Entrevista a Mario Barletta

“Las obras que se hicieron hasta ahora son insuficientes”
El titular de la UCR analiza el fenómeno de las inundaciones a la luz de la experiencia en su provincia y anticipa un frente para 2013.

por Federico Poore
Debate, abril 2013

Por estos días es hombre de consulta, y no precisamente por su rol de presidente de la Unión Cívica Radical. Profesor universitario, ex rector de la Universidad Nacional del Litoral y –ante todo– ingeniero en Recursos Hídricos, Mario Barletta conoce de cerca el fenómeno de las inundaciones. Hace diez años presenció la peor catástrofe de la historia de la ciudad de Santa Fe –cuando el desborde del río Salado dejó bajo el agua a un tercio de la capital provincial– y cuatro años más tarde fue elegido intendente y le tocó encarar algunas de las obras estructurales que la ciudad necesita para morigerar los efectos del clima.
En diciembre de 2011 fue elegido presidente de la UCR en medio de una fuerte crisis interna y semanas atrás se presentó como candidato a diputado. Desde su despacho en la sede del Comité Nacional, entre fotos de Arturo Illia y Raúl Alfonsín, Barletta explica por qué este año la estrategia de su partido será diferente en cada distrito.

En 2007, apenas asumió como intendente de la ciudad de Santa Fe, decretó la “emergencia hídrica”. ¿Por qué tomó esa decisión y en qué consistió un plan así?
Habíamos asumido a fin de año, se venían las épocas de lluvia, y nos encontramos con la responsabilidad de conducir una ciudad en las peores condiciones. Como primera medida generamos un programa de Gestión del Riesgo y luego avanzamos con cuestiones estructurales para que, ante una creciente del río Salado, una creciente del Paraná, grandes lluvias, o las tres cosas juntas, la ciudad esté preparada. Sin embargo, cuando asumí la intendencia me bajaron algunos de los convenios que la Nación había firmado con el intendente anterior, que era peronista. Ahí las vidas humanas pasaron a perder interés para el gobierno nacional.

Pero, ¿ hizo nuevas obras?
Por supuesto que hicimos, con recursos propios y convenios con la provincia. Pero las que se hicieron hasta el momento son absolutamente insuficientes para estar en las mejores condiciones ante eventos de esa magnitud.

¿Cómo se llegó a una situación como la de las inundaciones de abril de 2003?
No hubo proyectos adecuados de desarrollo urbano. En 2003 ocurrió una gran creciente del río Salado. El terraplén de defensa estaba hecho, pero hasta un cierto punto. Reutemann y Obeid, por capricho, habían decidido no terminarlo: decían que el pedacito que faltaba estaba en la zona del Jockey Club y no iban a hacer una obra “para defender el campo de golf del Jockey”. Bueno, el Salado encontró eso como puerta de entrada y se llevó puesta una tercera parte de la ciudad, con un saldo de 29 muertos directos. Encima, después de que entró el agua, no podía salir, con lo cual tuvieron que dinamitar los terraplenes para que el agua saliera… De terror.

¿Pasó lo mismo en 2007?
No. Para entonces el terraplén ya estaba hecho y la ciudad quedó “protegida”, como en una palangana. Pero como no había capacidad ni gestión pública, nadie se puso a pensar que si estás viviendo en una palangana y está lloviendo fuerte, te vas a inundar. Lo que inundó Santa Fe en 2007 fue una lluvia con características como las de La Plata y Capital Federal. Los desagües a cielo abierto estaban sin limpiar, los demás nunca fueron desobstruidos... Los reservorios –lagunas situadas al lado de estaciones de bomberos que tiran el agua por encima de los terraplenes– estaban sucios y llenos de basura.

Más allá de las obras de infraestructura, que sin duda faltan. ¿Qué pueden hacer las ciudades a corto plazo?
Planes de contingencia. En Santa Fe, la gente sabe qué tiene que hacer frente a estas situaciones. Están marcados los trayectos por los cuales ir cuando comienza el anegamiento, los puntos de encuentro, los centros de evacuados… El Comité de Emergencia tiene como cabeza al propio intendente. Otro tema: ante una circunstancia como ésta, la Planta de Alimentos Nutritivos de la Universidad empieza a producir durante 24 horas los alimentos necesarios, para no tener que andar por los medios pidiendo que traigan harina.

Su argumento es que nada de esto existió en La Plata o en la Ciudad de Buenos Aires.
Ni en la mayoría de las ciudades argentinas, lamentablemente. Tenemos la satisfacción de ser una de las pocas ciudades del mundo premiadas por la ONU por su plan de contingencia. Lo que no quiere decir que después de esta nota, dentro de quince días, llueva en Santa Fe y tengamos problemas. Porque las obras que la ciudad necesita son caras y no hay vocación, por parte del gobierno nacional, de ayudar a la provincia.

