Entrevista a Fabián Bosoer

'La amenaza de la traición siempre está presente'

Alberto Teisaire nació en el seno de una familia tradicional mendocina en 1891. Luego de una carrera exitosa en la Marina, fue elegido senador por el Partido Laborista y más tarde vicepresidente de Juan Domingo Perón. Cuando la Revolución Libertadora derrocó a Perón, los militares en el poder se encontraron con un Teisaire dispuesto a culpar al líder depuesto de los principales problemas del país, en un giro auténtico de la política argentina.Viernes entrevistó al autor de "Detrás de Perón - Historia y leyenda del almirante Teisaire", Fabián Bosoer, en las oficinas de la editorial Capital Intelectual.

por Federico Poore
Ámbito Financiero, 14-02-2014

¿Por qué un libro sobre el almirante Teisaire?
Fabián Bosoer: Teisaire fue el personaje exacto en el momento indicado. A través de su figura se pueden develar trastiendas de la historia del peronismo y de la política nacional que estuvieron desatendidas o que no suelen llamar la atención en los relatos historiográficos más clásicos. Su figura desafía los registros canónicos de héroes y villanos, interpelando la consistencia de las líneas divisorias clásicas entre peronistas y antiperonistas, campo popular versus sectores oligárquicos, nacionalismo o liberalismo... La figura de Teisaire no encaja en esos registros, y eso explica tal vez en parte por qué fue olvidado o sepultado en los anales de la historia.

Llama la atención todo lo que sucede en un año clave como 1935, cuando Teisaire conoce a los principales líderes políticos de la época, desde Roosevelt a Hitler. ¿Cómo es que llega ahí?
Hijo de un periodista y político mendocino, corresponsal de La Nación en Mendoza, un joven Alberto va a Buenos Aires a meterse en la carrera naval. A través de él, uno entiende lo que era la Marina de Guerra a principios del siglo XX: la inserción en el mundo de nuestro modelo agroexportador, de la generación del ochenta, suponía al mismo tiempo la construcción de una gran Armada. En ese marco salían al mundo. Al mismo tiempo, fronteras adentro, la relación entre militares y civiles estaba atravesada por la tensión entre liberalización y un modelo oligárquico-conservador. Teisaire es una figura que atraviesa esas divisorias. En 1935, como capitán de la Fragata Sarmiento, encabeza un viaje iniciático, divisoria de aguas entre un mundo que se terminaba y otro que emergía, que le va a permitir a este hombre -el primer submarinista argentino- encontrarse con (Franklin Delano) Roosevelt en Washington un 25 de Mayo, por lo cual ese encuentro tiene un carácter fastuoso y Teisaire es recibido como un hombre de Estado de un país importante. En ese viaje asiste en la Paramount a la avant première de Tango Bar y descubre a Gardel meses antes de su muerte. Luego cruza el océano, se encuentra con el príncipe de Gales y con Adolf Hitler, que lo recibe en Hamburgo. De Lisboa a Buenos Aires vuelve al frente de la fragata trayendo los restos de John Thomond O'Brien, un general que luchó junto a San Martín. Con lo cual regresa como un hombre de expectable futuro político.

Mucho se ha escrito sobre las supuestas simpatías fascistas de Perón. ¿Hasta dónde llegaban en su caso?
Sabemos que el Ejército tiene influencia prusiana, alemana, pero el modelo de la Marina tenía una fuerte influencia británica. Teisaire era un hombre de formación liberal-conservadora. No tenía ninguna simpatía por las dictaduras fascistas, pero al mismo tiempo observaba con recelo los vientos de revolución social que recorrían el mundo. Teisaire va a ser el primer alto oficial al que Perón va a mirar en la Marina. Era un socio apropiado en el seno del GOU (Grupo de Oficiales Unidos), ya que ambos se mostraban como una alternativa tanto a los proaliados como a quienes tenían simpatías germanófilas.

