Entrevista a Martín Sabbatella

"Hay que revisar 
todas las concesiones"
El diputado nacional Martín Sabbatella evalúa el estado actual del sistema de transporte, la reacción del Gobierno y la integración de su fuerza al kirchnerismo.

por Federico Poore
Debate, 03-03-2012

Al día siguiente de la tragedia de Once se limitó a enviar un mensaje comunicando su dolor y pidiendo una investigación seria que culminara con la quita de la concesión a la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA). No obstante, días más tarde tuvo que salir a responder una versión periodística que lo colocaba como posible sucesor de Juan Pablo Schiavi en la Secretaría de Transporte.
En medio de su raid por los medios, el diputado Martín Sabbatella recibió a Debate en las oficinas de Nuevo Encuentro. Desmintió contactos con el Gobierno sobre una supuesta designación y analizó los déficits de gestión en términos de transporte. "Hay temas estructurales a resolver", asegura.

¿Qué lectura hace de la tragedia ferroviaria de la línea Sarmiento?
Estamos profundamente atravesados por esta tragedia y por el dolor que genera. Lo primero que aparece es la necesidad de justicia: que se sepa qué es lo que ha sucedido y quiénes son responsables. En ese sentido, la Presidenta expresó un compromiso muy fuerte de ir hasta las últimas consecuencias y hacer todo lo que sea necesario. Por otro lado, esto vuelve a poner en el centro del debate público la discusión sobre el sistema ferroviario y en particular sobre TBA.

¿Cuál es su opinión al respecto?
Nuestra opinión no es nueva, la venimos planteando desde la intendencia de Morón. TBA es una empresa que no cumple, que en la práctica no actúa responsablemente ni garantiza que se pueda viajar dignamente. En el Sarmiento se viaja como ganado. Al subir uno no sabe a qué hora llega, si llega, si se queda parado en alguna estación… Sin contar las barreras que no funcionan, o las veces que se cierran las distintas vías de acceso a la estación para ahorrar costos, lo que en las horas pico produce un embudo de personas que provoca accidentes. Nos hemos pasado años discutiendo con TBA por sus incumplimientos. Siempre sostuvimos que había que quitarle la concesión. Las ciudades del Oeste están atravesadas por el ferrocarril. El tren es parte de su historia y de su identidad, y el impacto del ferrocarril en el conurbano bonaerense es muy fuerte. Allí hay temas estructurales, profundos a resolver.

Más allá de lo que vaya a determinar la Justicia, ¿cómo evalúa la cadena de responsabilidades? ¿En qué lugar está TBA y qué responsabilidades le caben a la Secretaría de Transporte y al Ministerio de Planificación?
Me parece correcto esperar el peritaje judicial. También me parece correcta la intervención de TBA para garantizar, mientras tanto, la seguridad de los pasajeros y pasajeras. Luego se abre el debate más general sobre el sistema ferroviario y sobre la empresa.

En caso de que la Justicia determine la responsabilidad de la empresa, ¿estaría de acuerdo con efectuar la quita de concesión a TBA sin indemnización?
Estoy convencido de que hay un incumplimiento contractual concreto. Pero esta decisión necesita un sustento legal, jurídico, técnico y administrativo que la respalde. Quienes tienen la responsabilidad de administrar esta situación deben contar con esos elementos.

¿Cree que alcanza con la rescisión del contrato o entiende que existe un tema de fondo?
Hay un debate de fondo. Pero no hay que olvidar que el modelo de destrucción del Estado es parte de un proceso neoliberal que inicia la dictadura y que el menemismo corona con la entrega definitiva del patrimonio público. Soy consciente de que hay un proceso político que no puede resolver todo al mismo tiempo ni todo a la vez. En 2003 el país recuperó la autoestima, la idea de lo público y de que las cosas pueden ser distintas de lo que fueron hasta ese momento. Este camino permite mejores condiciones para enfrentar los temas pendientes.

