Entrevista a Hugo Yasky

“El trabajo en negro es la gran deuda social de esta etapa”

El titular en disputa de la CTA, Hugo Yasky, analiza el nuevo escenario sindical y el conflicto de la CGT con el gobierno nacional.

por Federico Poore
Debate, 31-12-2011

Aunque el enfrentamiento con el sector de Pablo Micheli sigue abierto desde las últimas y frustradas elecciones en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Hugo Yasky sigue siendo uno de los dirigentes sindicales más escuchados. En diálogo con Debate, el secretario general de esa central obrera expresa sus diferencias con el titular de la CGT, Hugo Moyano, y adelanta las variables que estarán en juego en las paritarias salariales de 2012. “Primero hay que resolver la situación de los que no llegan al salario mínimo”, asegura.

¿Cómo anticipa las paritarias de 2012?
La discusión va a estar bastante cerca de lo que fueron los parámetros de los años anteriores. En todo caso, tendrán la sombra de una crisis internacional que tiende a profundizarse y a expandirse desde los países del Norte al resto del mundo.

¿Cree que el Gobierno le está poniendo un techo a las pretensiones salariales?
Más allá de algunas expresiones de gente que no tiene conocimiento cabal de lo que es una discusión paritaria, las discusiones se van a dar dentro de un marco de sentido común: ni tan abajo como quieren algunos tecnócratas, ni tan arriba como suelen plantear aquellos que no conducen organizaciones sindicales. Tanto el ministro de Trabajo como los sectores vinculados a su área tienen plena conciencia de que no se puede inventar el agua tibia. El parámetro estará cerca de la realidad del costo de vida y de lo que cada gremio haya logrado recuperar en las distintas negociaciones.

¿Manejan alguna cifra estimativa?
El porcentaje con el que nos vamos a mover todos los gremios comienza con dos dígitos. Eso está definido. Después habrá que ver en torno a qué cifra sigue, pero por debajo de eso no va a haber discusión posible.

La CTA denunció, y la Presidenta remarcó esta semana, la enorme brecha salarial que existe entre trabajadores. ¿Observa alguna mejora?
El principal problema de la Argentina sigue siendo la desigualdad. Pese al crecimiento de la economía y del empleo, al derrame que ha generado sobre los salarios, a que la disputa por la fuerza salarial es una gran fuerza democratizadora, sigue existiendo un 35 por ciento de trabajadores en negro, que se ubican sobre todo en los cordones industriales de las grandes ciudades, pero también en las áreas rurales, en el sector servicios y en el Norte del país. Ellos configuran la gran deuda social de esta etapa.

¿Cómo se resuelve?
Hay que seguir apostando al crecimiento de un modelo productivo que genere más empleo y mejores salarios, pero especialmente hay que desarrollar políticas más agresivas para llegar al núcleo profundo de la informalidad. Para ello tenemos que aplicar una vara distinta según el caso: a las grandes empresas, irles con todo el peso de la ley; y con las pequeñas, aplicar políticas de acceso al crédito blando para aligerar el peso económico de los salarios.

¿Cree que en los últimos años se desarrolló un empresariado más maduro en la Argentina?
Ciertos sectores empresarios se han constituido como una suerte de excepción a la regla y entendieron de qué se trata el cambio de paradigma. Sin embargo, este cambio es muy pequeño: la mayoría del empresariado tiene una clara hostilidad hacia las políticas que representa el kirchnerismo. El último capítulo de este hostigamiento permanente fueron las corridas cambiarias, pero zancadillas como éstas se renuevan permanentemente, como si estos grupos trataran de volver a jugar con las viejas reglas del juego.

¿Lo seduce la idea de un pacto social entre empresarios, sindicatos y el Gobierno?
Sí. Creo que para ser coherentes con lo que Cristina Kirchner planteó frente al G-20, habría que impulsar en nuestro país un marco de concertación en torno a una convocatoria tripartita. Esto que la Presidenta planteó con tanta lucidez no es más que el Pacto Mundial para el Empleo que adoptó la OIT, donde se habla de una convocatoria de las tres partes para definir políticas de fomento al empleo, la producción y el mercado interno. Debería ponerse en práctica para empezar a demostrar que es el camino correcto.

¿Se concretó alguna reunión en ese sentido?
Hasta el momento no ha habido señales concretas. Lo único que funciona es el Consejo del Salario, pero la crítica que le hacemos es que es episódico: una vez al año y después se baja el telón.

¿Cómo recibió el discurso de Hugo Moyano en la cancha de Huracán?
Consideramos legítimas algunas cuestiones que tienen que ver con demandas muy concretas, como la necesidad de revisar a fondo el mínimo no imponible. Hay que cambiar las reglas del juego, pero no para beneficiar a quienes reciben grandes retribuciones -que con toda justicia deben aportar al fisco- sino para salvar de esta situación a trabajadores que estén en la base de la pirámide salarial. También compartimos el planteo del proyecto de ley de participación en las ganancias empresarias, aunque creemos que es un error convertir esto en una especie de “guerra santa”: la participación en las ganancias requiere un marco que establezca reglas de juego para todos, pero también una discusión empresa por empresa.

¿Qué crítica le haría a Moyano?
El orden de las prioridades, porque hay trabajadores en negro que jamás participaron de ninguna “ganancia”. Primero hay que resolver la situación de los que están respirando abajo del agua con una pajita, que no llegan siquiera al salario mínimo, vital y móvil. Por otra parte, no compartimos el giro que de pronto tomó Moyano cuando le hizo un guiño a (Juan José) Zanola, a quien aplaudió como si fuera Agustín Tosco saliendo de la cárcel de la dictadura. No compartimos el viraje hacia una alianza con (Luis) Barrionuevo, ya que junto al “Momo” Venegas representan sectores que fueron parte activa del menemismo.

Mientras que en años anteriores el enfrentamiento entre Moyano y Barrio-nuevo era más evidente.
Es que en eso hemos sostenido nuestra alianza con la CGT de Moyano. Juntos combatimos las políticas de Carlos Menem y juntos apoyamos el actual momento de cambio. La incoherencia de estas alianzas le quita consistencia al posicionamiento que hace y genera un gran signo de interrogación.

En ese sentido, ¿cómo ve el futuro de la relación entre el Gobierno y la CGT?
Lo más inteligente es tratar de recomponer esa alianza porque le devolvería unidad al campo popular. En política es algo inevitable: cuando uno comienza a deslizarse en la confrontación y empieza a sumar aliados por derecha, termina lamentablemente del lado de la oposición. Sin embargo, entiendo que está abierta la posibilidad de que las cosas vuelvan a su lugar.

Pablo Micheli aseguró que está evaluando realizar medidas de acción conjunta entre la CTA y la CGT. ¿Es posible la unidad de acción en casos puntuales?
Micheli condenaba a gritos la posibilidad de la unidad en la acción. Hablaba de la burocracia sindical, de los que traicionaban a la clase trabajadora. Hoy se zambulle de cabeza porque cree ver una CGT que se pasa al campo opositor, pero está viendo un espejismo. En lo personal, sigo creyendo que los trabajadores de la CGT no son enemigos de clase y que la central que conduce Moyano no es una especie de ghetto. La unidad de acción es un arma necesaria y legítima.

¿En qué estado está el reclamo de personería jurídica para la CTA?
Lo seguimos planteando de manera permanente y sigue teniendo el apoyo de la Confederación Sindical Internacional. Es una asignatura pendiente del Gobierno con los trabajadores y la sociedad.