Esta falencia, ¿es solamente presupuestaria –inyección de fondos, habilitación de créditos– o también tiene que ver con la falta de coordinación a nivel nacional ante emergencias como éstas?
Las dos cosas, aunque hay que recordar que hace cuarenta años no existía la gestión de riesgos. Y los Estados nacionales tienen una gran responsabilidad, porque es natural que un intendente prefiera pavimentar una calle que generar mejores condiciones frente a un evento de esta naturaleza. Ahí tenés otro problema: las inversiones que generan eso no se ven. Vos no inaugurás un desagüe pluvial.



LA UCR EN LAS LEGISLATIVAS

¿En qué estado está la discusión por el armado de listas para diputados nacionales en Santa Fe?
Estamos en una instancia de diálogo entre los partidos que componen el frente. Las condiciones para un acuerdo están dadas porque hace tiempo venimos gobernando la provincia. El punto es que cada partido vea que sus expectativas estén cubiertas en la lista propuesta.

¿La lista Binner-Barletta ya es una realidad o todavía existe la posibilidad de ir a internas para dirimir los principales lugares en las listas?
La voluntad política es el acuerdo. Y no es un problema de marquesinas, sino tomar la decisión de unirnos, como reclama la sociedad. Para la provincia, lo importante es seguir aportando a aquellos que le ponemos un freno al gobierno nacional y, sobre todo, que defienden los intereses de los santafesinos.

El radicalismo este año renueva 26 de sus 40 bancas en Diputados…
(Interrumpe) Porque nos fue muy bien en 2009.

¿Qué deberá hacer el partido en estas legislativas? ¿Ir por su cuenta, formar alianzas con otros espacios?
Esas opciones no son incompatibles. El radicalismo puede seguir trabajando en fortalecer el partido, como se viene haciendo desde 2011, pero a la vez trabajar en la conformación de espacios comunes. Hay que dejar de dar tantas vueltas y armar un frente nacional. Convocar al socialismo, al GEN, a la Coalición Cívica, a Libres del Sur, a Proyecto Sur... Si esto se puede conformar en 2013, invito a Binner, Stolbizer, Pino y Tumini a que nos reunamos y se lo digamos a la sociedad.

Por estos días se anunció en Capital un acuerdo entre la UCR, la Coalición Cívica y Libres del Sur. ¿Se puede esperar un frente similar en la provincia?
Se intentará. Y si no se da, bueno: si te querés casar y tu mujer te dice que no, estás en el horno. Pero se podrá ir dando en otros distritos, lo que podría ser la base de un espacio común luego de las elecciones.

Dentro de los partidos que menciona no está el PRO. Sin embargo, figuras radicales como José Cano y Gustavo Posse han establecido acuerdos con el macrismo.
Son casos distintos. Posse era radical hasta el día en que dejó de serlo. Y nadie lo echó: la carta orgánica del partido en la provincia de Buenos Aires dice claramente que si alguien se va como candidato de otro partido deja de integrar la UCR. Si después de eso todavía puede mirar a sus hijos a los ojos, allá él. Lo de Cano es otra cosa porque sigue dentro del radicalismo, trabajando para fortalecerlo. Y si en algún distrito como Tucumán hubo un acuerdo, son cuestiones particulares. En términos generales y políticos, la UCR alienta la conformación de espacios con fuerzas comunes.

O sea que no va a “comprar” cualquier alianza que se haga.
No, porque la sociedad no lo acompaña, lo ve como algo electoralista. Una buena ingeniería electoral es necesaria, pero también son indispensables las coincidencias. Por eso lo de Santa Fe no deja de ser algo a ser observado. Ahí tenés un esquema en el cual el radicalismo se sigue fortaleciendo año a año, más allá de que el gobernador sea de otro partido. Ya llegará el momento en el que nos toque a nosotros… y no es que me peleé con los socialistas: ellos están haciendo lo mismo, y si nos quieren soplar una comuna nos la van a soplar. Pero está bueno que sea así.

Detrás de todas estas preguntas está el debate por la identidad de la UCR. Algunos dirigentes buscan construir una “centroderecha moderada” mediante una alianza con el PRO, otros se reconocen como centroizquierda y acuerdan con algunas políticas del gobierno nacional… ¿Cuál es la identidad del radicalismo hoy? ¿Qué banderas debe defender antes de sentarse a negociar alianzas?
Lo definiría desde categorías que no están tan asociadas a lo que piensa la gente. La identidad del radicalismo son los valores. La tarea hoy es la recuperación de la educación y el trabajo, verdadera puerta de acceso al ascenso social. No quiero que me vengan a plantear si tenemos que ser centroizquierda, centro-forward o defensor.