¿Y cómo cree que se resuelve?
Hay que ir dando pasos que permitan avanzar y dar una discusión más general sobre el sistema ferroviario y su rol en el desarrollo estratégico del país. Hay que revisar todas las concesiones y ver cómo han actuado las empresas. Pero, sobre todo, recuperar el sentido de lo que es un servicio público, que no puede tener las características de cualquier otra actividad, sino ordenarse por los derechos de los ciudadanos con el Estado como garante. En el tema de los trenes y de las concesiones que se entregaron durante la década menemista todavía queda mucho por hacer.

En caso de que se dé por terminada la concesión con TBA, ¿estima que la solución consiste en dársela a un nuevo privado con reglas más claras o estatizar el servicio como reclaman algunos dirigentes?
Esto seguramente tendrá que ser parte de un estudio profundo de la situación a partir de la auditoría, la realidad del sector y los recursos existentes. El objetivo es llegar a un servicio público que garantice el traslado de los pasajeros, pero falta analizar de qué forma, dando una discusión sin dogmatismos. Con el formato que sea, es el Estado el que tiene que intervenir de una manera mucho más precisa.

En esta disyuntiva entre estatal o concesionado a privados, ¿Nuevo Encuentro no tiene una posición tomada con respecto a la provisión de un servicio público como el transporte?
En términos conceptuales, pensamos que ciertos sectores públicos tendrían que estar en manos del Estado. Por ejemplo, ciertos recursos energéticos. Ahora, también es cierto que ese concepto tiene que estar cruzado sobre la coyuntura, sobre el momento y las posibilidades. Es decir, aquello que en definitiva sea lo mejor para tener un servicio de calidad y que se pueda cumplir. Ahora bien, hay cosas que recién ahora se pueden empezar a cumplir, porque necesitás todos los pasos anteriores. Existe una cantidad de ideas que ordenan las políticas públicas, pero están atravesadas también por la capacidad de hacer y de gestionar. Lo sé por haber gobernado el municipio de Morón.

Hoy el país vende un número récord de autos, nueve de cada diez pasajeros que viajan larga distancia se mueven en micro y el sistema ferroviario está diezmado. ¿Hace falta una ley nacional de transporte que oriente el sistema?
Creo que es necesario tener un debate integral sobre el sistema de transporte que incluya a todas las ciudades. El área metropolitana de Buenos Aires indiscutiblemente tiene ese problema. Cuando uno menciona el problema de la cantidad de autos que ingresan a la ciudad, lo cierto es que es muy difícil resolverlo si no mejorás el sistema público. Sin dudas haría falta un plan estratégico que oriente todas esas partes. Dentro de este sistema a imaginar, el ferrocarril juega un papel fundamental, ya que resuelve no sólo la conectividad entre grandes ciudades sino que también cumple un rol dentro del desarrollo estratégico y de la matriz productiva que este país está construyendo. Y, a su vez, también está el debate sobre el transporte de pasajeros. Pero estoy convencido de que este proceso político es el que permite discutir estas cosas. Tiene que ver con lo que la Presidenta definió con mucha claridad como la sintonía fina, los pasos que podemos dar hoy después de haber dado los anteriores.

Sectores cercanos al oficialismo reconocen que cuestiones como salarios o subsidios entran en la “sintonía fina”. Pero también denuncian que otros grandes temas pendientes, como transporte o energía, precisan un enfoque más “grueso”. ¿Qué opina sobre esta lectura?
Son temas pendientes, más allá de la dimensión del trazo. Ahora, que el Estado plantee un debate fundamental como el tema de los recursos energéticos es posible en el marco de este proceso político.

En los últimos días se escucharon críticas -no sólo en los medios sino también de familiares de víctimas- a cómo el Gobierno manejó la comunicación de la tragedia de Once. Estas voces fueron especialmente duras con las declaraciones de Juan Pablo Schiavi y con un comunicado del Ministerio de Seguridad que conduce Nilda Garré. ¿Cómo observó la reacción oficial después del accidente?
Fue un momento en el que todos los argentinos necesitábamos la palabra de la Presidenta, y creo que cuando habló en Rosario lo hizo como Presidenta y como una mujer que sabe del dolor. Además, ratifica lo que todos estábamos esperando: su compromiso con la Justicia, con llegar a la verdad, actuar con firmeza, encontrar a los responsables. Al tomar la palabra cumple con la expectativa, que al día siguiente complementa con la intervención a TBA. Estoy de acuerdo con sus decisiones en este tema.

