, creo que le haría muy bien al Gobierno y a la Argentina.

¿Está conforme con su rol de diputada?
Nunca estoy conforme porque tengo estándares de autoexigencia casi inhumanos. De todas formas, estoy en paz conmigo misma porque en mis decisiones nunca tuve por delante mi interés personal. Para mí, el poder es servicio. Hay que competir en las elecciones, no todo el tiempo: descreo del eslogan de la “campaña permanente”.

Le preguntaba porque hay quienes suponen que en este lugar no está suficientemente retribuida en el PRO.
Hacia adentro se habla mucho de ello: cuáles son los lugares que tendría que ocupar, que luego de mi gesto de renuncia (a la vicejefatura de Gabinete de la Ciudad) debería estar premiada de tal manera… Ese chiquitaje me afecta porque también busco el reconocimiento y el prestigio. Pero en 2009 dije “este partido necesita ganar una elección”, porque no teníamos dirigentes conocidos en ese momento, y tuve que renunciar. Si soy coherente con mis valores, tengo que poner por delante el proyecto colectivo y no el personal. Alguien puede decir: “era vicejefa y se fue de diputada, bajó de cargo”, pero cosas como éstas en el largo plazo vuelven a tener un significado.

¿Por qué lo dice?
Jorge Bergoglio lanzó una vez una frase que me sirve de guía: “El tiempo es superior al espacio”, dijo. En la Argentina, la pelea tiende a ser por el espacio y no por el proyecto. Estamos todo el tiempo distribuyendo el poder en la coyuntura, disputando espacios: ésa es la inmediatez en la que vivimos. Cuando no me convence demasiado el camino que tengo que tomar, pienso en esa dimensión temporal, que en mi caso es la visión de país que tengo. Ahí se va un poco la angustia del momento porque entiendo que es siembra de largo plazo.

Ya que hablamos de tiempos, al PRO parece estarle costando bastante despegar a nivel nacional. ¿Cómo encara el partido el desafío en ese plano?
Lo veo como un desafío de una enormidad gigantesca, pero no imposible. En los últimos tiempos hemos tomado decisiones correctas. Por ejemplo, fue correcto que Mauricio fuera candidato en la Ciudad: yo lo sostuve siempre y me quedé sola en el PRO, me comí flor de bifes y de conflictos por ese tema. Pero por suerte existe el reconocimiento de que fue una buena lectura.

¿Por qué el partido no se lanzó a competir a nivel nacional en 2011?
Estaba convencida de que teníamos que armar más en el interior. No es posible presentarse ante un país entero si lo único que se tiene es un buen candidato a presidente y una buena gestión en la Ciudad. ¿Cómo se hace para que se puedan dar las transformaciones de fondo si no se cuenta con candidatos a gobernadores, candidatos a intendentes? La creación de una masa crítica es el desafío que el PRO entendió que necesita hacer crecer.

¿Cómo viene ese armado?
En la provincia de Buenos Aires pudimos ir haciendo algo. En Santa Fe tuvimos a alguien como Miguel del Sel, que más allá de ser una figura conocida tiene vocación política y social, y que nos ayudó a crecer más fácilmente que en otros lugares donde se deben instalar candidatos. Hoy el partido entiende que hay que hacer un trabajo sistemático. Buscamos gente de otros partidos o gente que nunca haya estado en política para conseguir referentes en cada una de las ciudades y en cada una de las provincias para que nuestra propuesta en 2015 sea amplia.

De todas formas, coincide en que no es lo mismo tener cuadros políticos que figuras mediáticas.
Absolutamente. Una figura sola no sirve, es un trabajo más profundo. Hay que apostar a la gente representativa y, al mismo tiempo, contar con más gente que no haya hecho política antes.

El PRO intentó, en el pasado, una alianza con el peronismo. ¿Cómo ve esta posibilidad a futuro?
¿De qué hablamos cuando hablamos de peronismo? Tenemos un problema para definirlo. ¿Es el oficialismo? ¿Son los peronistas federales? Mi hipótesis es que con partidos políticos tan fragmentados confío más en las relaciones personales para luego recién armar partidos políticos. No creo en el personalismo, pero lamentablemente en este escenario hay que trabajar con dirigentes separados de sus estructuras. El PRO no tiene que hacer alianzas con cúpulas partidarias. Debe empezar a relacionarse con dirigentes.

En ese sentido, su amistad con Ernesto Sanz, ¿puede ayudar a tender una futura alianza con la UCR?
Del radicalismo tengo relación con Ernesto, pero también con Silvana Giudici, con Oscar Aguad. Son todas personas muy valiosas. Ahora, algunas personas en el PRO creen que el trabajo hoy es ir a captar dirigentes para que se pasen al partido. No creo en eso. Hay que conversar mucho con dirigentes e ir conformando un proyecto de país. Después, sobre quién encarne la potencialidad electoral de un proyecto, se discutirá. Ojalá sea Mauricio, pero la prioridad es ir armando una construcción programática.

Dirigentes como Jorge Macri o Emilio Monzó impulsaron activamente su candidatura en la provincia de Buenos Aires. ¿Qué piensa de esa posibilidad?
Lo he hablado bastante con Mauricio, fue con el único con el que hablé del tema. Pero no tomé ninguna decisión ni la pienso tomar hasta que sea el momento de hacerlo, es decir, antes del clima preelectoral previo a la campaña. Desde lo legal estoy habilitada en Ciudad, Nación y provincia. La decisión final la tomaré en función de dónde me sienta más útil.

¿Se siente más útil en un puesto ejecutivo o en uno legislativo?
A mí me gusta más lo ejecutivo, pero aprendí a valorar lo otro. El lugar legislativo es muy fructífero para generar lazos y sirve como un ejercicio muy fuerte sobre el ego porque hay que aprender a ceder.