¿Cree que alcanzará con eso?
Es difícil. No es algo marketinero, algo que diría un De Narváez, que tiene la plata y buenos publicistas. Cuando fui candidato a intendente, los asesores me decían: “mire que esto no es lo que le pasa a la gente en la cabeza”. (Piensa) No sé si con esto nos va a alcanzar, pero voy a morir con las botas puestas.

Entrevista a José María Poirier

“Francisco plantea un regreso al origen y la ruptura de toda hipocresía”
El director de la revista Criterio analiza las primeras semanas de Mario Jorge Bergoglio como conductor de la Iglesia Católica.

por Federico Poore
Debate, abril 2013

Dirige una de las publicaciones periódicas más regulares y constantes de la historia nacional, referencia ineludible para el universo católico argentino. Tal vez por ello, y por haber conocido tan bien a Jorge Bergoglio antes de su nombramiento como Francisco, la elección del nuevo papa lo ha convertido en hombre de consulta, ahora que la Iglesia parece destinada a retomar un rol político central.
José María Poirier recibe a Debate en la redacción de su revista y analiza los motivos detrás de la designación. ¿Se viene un catolicismo más abierto? ¿Cambiará la relación entre Iglesia y Estado en la Argentina? “Desconfío de este protagonismo”, anticipa.

¿Cómo recibió la noticia?
Fue una gran sorpresa. No estaba entre los pronósticos de ninguno de los vaticanistas buenos que uno conoce. Primero, la edad parecía condicionarlo: Ratzinger se retiró por motivos de edad y falta de fuerzas, por lo que uno podía suponer que iban a pensar en alguien bastante más joven. Y si bien muchos deseábamos que hubiera papas no europeos, el europeísmo de la Iglesia católica todavía parecía fuerte, contaba con algunas figuras. Claro que otros pensaban, como de hecho después sucedió, que ante un empate técnico entre las dos posturas propuestas en el colegio cardenalicio podría pasarse a un tercero en discordia.

¿Qué cree que se habló en el cónclave?
Todo indica que quedaron enfrentadas dos posiciones. Por un lado, el arzobispo de San Pablo, Odilo Scherer, que como había cumplido algunos años en la Curia Romana, daba la seguridad de que no habría reformas demasiado drásticas. Por el otro, el arzobispo de Milán, el cardenal Angelo Scola, que proponía cambios en la Curia pero que a la vez estaba vinculado a movimientos como Comunión y Liberación, algo que podía suscitar cierto recelo. Evidentemente hubo una especie de empate y se tuvo que buscar una posición que diera garantías a todos. Eso es lo que obtuvo extraordinariamente Francisco, con más de 90 votos sobre 115, algo difícil para un papa.

¿Qué señal quiere dar el Vaticano con Francisco?
Lo que se estaba buscando era una conducción que implementara los grandes cambios previstos por Benedicto XVI: una reforma radical de la curia, tolerancia cero a los abusos sexuales y una solución urgente de los temas financieros del Vaticano. Todo indicaría que Mario Bergoglio, un moderado en el campo de la doctrina y de la teología moral, va a buscar el saneamiento de la Iglesia por medio de la austeridad y la disciplina. Es una persona convencida de que la Iglesia no tendrá una voz significativa si no da testimonio de que vive el mensaje que propone.

¿Cómo evalúa sus primeras semanas al frente de la Iglesia?
Cuando apareció en el balcón mostró una prestancia, una seguridad y una serenidad muy marcadas. Además, exhibió un tono de voz que pocas veces se le ha escuchado en Buenos Aires, donde se destacaba por ser un hombre serio, callado, hasta diría preocupado. Este primer encuentro marcó el ánimo con el que fue percibido, ganándose todas las simpatías al presentarse como obispo de Roma, hablando de esa hermosa ciudad y ejerciendo sus dotes como comunicador. Después tuvo gestos: apareció lo más despojado posible y pidió que recen por él, casi como solicitando la bendición antes de poder impartirla. Me impresionó su sonrisa. Dos periodistas ingleses que lo vieron saludar levantando ligeramente una mano y no las dos -como hacen los líderes políticos o religiosos- dijeron: saluda a la grey católica como la reina Isabel a su pueblo. No tiene que ganarse a nadie: él ya es.

¿Qué pasará con el escándalo por las intrigas y supuestos casos de corrupción denunciados en los “Vatileaks”?
Diferenciaría entre el informe que Benedicto XVI encarga a tres cardenales -que ya debe haber leído Bergoglio, pero del que no sabemos prácticamente nada- y el Vatileaks propiamente dicho. Leí el libro del periodista Gianluigi Nuzzi con la pasión con que uno puede leer una novela de Agatha Christie, pero no encontré nada que no se supiera o se sospechara. El análisis que hago es el siguiente: no me parece mal que haya distintas tendencias o denuncias de cosas mal llevadas adelante, como ciertos nombramientos o la administración económica. La gravedad del Vatileaks es la falta de profesionalismo y fidelidad de un colaborador inmediato -Paolo Gabriele- que, creyendo probablemente que estaba haciendo un bien, termina no cumpliendo con sus funciones elementales. Ha habido una visión ingenua, poco inteligente, de creer que se ayuda al Papa haciendo públicas estas desavenencias. Pero esto rompe la intimidad de las relaciones: si tenés que escribir un mail y sabés que se va a hacer público, finalmente terminás bloqueando la comunicación. Paradójicamente, lo que logró el Vatileaks fue menos transparencia. Esto a Ratzinger le dolió, pero no es el tema de fondo: no renunció por el Vatileaks.