Sin embargo, antes de que Cristina Kirchner hablara, el secretario de Transporte dio una conferencia de prensa. ¿Cómo recibió sus palabras?
Me parece que Schiavi hizo algunas declaraciones que no fueron afortunadas.

Algunos editorialistas insistieron sobre la idea de que, con el accidente, el relato del gobierno nacional había “chocado con la realidad”. ¿Cree que esto es así?
Un accidente como ése impacta en todos y es lógico que produzca un cimbronazo en el conjunto de la vida política y social del país. Es tremendo lo que pasó. Mi hija viaja todos los días a la facultad en ese tren. Nos angustia. Lo que pone en evidencia es que hay temas pendientes, pero también es cierto que eso se puede encarar a partir del recorrido que se viene haciendo. No veo una contradicción entre el relato y la realidad, porque en ningún momento el relato gubernamental plantea soluciones mágicas ni cuestiones que se van a resolver de un día para el otro. Néstor Kirchner planteaba con mucha claridad que estábamos saliendo del infierno, entonces al revés, hay un reconocimiento concreto de que es muy difícil recuperar todo lo que se destruyó. Creo que hay condiciones para avanzar y si hay un proyecto político que puede abordar estos temas estratégicos que la Argentina necesita, es éste.

Una nota del diario El Cronista lo adjudica como posible sucesor de Juan Pablo Schiavi en la Secretaría de Transporte. ¿Es cierto?
Escuché y leí esa versión, pero no hay absolutamente nada de eso. Nadie del Gobierno me contactó por ese tema.

En caso de que efectivamente le ofrezcan la Secretaría, ¿usted aceptaría?
Estaría cayendo en la trampa de las versiones periodísticas. Me parece poco serio hablar sobre temas que no se han presentado.

¿Quiénes son sus interlocutores en el gobierno nacional?
Tenemos una relación muy buena y cotidiana con (Carlos) Zannini y con Juan Manuel Abal Medina. Luego hablamos con todo el mundo, tenemos diálogo con los ministros, con muchísimos compañeros... Después de todo, es nuestro gobierno.

¿Qué pasa con Nuevo Encuentro de cara a 2013?
Somos una de las fuerzas políticas que compone el universo del kirchnerismo en la Argentina. Para nosotros el kirchnerismo es un momento fundante del movimiento nacional, popular y democrático y, en ese sentido, creemos que sería importante que este proceso tan rico pueda construir la gran fuerza política liderada por Cristina que le dé anclaje territorial a este momento que vive el país. No somos una fuerza “aliada” al kirchnerismo: somos parte del kirchnerismo.

Convengamos en que estar como Nuevo Encuentro sin integrarse completamente al Frente para la Victoria es un camino complejo. ¿Cuáles son las mínimas diferencias entre ambos?
Cada uno es kirchnerista desde donde se siente mejor para expresarlo. Hasta que no haya un lugar común, la “casa” de todos los que nos sentimos partes de esta identidad, cada uno aparece desde su lugar. No lo veo tan complejo (risas), es algo que habla de la amplitud del liderazgo de Cristina y de su capacidad de interpelar a distintos sectores.

¿Cuál es el aporte concreto de Nuevo Encuentro?
Ayudar a construir una gran herramienta política que debata la profundización de este camino. Daniel Scioli es parte del plan del establishment para clausurar por derecha el proceso que vive la Argentina. Se disfraza de kirchnerista para heredar el proceso político. Por eso, parte del desafío es que la provincia de Buenos Aires se ponga en sintonía con lo que está pasando a nivel nacional y en ese sentido está bueno que hagamos cosas junto a sectores como La Cámpora o dirigentes como Gabriel Mariotto, más allá de haber tenido estrategias electorales diferentes.