Entrevista a Beto Pianelli

"Ahora los empresarios tienen que hacerse responsables"
El secretario general de los metrodelegados, Roberto “Beto” Pianelli, 
evalúa el estado del sistema de transporte y la puja por el control del subte.

por Federico Poore
Debate, 10-03-2012

Volvió de sus vacaciones creyendo que la Policía Metropolitana ya estaba a cargo de la seguridad del subte. Pero con el correr de los días, se dio cuenta de que el plan del gobierno porteño era otro. “Pareció un teleteatro, porque ya sabíamos que la Policía Federal se iba a ir”, asegura Roberto “Beto” Pianelli, secretario general del Sindicato del Subte (AGTSyP), que responde a la CTA de Hugo Yasky y está enfrentado a la dirigencia de la Unión Tranviarios Automotor (UTA).
En diálogo con Debate, Pianelli explica su visión sobre el conflicto entre el gobierno nacional y el de la Ciudad por la administración de la red de subtes y reflexiona sobre el estado del sistema de transportes en la Argentina luego de la tragedia de Once.

¿Cuál es su opinión sobre la cuestión ferroviaria?
Hubo una política de abandono de cincuenta, sesenta años. Hoy estamos presenciando el entierro de un largo proceso. No funciona la mitad de las cosas que tendrían que funcionar, y lo que anda está armado con el desguace de otros trenes. Esto sale en los medios luego de la muerte de cincuenta personas, pero cualquiera que tomara el tren podría haber hecho una nota de diez páginas todas las semanas contando lo que sucedía en los distintos ramales.

¿Observa los mismos problemas de seguridad en el subte que en los trenes?
Algunos son iguales, otros distintos. Aparece la falta de mantenimiento de las unidades, que en el subte parecería no tener la misma gravedad que en el Sarmiento. Pero hemos mostrado imágenes de trenes atados con alambre, o unidades que entraban al taller para que se hicieran ciertos mantenimientos y al otro día salían sin ninguno. Los trenes de la línea H tienen sesenta años de antigüedad. Macri inauguró la estación nueva de la línea A arriba de un tren belga que tiene noventa años. Es el abandono absoluto.

¿Quién debe controlar esta falta de inversión?
Presentamos cada denuncia a medio planeta y aprendimos a triangularlas para que no te las cajoneen. Mandamos a la CNRT, a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, a la empresa Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), a Metrovías en el Ministerio de Trabajo…

¿Observaron alguna mejora?
La Superintendencia hace muchas inspecciones. Viene una vez por mes o cada quince días. Podemos decir que funciona. La CNRT está en los subtes, pero lo único que puede hacer es multar. Y la empresa prefiere pagar. Es una deficiencia que viene de la época de la Ley de Reforma del Estado, en la que los organismos de control no tienen poder de policía.

¿Cómo se resuelve el problema?
No hay que caer en el facilismo de decir “hay que estatizarlo”. Hay que desarmar lo que está, porque hoy la lógica es la de la empresa. Hace falta una modificación paradigmática, que incluya al sindicato. Además, actualmente no existe una industria ferroviaria. ¿Dónde se fabrican rieles? En Somisa, que se privatizó, y hoy está cerrado. Tenemos que volver a montar una industria del armado. Es complejo, no se trata de decir: “Vamos a poner una fábrica de galletitas”, entonces buscás en Google “galletitas” y te sale “agarre la masa, póngale vainilla…”. Necesitás un acuerdo con empresas internacionales que manejen la nueva tecnología en trenes.

¿Por qué cree que esos cambios deben hacerse en el marco de una ley nacional de transportes, que hoy no existe?
Es que, si no, le vas a dar trenes nuevos a una empresa que te los va a destruir. Los coches nuevos cuentan con ATP (ndr: Automatic Train Protection), un limitador de velocidad computarizado, con sensores que permiten saber en qué tramo del trayecto tenés tal velocidad según el reglamento. Con este sistema, lo del Sarmiento no hubiera ocurrido. Porque, convengamos, el maquinista fue un héroe. Pero vamos a suponer por un segundo que el pibe era un suicida: el tipo tiene un brote psicótico y cuando está entrando a Once dice: “Me mato, no bajo de los 48 kilómetros por hora, me voy a reventar contra la pared y hasta la avenida Pueyrredón no paro”. No hay nada que se lo impida. Es el sistema el que no lo tiene que permitir.

¿Considera que con este tipo de unidades no sólo se viajaría más rápido sino también más seguro?
Son rápidas, seguras y, sobre todo, están en buen estado. Ojo, tenemos algunos trenes con ATP, son los que vinieron de España. El problema es que no hay sistema que lo aguante, entonces se lo anulan. La línea A ni siquiera tiene el sistema de “hombre muerto”. Si hoy el conductor se muere en el momento en que está pasando por la estación Plaza de Mayo, aparece en la Casa Rosada.