Si tuviese que señalar diferencias entre Benedicto XVI y Francisco. ¿Cuáles serían?
Una diferencia a favor de Ratzinger es su formación. Ratzinger es un intelectual, un gran teólogo. Bergoglio no: es un hombre de varias lecturas, sobre todo en su juventud, pero está más interesado en lo pastoral y en lo político. A favor de Francisco podemos decir que es un hombre de gobierno, y que ha demostrado una enorme empatía en la comunicación de masas, dos cosas que no tuvo Ratzinger. Pero sospecho que la historia lo va a recordar con enorme aprecio, porque su renuncia es un cambio enorme en la historia de la Iglesia. Plantea otra concepción del papado. Los gestos multitudinarios, los encuentros con los jóvenes, los viajes por el mundo… son importantes, pero también son anécdotas que la historia va a olvidar. Nosotros no conoceríamos a Celestino V si no hubiese renunciado, o a Pablo VI si no hubiera conducido el Concilio. Calculo que no quedarán escritos de Bergoglio. Probablemente deje una gran reforma en la veta de las reformas religiosas: una vuelta al origen, y la ruptura de toda hipocresía. En la medida de lo posible, claro.

¿Hasta qué punto estas reformas suponen “cambiar para que nada cambie”, un lavado de imagen de la Iglesia para conservar su poder? ¿Es posible que este gesto aperturista pueda salírsele de control a Francisco?
Todo puede pasar. Una vez le preguntaron al filósofo católico francés Jean Guitton si prefería un interlocutor progresista o uno tradicionalista. Él contestó que los prefería inteligentes (risas). En esta coyuntura, poco importa si esa reforma lleva a una gran apertura o a una moderada: si se da en términos de santidad, es un bien; si es cosmética, no sirve. Lo importante es que la Iglesia intente purificar su autenticidad.

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EL PLANO NACIONAL
¿Cuáles fueron los principales puntos de discordia entre el kirchnerismo y Bergoglio a lo largo de esta última década?
Al kirchnerismo nunca le gustó que Bergoglio observara en un Tedeum ciertas cosas. Sobre todo la crispación, la ruptura de la convivencia armónica. Son dos concepciones de la política: Bergoglio cree que el poder es servicio, mientras que Cristina Kirchner, así como Néstor en su momento, lo concibe como acumulación y permanencia.

Una de las acusaciones del kirchnerismo a Bergoglio es que desde un principio se colocó en un lugar de oposición política. Incluso, aceitando sus contactos con líderes opositores.
Puede ser. Una cosa es observable: Bergoglio es un animal político. Ahora bien, hay que evaluar en qué medida en este enfrentamiento, el que provocaba el hostigamiento era el Gobierno, y hasta qué punto el Gobierno sentía que quien lo generaba era Bergoglio. Pero así como Bergoglio recibió a muchos líderes de la oposición, también lo hizo con muchos oficialistas. Lo que sí hubo fue una clara percepción de su inteligencia política. Y en eso no se equivocaron.

La elección de José María Arancedo al frente de la Conferencia Episcopal en 2011 parece haber mejorado las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia...
Arancedo piensa exactamente lo mismo que Bergoglio, pero lo expresa de manera completamente distinta. Bergoglio es tajante. Arancedo es un conciliador.

Sin embargo, pocos estaban preparados para este crecimiento del rol de la Iglesia, y con ella el de Arancedo, en el mapa político.
Efectivamente, ya ocurrió un cambio en las relaciones entre Iglesia y gobierno. Como Francisco, Bergoglio no va a intervenir directamente en la política argentina, pero habrá señales muy fuertes. No olvidemos que como Papa va a nombrar a los nuevos obispos y va a aceptar -o no- la renuncia de quienes hayan cumplido 75 años... Por otra parte, uno de los gestos que logró es su reconciliación con la Presidenta y con los líderes de Derechos Humanos, desde Pérez Esquivel hasta Hebe de Bonafini.