Con respecto a su rol en el Senado, usted señala que Teisaire fue un hombre manipulador e implacable. ¿Podemos decir que fue una especie de operador político?
Ciertamente. En el Senado cumplió el rol de armador, un operador político sigiloso y hábil. Funcionó también como un amortiguador entre Perón y los dirigentes que tienen que organizar las bases y a la vez morigerar sus expectativas de liderazgo. Tras ser designado presidente del Senado, Teisaire va a ser el principal aliado de confianza de Perón. Además iba a ser el tercero en la línea de sucesión: de hecho, cuando (Juan Hortensio) Quijano se enferma, él pasa a ser vicepresidente en ejercicio. En 1954 ganaría la única elección a vicepresidente de la historia argentina, un rara avis en la política argentina.

Cuénteme sobre la misión reservada que Teisaire hace ante el Foreign Office para comprar las islas Malvinas.
Perón le encarga una misión secreta: negociar con el Foreign Office la compra de las islas. Eso también da cuenta la relevancia de la Argentina para prefigurar algo que hoy suena a delirio pero que en esa época fue rechazado no por ser un delirio sino porque era inconveniente en términos políticos.

El eje del libro es la traición.
Es que allí tiene su participación más resonante en la historia argentina, el momento en el que se produce el gran bochorno. Cuando cae Perón, Teisaire había renunciado a la presidencia del partido, pero seguía siendo vicepresidente. Durante los días de septiembre del 55 desaparece de escena. Se presenta dos semanas después en Casa de Gobierno ante (Isaac) Rojas y (Eduardo) Lonardi y expone durante media hora un documento en el que se arrepiente públicamente y acusa a Perón de haber sido el responsable de todos los males del país. El arrepentimiento público a este nivel es el último caso de estas características en la historia argentina. Después de decir todo esto, queda detenido en la isla Martín García, se le organiza una comisión investigadora, permanece dos años preso, es indultado por (Arturo) Frondizi y su participación en la historia se desdibuja, termina siendo un misterio. La pregunta es: ¿por qué Teisaire se da vuelta?

¿Es realmente plausible su argumento de que estaba atrapado en el peronismo y no podía hacer nada más que obedecer a Perón?
Hay varias hipótesis. Una decía que él no podía ver todo esto porque estaba atrapado por esta estructura de poder. La otra es la del cálculo político o la crisis psicológica de un alto dirigente de un espacio cuyo líder efectivamente se había ido. La lealtad a Perón era un signo de interrogación. Perón se había exiliado en Paraguay, recibido por (el dictador paraguayo Alfredo) Stroessner: estaba lejos de ser el líder revolucionario que muchos hubieran querido defender. Acaso Teisaire se observaba a sí mismo como un posible sucesor de Perón. Todas son hipótesis plausibles.

Al final del libro, marca una serie de comparaciones con otros vicepresidentes, desde Carlos Chacho Álvarez hasta Julio Cobos. ¿Cree que la magnitud de la traición de Teisaire supera a estos ejemplos recientes?

La relación de los presidentes y los vicepresidentes ya era problemática en el siglo XIX. Los vicepresidentes siempre tienen este estigma de que están detrás de escena, de que van a ocupar la figura del presidente cuando está enfermo o terminar traicionándolo. Desde un punto de vista más político-institucional, no sé si la magnitud de la traición es mayor en un caso o en otro. Lo que sí encuentro es un patrón de comportamiento donde la lealtad ocupa el lugar de la confianza. La lealtad en la historia del peronismo es un valor militar que se traslada a la política: cualquier acto de desobediencia es considerado una traición y se paga con la exclusión y el castigo. Luego esto se expande a toda la política argentina: la lealtad supone una visión de la política en la cual lo que hay es, básicamente, desconfianza entre los actores políticos, y la manera de articular poder es construir lealtades que anidan en su interior una traición potencial. El factor de la traición está latente todo el tiempo.



BIO
Fecha de nacimiento: 18 de diciembre de 1962.
Educación: licenciado en Ciencias Políticas (Universidad del Salvador), Master en Relaciones Internacionales (FLACSO).
Trabajo: periodista en Clarín hace más de veinte años.
Rutina periodística: ediciones impresas de Clarín, La Nación y Página/12. ("Pero trato de leer todos los diarios en la web".)