¿Por qué cree que algunas declaraciones oficiales sobre la tragedia de Once ponen el foco sobre la responsabilidad de los trabajadores?
Nosotros tenemos una responsabilidad civil. Pero hay algo perverso. Se trabaja con una estructura que no es la correcta, llevando a un montón de tipos que no tienen otra alternativa que viajar así. Si algo anda mal, como el famoso “freno largo”, al conductor lo tenés que sacar. Pero si estás en Morón con mil quinientos tipos arriba, sabés que el tren que viene atrás trae otros mil quinientos, y decís “hay que bajarse”, te queman el tren. Entonces tratás de llegar a la terminal como se pueda.

Por eso le preguntaba qué lectura hacía de estos discursos.
Los trabajadores hemos sido los más responsables. Venimos haciendo las denuncias sistemáticamente. Ahora tienen que hacerse responsables los empresarios, y hay pruebas suficientes de que no lo son. El transporte es un servicio público. Si se lo quiere poner en función del lucro, nunca van a brindar un buen servicio. Por eso cerraron los ferrocarriles. ¿Qué ganancia tenía llevar el tren a un pueblo de veinte mil personas? ¡Ninguna!

¿Cómo ven los trabajadores la pelea entre el gobierno nacional y el porteño en torno al subte?
Hay mucha indignación con el macrismo porque todo pareció un teleteatro, ya que sabíamos que la Policía Federal se iba a ir. Semanas antes, los Federales nos comentaban adónde habían sido asignados y el día anterior se habían despedido de los trabajadores… Estábamos esperando que viniera la Metropolitana. A medida que se acercaba el día observamos que no venían. Y no tuvo que ver con lo de Once: antes del accidente tanto (María Eugenia) Vidal como (Horacio Rodríguez) Larreta decían que no querían agarrar el subte.

Hubo declaraciones cruzadas sobre el paro del jueves 1°.
Escuchamos que (el titular de UTA, Roberto) Fernández había convocado a un paro por “problemas de seguridad”. Es el mismo tipo que nos había acusado de terroristas por denunciar falta de mantenimiento. El paro llega en una combinación entre la empresa y la UTA. (Nilda) Garré sale a decir: “Esto ya se lo trasladamos dos veces, tiene que venir la Metropolitana”. Entonces viene Macri y dice que no hay seguridad. Si la UTA no convocaba, hubiésemos hecho lo que siempre hicimos. ¿No hay policía? Cerramos las boleterías. Lo único que no anda es el Premetro: lo demás hubiera funcionado y los medios iban todos a Bolívar 1. Antes de que hablara Macri, no había nadie que entendiera que la Ciudad no tenía el subte. Además, ya había aumentado la tarifa.

La Presidenta le pidió a Macri que ponga “240 personas con uniforme policial” en las estaciones. ¿Cree que el gobierno porteño tiene capacidad para hacerlo?
La Ciudad está custodiada por Gendarmería, por Prefectura, por la Federal, y el macrismo dice que tiene tres mil agentes de la Metropolitana. No digo que falten 240 policías, porque esos son los fijos, pero incluso sumando adicionales, ¿qué le cuesta al gobierno de la Ciudad poner cuatrocientos tipos?


La CTA y la CGT
¿Se puede saldar la disputa con Pablo Micheli en torno a la CTA?
No hay vuelta atrás. Aunque mañana el Gobierno gire a la derecha, vamos a seguir teniendo diferencias: nosotros vemos este trayecto como progresivo, ellos como regresivo. Acá hablan de menemismo: yo ganaba 435 mangos en el subte y alquilaba una casa que salía quinientos, laburando ocho horas. Hoy gano siete mil, pago 1800 y trabajo seis. La peleamos, claro. Pero en el kirchnerismo si vos la peleás y la ganás, te levantan la mano y te dicen: ganaste. Con Fernando de la Rúa si ganabas, no importaba.

¿Qué lectura hace de la tensión entre el Gobierno y la CGT?
No creo que el Gobierno quiera meter en cana a Moyano ni que Moyano sea un cuco. Si este modelo avanzó es porque ciertos sectores estuvieron a la cabeza de la pelea por la distribución. Nosotros desprecarizamos el subte, pero es una dimensión pequeña. ¡Moyano desprecarizó el Coto! Ni los dichos de Hugo ni los últimos discursos de la Presidenta fueron precisamente brillantes. Las declaraciones contra los docentes son innecesarias. Es como cuando nos pegó a nosotros con lo de la tendinitis. Son cosas feas.