En los últimos años, la Iglesia católica ocupó un lugar relativamente menor en las discusiones sobre nuevos derechos sociales en nuestro país. ¿La elección de Francisco implicará un mayor peso de la institución como actor político?
Es indudable el impacto a nivel local, pero desconfío de este protagonismo. Esto se tiene que sustentar en el tiempo. ¿Qué queda, por ejemplo, de una personalidad tan carismática como Juan Pablo II? Se han llenado plazas, ¿y después qué? Claudio Magris escribió una vez en el Corriere della Sera que Juan Pablo “llena plazas pero vacía iglesias”. Bergoglio optó por otro camino: su acción pastoral fue directa, personalizada, se mantiene en el tiempo. Francisco no cree en las sorpresas.

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BERGOGLIO Y EL GOBIERNO
¿Cómo observa la reacción del gobierno nacional tras la designación de Francisco?
Creo que el Gobierno se dio cuenta demasiado tarde de que había elegido mal a su enemigo. Justo cuando creían que ya no existía Bergoglio -se había hecho preparar una habitación en el hogar sacerdotal de Flores para cuidar a los curas viejos- se convierte en Papa. Los reflejos llegaron, aunque no en el primer round, y entonces los mismos que decían una cosa hoy dicen otra. A él no le preocupó demasiado, porque es un jesuita acostumbrado a los enfrentamientos. Manuel Gálvez decía que Yrigoyen parecía aumentar su fuerza en su silencio e introspección, y algo de eso puede aplicarse a Bergoglio, un hombre acostumbrado a rumiar en silencio.

¿Cuál es su mirada sobre el rol que cumplió durante la última dictadura?
Pérez Esquivel lo dijo mucho mejor que yo: descontextualizar es equivocarse. La posición de Bergoglio durante la dictadura me parece inobjetable. Uno podría echarle en cara que no hizo todo lo que hubiera podido hacer. ¿Y quién lo hizo? Creo que hizo muy buena parte de lo que podría haber hecho, con todas las limitaciones del caso. Porque si vamos a hacer ese análisis, hay que hacerlo con seriedad. Podemos decir: “no fue un héroe”. ¿Entonces lo queríamos muerto como Angelelli, perseguido como Zazpe, cercenado como Novak? Hubo casos de complicidad, personas que vieron en la dictadura algo saludable para el país, pero son conocidos. Lo que existió fue una muy grave falla -luego reconocida por el Episcopado- de no hacer públicas estas denuncias. En ese aspecto, la Iglesia argentina no tuvo la valentía suficiente como sí ocurrió en Brasil o en Chile.

El periodismo atrincherado que viene


Tiempo de polarización de medios y periodistas. La discusión por la ley de comunicación disparó, hace ya cinco años, dos modelos que se ven reflejados en la educación universitaria. De un lado, el marco “profesionalista” que, para quienes lo cuestionan, carece de la densidad que requiere el oficio y simula objetividad. Del otro, el perfil “crítico”, que para sus detractores aporta dosis intolerables de militancia. No cuesta imaginar en qué universidades tiene más rating un modelo u otro, aunque a la hora de indagar un poco más, esas categorías estén lejos de explicarlo todo.

por Federico Poore
Ambito Financiero, 26-04-2013

"Una cosa a la que hemos aspirado siempre es a que las Ciencias Sociales le den al estudiante una conciencia crítica. Es decir, que le hagan ver que trabajar en un periódico no es simplemente escribir bien, sino que por allí pasan intereses contradictorios, y que tienen que tomar una posición". La sentencia corresponde al investigador colombiano Jesús Martín-Barbero, uno de los intelectuales más destacados en el campo de los estudios culturales latinoamericanos, que a fines de la década de los noventa -cuando las Ciencias de la Comunicación eran un boom entre el estudiantado argentino- analizó la formación académica de los futuros periodistas y propuso pensar para qué tipo de medios están pensados. La pregunta que debemos hacernos, dice Martín-Barbero, es la siguiente: "¿Cómo estamos produciendo un mayor número de sujetos sociales con capacidad de intervenir en aquellos ámbitos en los cuales se juegan decisiones que afectan a la colectividad, y no sólo a quienes las toman?".

Este tema es uno de los debates olvidados, pero ciertamente necesarios, que oculta la discusión en torno al rol del periodismo. ¿Para qué medios están pensadas las formaciones polarizadas que hoy reciben los estudiantes de Comunicación y Periodismo?

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A la Universidad Austral se llega en auto o en combi. Queda lejos: su sede Pilar está a unas veinte cuadras del kilómetro 50, una posta del Acceso Norte que desde mediados de los noventa alberga uno de los centros comerciales más grandes de la zona norte del Gran Buenos Aires. Estamos en Derqui, una típica localidad del noroeste del conurbano, que conjuga calles asfaltadas con otras de tierra, algo de pueblo de la Pampa Húmeda con pinceladas de Gran Buenos Aires, countries y barrios de emergencia; una postal, en fin, de la Argentina.

Viernes llega al campus de la Austral una mañana de otoño. Lo primero que llama la atención es la presencia de pick-ups y materiales de construcción: a doscientos metros de la entrada, una decena de operarios trabajan a contra reloj en el nuevo edificio para las carreras de grado, que desde este año acompaña al Hospital Universitario Austral y la IAE Business School en las 96 hectáreas del predio. A lo lejos se divisa el campo de deportes."Gimnasio, tenis o hockey a minutos de rendir un parcial", promete la página web.

"La carrera de Comunicación es muy amplia y permite que los chicos que recién entranno sepan del todo qué van a hacer hasta segundo o tercer año. Es una formación básica y generalista, que permite a los egresados insertarse fácilmente en distintos ámbitos", explica Marita Grillo, decana de la Facultad de Comunicación Social. La carrera dura cuatro años e incluye materias como Introducción al Management, Comunicación en las Organizaciones o Marketing y Gestión de Empresas Informativas. "También les mostramos cómo se hace una crónica o un perfil, pero más que nada enseñamos a gestionar información", agrega Grillo, que admite que el periodismo no es la elección mayoritaria de sus estudiantes ("ronda el nueve o el diez por ciento"). La mayoría se decide por hacer publicidad, comunicación institucional o trabajar en algunas de las empresas que, de tanto en tanto, llegan a Pilar para hacer recruiting.

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Lunes por la tarde, arde el centro de La Plata. Botellas rotas, neumáticos quemados y ruido de bombos son algunas de las postales de las protestas de SUTEBA y UOCRA que dificultan el acceso a la Facultad de Periodismo, un edificio ampliado hace poco al que la comunidad educativa conoce como la "sede Bosque". El vicedecano,Carlos Ciappina, recibe a Viernes al caer la tarde en su oficina del tercer piso. Hay dos cuadros de Eva Perón, amplios espacios vacíos y paredes blancas. Un estilo despojado.

"Nosotros apuntamos a formar comunicadores sociales capaces de desarrollar un análisis crítico sobre el rol de los medios y sobre su propia actividad, en el contexto de un determinado espacio regional y nacional", define Ciappina. Consciente de que algunas de sus palabras remiten a un discurso ya consolidado, el funcionario se apura a aclarar que su mirada no tiene pretensión de homogeneidad. "La política académica no la definen sólo las autoridades o el claustro docente: debido al propio formato de la universidad pública, acá hay que escuchar a los alumnos, que votan y deciden. Hay un amplio espectro ideológico", asegura.

La Facultad de Periodismo funciona como tal desde 1994, pero su historia se remonta a la década del treinta, cuando abrió sus puertas como Escuela Argentina de Periodismo, primero, y Escuela Superior de Periodismo, después. Fue el primer espacio universitario del rubro en América Latina. Su fuerte es el análisis del discurso y la investigación sobre medios gráficos y audiovisuales, explica Ciappina, que relativiza la salida periodística para los 350 graduados que la facultad produce cada año. "Los grandes medios tienen acotada la posibilidad de inclusión, por lo que priorizamos la inserción en los medios locales o en los municipios. En ese sentido, vemos un ingreso laboral más inmediato en el interior de la provincia", dice.

Dado que las pasantías con medios locales -como el diario Diagonales, del Grupo Veintitrés- son contadas; las apuestas más recientes pasan por el programa de becas y la revista Maíz, que la UNLP presentó en marzo de este año. En su primer número, los creadores de la publicación se declaran "insoportablemente fanáticos de los banderines mexicanos, la feijoada, el anticopyright, el humo de la despenalización, Riquelme y las mujeres que reclaman el derecho de decidir sobre sus cuerpos".

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La cuota mensual de la carrera en la Universidad Austral es de 3.570 pesos. A ello hay que sumarle el costo de ir hasta allá en auto o los120 pesos diariostransfer que los lleva desde y hacia Capital (paradas: Belgrano y Microcentro). Unos seis mil pesos por mes, sin contar los almuerzos. La cursada arranca a las 9 y se extiende hasta el mediodía. Hay un receso para almorzar y luego noventa minutos de lo que la Austral llama "vida universitaria", "un espacio transversal a todas las carreras para que se integren según el modelo americano de vida en el campus", relata Teresa Bosch, coordinadora de grado de la Facultad de Comunicación.

Los alumnos cursan entre cinco y seis materias por cuatrimestre. En los dos primeros años se cursa teología: un "catecismo profundizado", según Bosch, que no tiene problema en reconocer los "fuertes vínculos" entre la universidad y el Opus Dei. De lunes a viernes se celebra misa.

Carla Caponi, egresada de la primera camada de la Austral, tiene una mirada desencantada sobre la carrera, a la que entiende como "copiada del modelo de España", al menos en sus inicios. "Comunicación es la típica carrera que atrae a un grupo grande de gente que no sabe qué hacer y siempre hay un perfil del tilingo que estudia eso", sostiene. Caponi se recibió a mediados de los noventa. "Nos dieron el título el 7 de junio de 1996, el Día del Periodista. Para entonces, casi todos habíamos conseguido laburo en empresas, más que en medios. No teníamos mayor preparación que la de poder escribir una notita tipo TEA", recuerda. De su curso, sólo cuatro compañeras estuvieron trabajando en una revista de modas, mientras un par fueron a parar a La Nación. Caponi hizo su pasantía en Telecom.

Para Grillo, la impronta periodística fue mermando en función del propio mercado, que busca comunicólogos para hacertrabajar en una consultora. Sin embargo, admite que "a veces los chicos se van para ese lado porque no les queda otra opción". Hay situaciones intermedias, como aquel grupo que fue contratado para hacer subtítulos en TN. "Saben que los egresados de acá son 'todoterreno'. Nos gusta ser un espacio neutral", dice Bosch.

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De acuerdo con los registros, la Facultad de Periodismo de la UNLP cuenta con 5.500 alumnos regulares. No obstante, aquel lunes por la tarde no se observaban grandes multitudes de estudiantes circulando por los pasillos. La sede es agradable -queda a metros del Paseo del Bosque, el mayor parque de la ciudad- y por momentos la tan mentada militancia universitaria, que se hizo notar en días recientes tras la feroz inundación que afectó a La Plata, parece más declarada que real en un día normal. En el hall de la planta baja, un afiche del autodenominado Movimiento Lumpen pide "evitar discutir 'desde las bibliotecas' o 'al pedo'" y llama a conseguir su publicación Ser Lumpen Hoy.

Valeria Leiva terminó de cursar en 2005 y está conforme con la carrera. "Los docentes tienen un muy buen nivel y en aquel momento nunca noté una bajada de línea", dice sobre el ambiente a principios de la década pasada. Pero los comentarios que le llegan de las nuevas camadas no son muy favorables a la conducción que Florencia Saintout -decana desde 2007- le imprimió a la casa de altos estudios. "Está alineada con el Gobierno, algo bastante contradictorio si tenemos en cuenta que en la facultad siempre se pregonó el espíritu crítico". "El nivel académico de la facultad es cada vez peor. Los planes de estudio a veces ni se siguen y de a poco los van llevando para el lado del kirchnerismo", denuncia Martín Madroñal, estudiante de 29 años y militante de Franja Morada. El dominio de las agrupaciones oficialistas es absoluto: además de La Rodolfo Walsh, ganadora de las últimas elecciones para centro de estudiante, otras agrupaciones como El Movimiento y Comunicadores para Latinoamérica se declaran "nacionales y populares". La izquierda, representada en la lista Estudiantes en Lucha, sólo se presentó en las elecciones a claustro. Salió segunda.

Un año atrás, la facultad inauguró un edificio al que bautizó Presidente Néstor Kirchner, que días atrás funcionó como centro de solidaridad con los inundados. El acto, marcado por el escándalo, incluyó protestas y hasta una guerra de pintura. El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, presente en la inauguración, dijo que el episodio era "una maravillosa muestra de coraje". "Los medios concentrados iban a indignarse porque le pusimos ese nombre a una universidad pública", sostuvo. También fueron motivo de polémica los premios Rodolfo Walsh propuestos por la comisión directiva de la UNLP. Con el correr de los años dejaron de destacar a Joaquín Morales Solá y comenzaron a celebrar el impulso a la "comunicación popular" propugnada por figuras como Hugo Chávez y Rafael Correa.

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En tanto, en la Universidad Austral varios proyectos de investigación están interrumpidos. El CECAP (Centro de Comunicación Aplicada) destaca el trabajo que hicieron para las fundaciones La Nación y Noble, entre 2008 y 2009, cuando analizaron "la temática social" en los medios, y un estudio posterior sobre la comunicación interna en el Conicet. Otra iniciativa fue el Observatorio de la Televisión, que analizaba "la calidad de las expresiones audiovisuales" en el primetime de los cinco canales de aire de Buenos Aires. La metodología era, al menos, dudosa.El centro le daba un puntaje a cada programa por categorías como "escenografía y decorados", "tratamiento del sonido", "adecuación a la realidad" y -la más sospechosa- "valores/disvalores". Fue discontinuado en 2011. "Cuesta mantener una continuidad cuando no tenés el suficiente fondeo; por eso el año pasado los estudiantes estuvieron entregando otros productos", dice Grillo.

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Pero, ¿para qué sirven las facultades de Comunicación? Hinde Pomeraniec, ex prosecretaria de redacción de la sección El Mundo en Clarín, cree que existe una confusión entre dos potenciales salidas laborales. "Una cosa es escribir en un diario y otra es estudiar para hacer análisis de medios, como hace (la panelista de "678") Mariana Moyano. Lo que La Plata está formando son cuadros, no profesionales", se lamenta. Sin embargo, Pomeraniec distingue entre la UNLP y la Universidad de Buenos Aires, "más independiente de la gestión y con otro perfil público".

Guido Braslavsky, profesor del taller de periodismo de la carrera de Comunicación de la UBA y cronista de Clarín desde 1997, se inscribe en esa línea. "Las universidades brindan una formación ideológica que va más allá de la mera práctica. En ese sentido, el 'periodismo militante' que alientan algunas facultades es una de las grandes vergüenzas de la profesión", dispara. También revela su estrategia frente a las nuevas camadas de futuros cronistas. "Como docente soy muy crítico con respecto a esta idea que hay dentro de la UBA respecto de los medios masivos. Yo quiero alumnos que salgan de la facultad y se sientan parte de esos medios, no que los critiquen desde afuera", dice. La UBA tiene otros problemas (por caso, su plan de estudios data de la década del ochenta), pero las fuentes consultadas coinciden en destacar la mayor autonomía relativa de esta casa de altos estudios, que en 2011 contaba con más de 15 mil estudiantes.

Desde el decanato de la Austral, Grillo encuentra otro problema: "A los chicos de periodismo les gustaría trabajar de lo que les gusta, pero cuesta. Tal vez no estemos consiguiendo tantas pasantías como quisiéramos, pero esta dificultad nace de la situación que están viviendo los medios". Fernando Ruiz, profesor de la materia Periodismo y Democracia en la Austral, cree que la mayor parte de sus estudiantes terminarán en publicidad, marketing o en una ONG. Sin embargo, dice, está bien que sea así, y argumenta su postura con un tiro por elevación a los terciarios. "No somos aquellas escuelas que sacan cien periodistas por año y que el mercado después no puede absorber", sostiene, mientras el comedor del campus de Pilar se llena de adolescentes. Sin embargo, los editores de los principales diarios nacionales tienen otra teoría.

Para sus pasantías en las secciones Política, Sociedad e Internacionales, Página/12 elige desde hace varios años entre estudiantes avanzados de la UBA (también trajo, durante un tiempo, a estudiantes de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora). El diario Clarín, que tiene su propio Máster de Periodismo junto a la Universidad de San Andrés, se lleva pocos egresados de la UDESA a su redacción (a quienes luego les paga, como pasantes, sueldos inferiores a lo que sale la cuota mensual del máster). Muchas de las incorporaciones de los últimos años, paradójicamente, provienen de la UBA o de la propia Universidad de La Plata.

Un editor de un diario insospechado de kirchnerista que hace tiempo está encargado de tomar pasantes o redactores define: "Lo que me interesa es un periodista crítico, que comprenda preocupaciones sociales, que vea venir la noticia. Debo decir que ello lo encuentro en las universidades públicas más que en las privadas. Lo digo sin preconceptos. Entre un ingresante politizado y uno que no está enterado de lo que pasa, prefiero al primero. Eso sí, fanáticos, abstenerse".

Alejandro Kaufman, docente y ex director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, cree que el tema con los institutos privados de periodismo es que arman su oferta en torno a cuestiones prácticas, "algo que puede aprenderse rápidamente en una redacción". "La diferencia entre aquello y las universidades públicas es la profundidad conceptual, académica, que es, al fin de cuentas, lo que vale la pena obtener en la universidad". Kaufman va más allá de las propuestas de TEA, ETER o cualquier otro instituto dedicado a formar "cronistas prácticos" para el mercado y extiende su hipótesis a las carreras de las universidades privadas de Comunicación Social, como la Austral o San Andrés. "Y no es una cuestión de antigüedad, porque la carrera de Comunicación en la UBA también es relativamente nueva: es el espacio político y simbólico que permite formar alumnos de determinada manera. La UBA tiene un pluralismo que ninguna otra universidad puede reproducir, desde Alejandro Alfie hasta Eduardo Aliverti, pasando por gente de La Nación o Clarín. Otras universidades no pueden competir con este humus, esta sedimentación de capas de sentido".

Decía Jesús Martín-Barbero: "Yo no puedo formar a un periodista neutro que sabe muy bien escribir un lead, que sabe responder a las viejas prácticas periodísticas. Aquí también necesitamos de los otros: de profesionales que tengan un mínimo de herramientas para poder ubicarse en esta sociedad y, que sin ser maniqueos, sepan realmente que hay intereses colectivos e intereses privados, que hay intereses en la guerra y hay intereses en la paz". Con la guerra, Martín-Barbero se refería a la delicada situación política de Colombia, pero la metáfora bien vale para el actual enfrentamiento entre el Gobierno nacional y los medios privados. Frente a este escenario, los editores parecen seguir apostando a las herramientas críticas que observan en los egresados de las universidades públicas.

@fedebillie